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Una categoría siempre interesante que este año viene marcada por la doble nominación de la gran Sandy Powell, que tendrá que competir con el estupendo trabajo de Paco Delgado o de Jenny Beavan

Una de las diseñadoras de vestuario más nominadas de los últimos años, Sandy Powell, y la favorita de este año, tendrá que competir, aparte de con ella misma, con el increíble estudio de personajes y de época de Paco Delgado y con dos vestuarios marcados por las exigencias físicas de sus respectivos rodajes. Cinco trabajos muy valiosos que ponen en alza uno de los oficios más difíciles y a la vez agradecidos en una película.

Carol

Sandy Powell por Carol

Sandy Powell (11 nominaciones, 3 oscar) es una de las grandes diseñadoras de vestuario de cine en la actualidad, y lo vuelve a demostrar con la doble nominación y el doble trabajo en esta edición de los premios. La primera le llega por Carol, con la difícil tarea de vestir sobre todo a un personaje que habla más a través de su vestimenta que por su boca. Para ello se inspiró en la fotografía de moda y de sociedad de Nueva York los años 50, de figuras como Ruth Orkin, Vivien Maier o Saul Leiter, que plasmaron una época marcada por la postguerra. Por eso su paleta está compuesta por colores vivos en sus tonos más apagados, con rojos más caldero que sangre o amarillos más mostaza que pollito, unos colores que parecen atrapados por la nostalgia de tiempos de mayor esplendor, igual que la ciudad. La diseñadora británica tenía además el reto de reflejar una transición también en la silueta femenina, que estaba dejando atrás la figura de hombros muy marcados de los años 40 para pasar a las curvas más estilizadas de los 50. Todo esto se completa con los elementos más populares de la época, como los guantes para lucir a diario, el cuello barco o los vestidos de cintura amplia creados por Balenciaga que competían con la silueta de reloj de arena marcada por Dior. Y si el vestuario de la protagonista tiene que impresionar y conquistar a Therese, el de esta tiene que reflejar la incertidumbre y la incomodidad de la joven dependienta. Una incomodidad que cambia cuando ella como fotógrafa pierde el miedo de fotografiar a los demás gracias a su relación con Carol. En definitiva, el trabajo de Powell es un exhaustivo y riguroso estudio de época y una acertada definición de personajes a través de sus atuendos, unos atuendos que a la vez van reflejando sus estados de ánimo y su situación personal.

Cinderella

Sandy Powell por Cenicienta

Si en Carol, la diseñadora inglesa se movía en un terreno muy marcado por la época y la clase social de sus protagonistas, en Cenicienta pasa casi lo contrario, la libertad de que dan los cuentos de hadas, una libertad que entraña el riesgo de caer en los tópicos marcados sobre todo por el imaginario Disney. Para el vestuario de esta nueva versión del clásico, Powell se fijó en las películas sobre el siglo XIX hechas en los años 40 y 50, con una idea en la cabeza: “los malos son más divertidos de vestir, y el verdadero reto está en los retos”. La madrastra es una Joan Crawford con trajes lujosos que rozan el ridículo y resaltan esa maldad interior del personaje, y en sus hijas ese ridículo exterior es aún más enfático, y además plasma un aire caprichoso y vehemente. Lo de Cenicienta es harina de otro costal. Su traje de diario huye de los harapos de otras versiones. La diseñadora prefería un vestido que al principio fuese bonito pero que con el tiempo resultase desvaído y triste. Pero el gran cambio requería un recurso a su fantasía y a su infancia rodeada de los textiles lujosos y coloridos de la India que ella veía en los escaparates y sus vecinos de Brixton, el barrio londinense en el que se crió y donde aún vive. El hermoso traje del baile está compuesto por una falda de docenas de capas de fina seda en diferentes tonos de lavanda, azul y turquesa, dando un efecto tornasolado y cambiante muy atractivo. Además está el icónico zapato de cristal, para el que utilizó como modelo un zapato de finales del siglo XIX que encontró en un museo de Northampton y que para la película reelaboró con cristal Swarovski.

