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Un día así, tonto, se acaba esa serie tan intensa que estabas viendo, te encuentras logado en HBO y, buscando algo entretenido, intrascendente, tropiezas con Lucifer y le das al play. Después de varios capítulos del tirón te das cuenta de que ese piloto que habías puesto como por causalidad se ha convertido en tu manzana, que te has enganchado sin remedio y que tienes que seguir y seguir hasta llegar a la mitad de la segunda temporada. Y por que no hay más…

Entonces te da por pensar cómo es posible que te hayas aficionado tanto a una serie procedimental con el demonio como protagonista. Y que, con la cantidad de series que hay para ver, cómo has sacado tiempo para devorar 25 episodios en ¿cuánto? ¿Diez días? La explicación tiene mucho que ver con la gran cantidad de aciertos que tiene Lucifer como serie y, sobre todo, a que aunque solo sea de refilón y se trate de un adaptación libre de los cómics, el genio de Neil Gaiman anda detrás de todo, en el origen. En cuanto a los aciertos, siete son los de mayor calado.

Lucifer

El primero y más destacado de todos es el de casting. Porque lo de Tom Ellis ha sido dar en el centro mismo de la diana. Si vas a elegir a un actor que se convierta en el mismísimo Lucifer, la mejor opción es alguien con un encanto, un físico y un carisma arrolladores. Tienes que hacer que el espectador se crea que las mujeres (y los hombres también) van a caer rendid@s a sus pies con solo una mirada o unas palabras (el acento británico y los trajes de alta costura ayudan). Y, al mismo tiempo, que cuando saque su lado demoníaco (ojos rojos mediante) de miedillo.

El segundo acierto es que no se toma en serio a sí misma. Es decir, Lucifer es lo que es. Una serie para pasar el rato, para desconectar, dejarse llevar. No deja de ser un procedimental con tensión sexual no resuelta (por el momento) entre sus protagonistas. Un caso por episodio y como hilo conductor la atracción entre los dos personajes principales: la agente Chloe Decker (Lauren German) y el playboy y demonio Lucifer Morningstar. Los del nombre tiene su gracia y da mucho juego al principio.

El tercero sería ese drama familiar celestial que esconde la serie más allá de resolver un caso por episodio o la atracción entre agente y asesor civil. Porque lo de Lucifer es un auténtico dramón familiar se mire por donde se mire. Su padre, el mismísimo Dios, le condenó como guardián del Infierno por una ‘simple’ rebelión y, para colmo, le mandó a su madre tiempo después para que la vigilase y torturase. Menos mal que tenía en quien delegar esta tarea.

El cuarto acierto reside en la premisa de la que parte, que se la debe a los cómics cuyo guión salió de la cabeza de un genio de lo fantástico como es Neil Gaiman. Lucifer es un spin-off de Sandman y arranca con el Diablo harto de su trabajo en el Infierno que decide abandonar el negocio y tomarse unas vacaciones en la Tierra.

El quinto tiene que ver con ese tono de víctima que le dan a Lucifer y que, probablemente, hará que algunos se revuelvan incómodos contra la idea. Pero, ¿qué pasa si en realidad Lucifer solo fuese una víctima de la prepotencia y tiranía de su padre? En la serie lo venden como un tipo al que le gusta divertirse a toda costa, al que no le faltan el dinero, los coches, la droga, el sexo, la diversión… pero que en el fondo se siente muy solo y acude a terapia como si fuese Tony Soprano. Después de todo, no es tan malo como nos lo han querido pintar durante siglos. Al infierno solo van los que están en pecado mortal, así que él se define como alguien cuyo trabajo es castigar a quienes se lo merecen. Y, además, no por voluntad propia, sino por imposición divina.

El sexto acierto se encuentra en la acción. Aunque solo a medias. Se echa en falta que haya más, mucha más. Al menos por parte de Lucifer, al que pocas veces se le ve remangarse y luchar cuerpo a cuerpo. Cuando lo hace, como contra su hermano Uriel, en la iglesia, merece mucho la pena. Deberían hacerlo más a menudo.

El séptimo (y aquí lo dejamos) serían las referencias. Sí, el personaje en los cómics es rubio. Y sí, Trump tiene un hueco reservado en el Averno. También resulta entretenido buscar los carteles publicitarios de cine y series en esos planos aéreos de Los Angeles. En un mismo episodio pudimos ver el de Focus y The Leftovers.