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Suena ‘The raid’
¡El soplón!
Compositor: Marvin Hamlisch
Sello: Silva UK
Duración: 36′ 26”
Lanzamiento: 12 de octubre 2009

3notitas

Uno de los compositores de Hollywood más carismáticos de los setenta, Marvin Hamlisch, ganador de tres Oscar, es recuperado por Steven Soderbergh (no trabajaba desde El amor tiene dos caras en 1996) para poner música a esta escatología oficinística de nombre ¡El soplón!. El resultado es una partitura la mar de entretenida y eficaz aunque no apta para los paladares más clásicos.

¡El soplón! es la última escatología de Steven Soderbergh a quien siempre he considerado un director sin rumbo fijo al que el Oscar le quedaba grande el año que se lo arrancó a mi querido Li’ An. Lo que empieza queriendo ser una comedia con un toque original acaba convirtiéndose en un ejercicio de estilo claustrofóbico que deriva en un lucimiento personal de su protagonista, Matt Damon. Un pestiño con golpes de guión severamente maquinados que me dejaron literalmente noqueado (vamos que me eché una buena cabezadita). El único estímulo para abrir el párpado era ver cómo renacía de su letargo uno de los compositores más aclamados del cine, Marvin Hamlisch.

Antes que nada quisiera remarcar, y es una opinión que comparto con muchos, que la década de los setenta es una mancha muy sucia en la historia de la música de cine. Maravillosas partituras de aquellos años como gran parte de la discografía de John Williams, Jerry Goldsmith o Bernard Hermann fueron ninguneadas en favor de éxitos populares. La preeminencia de temas facilones fuera del ámbito exclusivo de los compositores para cine hace que nazcan los outsiders, músicos de otras ramas de la música (el pop, rock, el jazz) que se apuntan al carro de las películas. Partituras (algunas por llamarles algo) que suenan pero que no se intengran en la imagen y que se basan en un tema repetido hasta la saciedad. La Academia contiene en esta década algunos de sus errores más sangrientos. Recuerdo la victoria de Francis Lai (Love Story) sobre Jerry Goldsmith (Patton) en 1971, Michael Legrand (Verano del 42) en 1972 o la infumable partitura de Giorgio Moroder para El expreso de medianoche en 1978, probablemente el peor Oscar musical de la historia, o Fama de Michael Gore, que como Slumdog Millionaire, ni siquiera existía una partitura a la que se premiaba. Las victorias de Star Wars o La profecía fueron verdaderamente milagros entre tanta tomadura de pelo.

MarvinOscarMarvin Hamlisch se nos queda a la mitad. Es ese compositor que bebe de las influencias modernas (ahora ya antiguas) y que supo conectar con las sensibilidades musicales de su tiempo. Su éxito personal le cosechó doce nominaciones al Oscar en total, de las cuales ocho fueron a la canción original, tres a la partitura y una a la adaptación musical. Se llevó tres Oscar, y todo en un arrase de 1973, a la mejor partitura y canción por Tal cómo éramos y a la mejor adaptación por El golpe. Su indudable filón melódico le sirvió para ganarse los elogios de entonces con partituras como La decisión de Sophie o La espía que me amó. Sin embargo, una mujer ha marcado su carrera y esa no es otra que Barbra Streissand con quien siempre ha formado un inigualable tándem compositor-artista. Su última partitura, El amor tiene dos caras, le reportó su última nominación por la estupenda canción ‘I finally found someone’ y su adiós definitivo al cine.

Por tanto, es raro su resurgimiento y más de la mano de un producto como un pestiño autoral de Steven Soderbergh. La explicación radica en la propia concepción del filme. ¡El soplón! es una película que pese a que se ambienta en los años noventa, sus decorados, manierismos y demás peinados imitan la estética de los setenta. Una decisión marciana que sigo esperando que Soderbergh me explique. Puyas aparte, en este contexto, Hamilsch es una grata elección. Simplemente su cometido se circunscribe a aportar un tono de humor con sus encasillados recursos de hace cuarenta años. Mientras el guión desgrana un perfil del personaje entre oscuro, bizarro y patoso, Hamilsch es el encargado de subrayar sólo la torpeza del protagonista. Su conjunción con las imágenes es refrescante y dentro del esquema planteado parece funcionar. Y digo parece porque personalmente no me acaba de convencer. No pienso que la culpa es del compositor sino de la concepción de todo el tinglado. Una comedia que no es comedia, con primeros planos, decorados austeros, y música rimbombante. Me carga. Y la música de Hamlisch suena quizás demasiado otogándosele un papel preeminente en la película.

