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Tilda Swinton pide a gritos sordos otro Oscar

Hoy se estrena en España Io sono l’amore (Yo soy el amor), la nueva película del italiano Luca Guadagnino. Al respecto tengo que decir dos cosas: una, que corran al cine a verla, porque es digna sucesora de las grandes obras de Visconti; y dos, que Tilda Swinton, alma (y, entrado el metraje, cuerpo) de la cinta, merecería ganar el Oscar a la mejor actriz del año. Ya, sin esperar al resto de contendientes.

No es una cuestión de urgencia, sino de convicción. Sinceramente, dudo mucho de que en los próximos meses tengamos ocasión de ver en la pantalla un personaje más rico, fascinante y quietamente arrollador que su Emma Recchi. Una mujer rusa, casada -adivinamos- por cierta conveniencia con el heredero de un imperio textil, que vive -por decir algo- encerrada en su magnífica mansión milanesa, con poco que hacer salvo supervisar su escuadrón de empleados domésticos. Pero hete aquí que se le cruza en el camino una carta de amor. No, no es tan secillo. La destinataria no es ella, sólo cae en sus manos por error. En cualquier caso, la declaración es suficiente para abrir las compuertas de un alma aprisionada. Y todo está alí, en su gesto leve, en su contención, su elegancia extraña y en su mirada.

La película, sin ánimo de hacer una crítica elaborada, es un melodrama de primer orden. Mencionaba antes a Visconti porque el ambiente que retrata trae inmediamente a la memoria El gatopardo. Pero Io sono l’amore no es tan simple como para describirla con una sola etiqueta. Habría que añadirle algo de las radiografías familiares de Bergman y del ardor cinematográfico de Douglas Sirk. Y así un largo etcétera que da como resultado una de las grandes cintas del año.

Habrá que ver, eso sí, qué tal se desenvuelve en el mercado estadounidense y en la competición por los premios. Su distribuidora, la joven Magnolia, tiene aún poca experiencia en este tipo de campañas. Su único éxito en los Oscar fue el documental Man on Wire (2008). En cambio, no supo -o no pudo- llevar hasta el teatro Kodak Déjame entrar, la película-sensación sobre la niña vampira en las nieves de Suecia (no podía competir como cinta extranjera al no haber sido la escogida por su país, pero sí por el resto de categorías).

A título de anécdota, Magnolia tiene mucho interés por las películas del presidente de la Academia española, Álex de la Iglesia: ya distribuyeron Los crímenes de Oxford y ahora han comprado Balada triste de Trompeta.