DanishGirl

Paco Delgado por La chica danesa

Pero Powell tendrá que vérselas con Paco Delgado (2 nominaciones), que se enfrentaba al reto de reflejar la transición de Einar Wegener a Lili Elbe, la pionera de la transexualidad, en una época en la que este colectivo ha ganado mucha visibilidad. Y además tenía que reflejar el ambiente artístico en el que Wegener y su mujer, también pintora, se movían. Para ello Delgado tenía como inestimable fuente la fotografía, una afición compartida por la pareja, que registró toda su vida en común, y la moda de los años 20, de diseñadores como Paul Poiret, Jeanne Lanvin y Coco Chanel. Pero antes de desarrollar a Lili, el diseñador canario tenía por delante un desafío mayor: el vestuario masculino Wegener tenía que reflejar esa lucha interior, esos grilletes que le constreñían y que se plasman en los cuellos almidonados y las telas pesadas y rígidas, como si llevase una armadura.Su transición hacia Lili va dando paso también a colores más cálidos y a formas y tejidos más liberadores, algo que favorece la moda de esos años en los que la silueta femenina se relaja, aunque también pasa por una etapa de exageración de todo los símbolos femeninos, como el carmín rojo y los exagerados peinados, que Lili utiliza como reivindicación de su condición femenina en una sociedad danesa mucho más estirada que la parisina a la que viajan después. Para Delgado el vestuario de La chica danesa, su segunda colaboración con Tom Hooper después de Los miserables, es una expresión del proceso de liberación de los personajes, y como tal, su trabajo merece un reconocimiento a la altura que quizá sin la nominación de Carol estaría más a su alcance.

madmaxx

Jenny Beavan por Mad Max: Furia en la carretera

La veterana Jenny Beavan (10 nominaciones, 1 oscar), cuyo magnífico trabajo en la resurrección de la época victoriana en el cine se vio recompensado con un oscar en 1987 por su diseño del vestuario de Una habitación con vistas de James Ivory, cambia completamente de tercio para la película de George Miller. En ella, el desafío consistía en combinar la visión retrofuturista de Miller, con esas máscaras que exigían una estrecha colaboración con el equipo de maquilllaje, con el rigor del rodaje en el desierto de Namibia y la acción extrema de actores y especialistas que exigía la película. A favor contaba con una total libertad en la creación de un vestuario que no tenía que atenerse a nada previo, puesto que Miller no quería que se pareciese en nada a las entregas anteriores de Mad Max. El hecho de trabajar in situ en el desierto de Namibia, con la ayuda de un maquetista y las cajas de atrezo y vestuario remanentes de las tres ocasiones en las que se intentó llevar a cabo la película, obligó a Beavan a trabajar con artesanos locales que le ayudaron a confeccionar máscaras o a trabajar el cuero para el atuendo del protagonista, y también a utilizar tejidos sencillos como el algodón, que facilitaban la transpiración y permitían libertad de movimientos, por lo que tuvieron que teñir cantidades industriales para vestir a todos los miembros del reparto. En cuanto a la inspiración, la libertad total que ofrece una película futurista les permitió jugar con el diseño de máscaras, utilizar unos dibujos japoneses para crear a Inmortan Joe o un ballet alemán para las Esposas, o el mundo del trash metal y el punk para los Warboys.

Revenant

Jacqueline West por El renacido

El mayor reto de Jacqueline West (3 nominaciones) para afrontar el diseño de vestuario de El renacido no era el estilo en sí, sino cómo iba a hacerlo para facilitar un rodaje que ya de por sí era duro por las condiciones meteorológicas que Alejandro González Iñárritu se ha encargado de dar a conocer siempre que ha hablado de la película. Para ello West recurrió a un viejo truco de trampero que encontró en un libro titulado Forty Years a Fur Trader on the Upper Missouri, que consistía en untar la ropa con grasa de oso. En el caso de la película este truco tuvo una doble función: proteger a todo el reparto (incluso al equipo técnico, para soportar las largas jornadas de rodaje) y conferir a la ropa un aspecto de usado que hace indistinguible la lana del cuero. Aparte de las condiciones meteorológicas, hubo otro aspecto que West tuvo muy en cuenta a la hora de ponerse a crear. El personaje de DiCaprio se va deteriorando físicamente, y ese deterioro físico también se refleja en su ropa. Incluso la pelliza de oso con que se cubre ha de reflejar las heridas de la lucha con el animal. West quería darle un aire entre trampero de Norteamérica, mezclado con cazador indio (consultó documentación sobre la indumentaria pawnee) y un toque de monje franciscano que reflejase la austeridad y el rigor al que se somete a lo largo de la película. Quizá no es el más creativo de los cinco trabajos nominados, pero desde luego es una labor menos reflejada en los premios pero que merece este reconocimiento.

Ganará: Sandy Powell por Carol
Debería ganar: Sandy Powell por Carol
Molaría que ganase: Paco Delgado por La chica danesa