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Daredevil, la serie, no la película, ya demostró hace un tiempo que de Marvel también pueden salir historias de peso, contadas con mucho trascendentalismo, un tono más adulto y abordando conceptos complejos. Hacerlo y que salga bien no es algo exclusivo de DC. Y eso es lo que es Doctor Extraño, una película tremendamente compleja que ha dado un salgo de vértigo con respecto a otras basadas en cómics de la casa que acoge a los mutantes y vengadores.

Doctor Strange

La diferencia está, principalmente, en ese tono mucho más transcendente y adulto (no existe otra forma de expresarlo), como de querer dejar poso, de ir más allá y hacer pensar al espectador o, al menos, que necesite estar atento. No es que el resto no lo hagan, que lo hacen, al menos algunas, pero Doctor Extraño es distinta. Para empezar, se centra en un solo héroe, lo cual es de agradecer en medio del aluvión de películas de superhéroes pandilleros.

Y, además, se adentra en un mundo enrevesado, con una mitología propia complicada de trasladar a la pantalla. Sin embargo, el director Scott Derrickson encontró la fórmula perfecta para explicarlo y que se entienda sin resultar ni demasiado didáctico ni demasiado denso. No era fácil, pero lo ha conseguido.

Esa mitología tiene que ver con otros mundos (temática muy recurrente en el mundo de los cómics con la que estarán familiarizados sus seguidores) y con la existencia de la magia. El Doctor Extraño y sus iguales –en realidad todos alumnos menos aventajados que él, por supuesto– no tienen superpoderes. Lo que tienen es la habilidad adquirida, tras mucho estudio y práctica, de controlar la magia sin necesidad de varitas. Tiene que ver con chacras, espiritualidad y mucha introspección y meditación. De ahí que el entrenamiento se realice en Katmandú. No hay lugar en la Tierra más espiritual que este.

Doctor Strange

Allí es donde acude Stephen Strange, el protagonista de la historia, después de ser desahuciado por un sinfín de colegas de profesión. Lo de doctor le viene porque es un reputado neurocirujano capaz de hacer lo que sus compañeros no pueden. Hasta que las lesiones sufridas en sus manos en un accidente de tráfico le impiden ejercer. Arrogante, engreído y desesperado acude a Nepal en busca de su última esperanza. Ahí es donde se cruza con The Ancient One, una suerte de maestro de artes marciales que decide adiestrarle.

La película se divide en tres actos muy marcados por la evolución del personaje. El primero es el que presenta a Stephen Strange, la celebridad médica que se ve obligada a renunciar a su vida. La segunda muestra al Stephen derrotado y hundido que se aferra a su última opción descubriendo un mundo de magia y fuerzas ocultas. La tercera gira en torno a ese Doctor Strange que abraza sus habilidades para convertirse en superhéroe. Todos ellos es un Benedict Cumberbatch en estado de gracia, como siempre, que es capaz de combinar la acción con la introspección y el humor (es Marvel y tiene que haber algún chascarrillo) en sus dosis justas.

Doctor Strange

Cumberbatch y su talento al servicio de una película de superhéroes de planteamiento complejo que podría haber sido un auténtico desastre incomprensible y caótico pero que resulta interesante, divertida y espectacular visualmente. En Doctor Extraño hay una puesta en escena realmente maravillosa y atrayente. Esos otros mundos que se reflejan tienes, sobre todo el que llaman ‘espejo’, mucho del Nolan de Origen. Que sus detractores no se asusten, que de nolanismos no hay más que eso. Bueno, quizá un poco el tono, pero sin abusar.

El doctor Strange es Cumberbatch, pero no esta solo, le arropan un reparto con muchos nombres conocidos y de enjundia. Tilda Swinton es su maestra (The Ancient ONE); Mads Mikkelsen, su enemigo (Kaecilius); Chiwetel Ejiofor, su sidekick (Mordo); y Rachel McAdams, su interés romántico (Christine). El estreno, el próximo viernes 28 de octubre.

Fotos: Marvel / Disney