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El cine de superhéroes parece haberse convertido en una suerte de repetición constante de fórmulas e historias que puede acabar explotándoles en la cara a sus responsables, porque la paciencia, hasta de los más fans más fieles, tiene su límite. En los últimos tiempos da la impresión de que una película de un solo protagonista o un solo villano no les vale. Es como si los gerifaltes del género pensasen que la calidad va en función de la cantidad y que cuanto más den por el mismo precio (de la entrada, se entiende) mejor para el espectador. Cantidad en cuanto a personajes, pero también en cuanto a duración. Pues no, señores de Hollywood. Esta fórmula no siempre arroja un resultado positivo.

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Es cierto que en ocasiones, como con la saga de Los Vengadores o la de X-Men, suele salir bien, porque son películas que parten de esa premisa, la de un grupo de superhéroes que unen sus fuerzas contra el mal. Sin embargo, no se puede obviar que siempre en estas aventuras corales existen personajes mejor cuidados o más carismáticos que sobresalen por encima del resto. Léase Iron Man (Robert Downey Jr.) en la primera patrulla y Lobezno (Hugh Jackman) y Magneto (Ian McKellen y Michael Fassbender), en la segunda. La del batiburrillo de superhéroes es una moda reciente en el cine que se suma a la de enfrentarlos entre ellos y hacer que el espíritu ‘nolaniano’ se apodere hasta de los más socarrones.

Que en DC convierten con bastante tino la segunda entrega de El Hombre de Acero en la primera del nuevo Batman enfrentándoles a ambos y lo cuentan todo con mucho simbolismo, existencialismo y trascendentalismo, pues en Marvel hacen lo propio con sus Vengadores, que ahora estrenan Civil War. Una guerra civil la de Marvel que no se sabe ya si es la tercera entrega de la saga de Capitán América, la de Avengers o la cuarta de Iron Man. Menudo cacao mental. Sea la parte que sea, lo cierto es que se agradece que no sea una película en exclusiva de Steve Rogers (Chris Evans) porque esa ya es vio y el personaje da para lo que da.

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El problema es que han sumado a tantos personajes que igual, solo igual, se les ha ido un poco de las manos. El villano (Daniel Brühl) es tan anodino que en realidad no importa. Ni sus motivaciones, ni su destino. Está ahí para provocar que los Vengadores se enfrenten unos con otros y poco más. Lo consigue. Dos bandos. A un lado Capitán América (Chris Evans) con su sonrisa de anuncio de dentífrico, su ética implacable y su amistad hasta las últimas consecuencias para con Bucky (Sebastian Stan). Al otro, Iron Man (Robert Downey Jr.), que por una vez está convencido de que lo correcto es seguir las normas. Cosa rara en él.

Y es que este Tony Stark que nos traen los Russo no es el de siempre. Se ha convertido en un triste al que le reconcomen los remordimientos. Se quedó traumatizado desde lo de Nueva York y no levanta cabeza ni con el mejor psicoanalista de consejero. No es para menos. Pero oscurecer al personaje y borrarle de un plumazo su sarcasmo, su jovialidad y su dialéctica rápida y guasona desmerecen a Iron Man. Siempre ha sido, junto con Lobezno, uno de los personajes con más tirón en las películas Marvel y dibujarle así es desalentador.

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Porque lo de El Caballero Oscuro estuvo bien y a muchos les funciona seguir el ejemplo de Nolan. El Hombre de Acero y Batman vs Superman, pese a sus detractores, son buen ejemplo de ello. Pero que Marvel intente hacer lo propio no termina de encajar del todo bien salvo enn casos como la segunda de The Amazing Spiderman. Aún así hay cosas muy positivas que sacar de Civil War, porque en su conjunto funciona bien. Eso sí, el arranque se hace algo tedioso, le cuesta en exceso poner todas las cartas sobre la mesa y formar los bandos. Culpa, probablemente, de sus dos horas y 27 minuto de duración. Pero hay un momento en el que la película da un vuelco y comienza la diversión.

Es esa escena en la que aparece Spiderman. Sí, el nuevo, el de Tom Holland, el de la tía May (Marisa Tomei) joven y de buen ver. Es entrar en plano y que de pronto Tony Stark vuelva a ser el Tony divertido, el ligón empedernido y el que hace sonreír. Bien por Peter Parker. Y no solo eso, porque además de despertar al Iron Man más auténtico, cuando entra en acción se despejan todas las dudas posibles sobre el tono que se le pretende dar al nuevo reboot del Hombre Araña y la capacidad de Holland para interpretar al superhéroe neoyorquino. El ‘lanzarredes’ solo aparece en dos escenas y sabe a poco, pero cuando lo hace es de los personajes más divertidos junto con Ant-Man (Paul Rudd), que ficha por el bando del Capitán América. Con ellos dos en liza y todos dándose de torras la cosa cambia.

Parece que, por suerte, a estos dos, Peter Parker y Scott Lang,  aún no han intentando oscurecerles. Que está muy bien lo de la películas de superhéroes transcendentales, oscuras y cargadas de segundas y hasta terceras lecturas, pero también viene de vez en cuando desengrasar con una mucho más ligera y divertida como Ant-Man, X-Men y, esperemos, Spiderman. No todo tiene que ser Nolan. No todo tiene que ser cine de estudio y ensayo.

(Fotos: Film Frame..© Marvel 2016)