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Toda obra maestra encierra la personalidad de un artista. Elmer Bernstein, compositor clásico, autor de Los siete magníficos, Los diez mandamientos o Lejos del cielo, logró una de las partituras más prodigiosas del cine con Matar a un ruiseñor. Que no se llevara el Oscar fue simplemente una desafortunada coincidencia de genialidades.

'Matar a un ruiseñor'Últimamente algunos lectores me han comentado a título personal por qué mis reseñas mantienen una calificación un tanto baja cuando el comentario es positivo. Indistintamente de si me ha gustado mucho o poco entiendo que hay ciertas partituras, cada vez más lejanas en el tiempo, cuya maestría está fuera del alcance de los compositores actuales. Este blog nació con la vocación de dar cuenta de la actualidad musical del cine pero también de la del pasado. Reseñas aparte, los grandes señores de la música de cine merecen frecuentemente un sentido homenaje desde ésta y otras iniciativas pues el legado que nos han regalado es impagable.

Ocasionalmente, el cine da a luz a un superdotado de la música que entiende la personalidad del cine como pocos. Muchos nombres me vienen a la cabeza: Miklos Rozsa, Alex North, Alfred Newman, John Williams, Dimitri Tiomkin, Jerry Goldsmith y Elmer Berstein.  Un ejemplo musical de aquella época dorada es Matar a un ruiseñor.

Con la Gran depresión como telón de fondo, la película de 1962 cuenta la historia de un viudo, que fiel a sus principios decide defender la causa de un afroamericano acusado de violar a una blanca. Hábilmente la película va trazando una intrigante trama de relaciones humanas y principios cruzados conviertiéndola probablemente en una de las mejores cintas de estrados. Odio, ternura, lealtad y moral se diluyen en una película para la que curiosamente el compositor Elmer Bernstein tuvo que luchar tras haber sido medio apartado del cine por sus manierismos izquierdistas en la década McCarthy.

Para componer Matar a un ruiseñor, Bernstein optó por jugar un papel dentro de la propia estructura de la película. A la partitura, le imprega un barniz orquestal punteado por pequeñas piezas de minimalismo instrumental para evocar la vida de una ciudad sureña americana. Bernstein asume la emoción del filme y la transfiere musicalmente a los ojos del niño protagonista forzando al espectador a seguir el mismo tono. La nostalgia es absorbida, por tanto, en cortes amables como ‘Roll in the Tyre’ mientras que a medida que la trama se enegrece, la música muta de instrumentos a la par que cambia la perspectiva del crío. Opulenta y sigilosa, la partitura va purificando la historia, soportando el peso de contar sin palabras lo que sienten los personajes mientras son las imágenes las que relatan las acciones.

La composición se abre con uno de los temas más exquisitos del cine. Una secuencia en blanco y negro, en la que planos en movimiento muestran objetos que son testigos de la relevancia dramática del filme que acaba de comenzar. De fondo, Bernstein, articula una emotiva canción, los ‘Main Titles’, que dota de un mensaje escondido al espectador. Así como en una película, el compositor despliega un abanico de armonías a las cuales asocia unos determinados instrumentos protagonistas. En ‘Roll in the Tyre’, el segundo corte, Bernstein se une al juego en pantalla de los niños y segmenta melodías alegres a su antojo. Estos vivaces pasajes empiezan a adquirir un tono inquietante perfectamente contenido en piezas como ‘Jem’s Discovery’. El tema principal va entremezclándose en la negritud a la que va evolucionando la partitura contrastándose toda oposición que un niño ve entre el mundo de los adultos y su melancolía de la infancia. Finalmente, el tema ‘Boo Who?’, excelente canto a la vida, acaba detonando en el maravilloso tema principal amplificado en los ‘End Titles’.

Elmer Bernstein con su Oscar por 'Millie'Scores como éstos son los que a uno le hacen tener muy presente que se nos están escapando los grandes genios de la música de cine (Elmer nos dejó en 2004). Tan buena es que Bernstein grabó tres ediciones: una la de 1962, otra para su recopilatorio en los setenta, y una última en 1996 con material inédito e interpretada por la Real Orquesta de Escocia. Que no ganara el Oscar se debe a uno de sus grandes y admirados amigos, Maurice Jarre. Aquel año desafortunadamente, el músico francés ganaba la estatuilla con Lawrence de Arabia. Irreprochable. Y qué gran año aquel: Maurice Jarre, Elmer Bernstein, Jerry Goldsmith y Franz Waxman.

Elmer Bernstein obtuvo nada más y nada menos que catorce nominaciones al Oscar. Sólo ganó uno, por su instrumentación para Millie, una chica moderna (1967), un musical cuyas magníficas canciones (quién no recuerda aquel ‘Thoroughly Modern Millie’) eran una adaptación de André Previn y Sammy Cahn. El caso es que le cayó un Oscar bastante raro que si no se hubiera llevado la verdad es que la Academia tendría con él un desonhoroso trato. Digo esto porque en el 2002 cuando ya estaba viejito y todavía en activo, compuso la música para Lejos del cielo, tan de su gusto y dulcemente melódica, que obtuvo con ella su última candidatura al Oscar. El hecho de ser la mejor y de provenir de uno de los grandes, no le pareció suficiente a la Academia. Yo en su día pensé que Bernstein se lo llevaría clarísimamente pero Frida, (otro excelente score pero viniendo de una película menos laureada) le supuso el primer Oscar a un joven Elliot Goldenthal. Una amarga despedida como la de Jerry Goldsmith con Mulan. Sin embargo, nosotros, y espero que muchos de vosotros, le sigáis teniendo presente como uno de los siete magníficos de la música de cine.

Os dejo con el tema principal. Degustadlo.

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6notitas
Compositor: Elmer Bernstein
Sello: Varese Sarabande
Año: 1962 (re-edición de 1996)
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