Hamlisch dibuja una partitura que podríamos definir como una “broma de retro-jazz“. Pero antes, un aperitivo, el tema central, ‘The informant’, una amable pieza que se abre con un solo de fagot y desemboca en una torrentosa melodía a piano, trompeta y harmónica. Este encomiable tema se puede escuchar versionado en ‘Boxes’ y ‘Triplets’. ‘Meet mark’ es la explosión del cachondeo musical, en el buen sentido se entiende. Una animosa pieza lívidas flautas, clarinete, piano y una percusión sesentera muy orgánica. Divertidísima y además la mar de pegadiza. Literalmente retrocedemos en el tiempo con estas cosas. Sin embargo, la pieza más divertida y desgreñada del compacto es ‘The raid’, una bossa nova interpretada con chiflato y acompañada con flautas y trombón. El ritmo y las argucias instrumentales de Hamlisch son una gozada. ‘Polygraph’ es un topiquísimo pero ameno desahogo tocado con un banjo y ‘Multi-tasking’ es una réplica de trompeta que imita las charranadas musicales de las comedias más alocadas de la televisión. Y no podía faltar el Bond que Hamlisch lleva dentro, ‘Golf’, un tema desenfrenado que nos teletransporta a esas series de superhéroes como Batman que veíamos todos de peques con el Pim y el Paaam. El disco se cierra con la canción ‘Trust me’, con letra de los legendarios y oscarizadísimos Alan y Marylin Bergman, que es la versión con letra de uno de los temas instrumentales a piano con el mismo nombre. Cuidado con esta canción, interpretada por Steve Tyrell, que no me cabe la menor duda de que los académicos no van poder resistirse a nominar al Oscar. Si finalmente la canción de Up, ‘The Spirit of Adventure’ es nominada también, podemos tener una ceremonia de lo más retro.

En conclusión, estamos ante un deleite jazzístico que es preferible escucharse al margen de la película para poder disfrutarlo en su esencia. Es evidente que Hamlisch no se ha roto la cabeza, sus melodías son simples y fáciles, y no ofrece ninguna estructura compleja en la constitución de todo el score. Incluso podemos decir que el músico aborda esta propuesta para cachondearse de toda la música que le rodeó en sus tiempos de gloria. Con todo, es muy refrescante que haya recuperado ciertos instrumentos, sonidos y topiquillos para nuestros oídos, un disco que os divertirá en casa todo lo que no lo hizo la película. Un vicio inconfesable. En cuanto a sus posibilidades de Oscar, todo dependerá del buen hacer de la cinta en la carrera pero a priori el gremio de músicos se va a tragar con patatas este score, y lo veremos nominado al Oscar, la canción también, con alta probabilidad.

LO MEJOR: Su sonido de los años setenta, qué bien que se recupere todo esto.

LO PEOR: Su intrascendencia confesable. No es un score ambicioso y tampoco la propia película le da margen para que lo sea. También se hace cortito y algunas pistas son reiterativas.

EL TEMA:
Pues hay bastantes, y os levantaréis cada día con uno en la cabeza. Yo me he despertado con ‘The raid’ esta mañana pero puede que mañana me acuerde de ‘The informant’, ‘Meet Mark’ o ‘Golf’.

Pistas

1. The informant
2. Meet Mark
3. Car Meeting
4. The Raid
5. Multi-tasking
6. Polygraph
7. Boxes
8. After Car
9. Trust Me (instrumental)
10. Sellout
11. Triplets
12. Golf
13. Trust Me, interpretada por Steve Tyrell
14. The informant (solo a piano)

> CRÍTICA: ¡El soplón! Un ejercicio de estilo divertido a ratos