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Cinco estilos completamente dispares de cinco pesos pesados de la cinematografía internacional componen esta categoría, cuyo ganador parece cantado

Cinco estilos completamente dispares de cinco pesos pesados de la cinematografía internacional son los componentes de esta categoría, cuyo ganador parece cantado. El trabajo casi pictórico de Lachman, el intencionadamente antiguo de Richardson, el cegador de Seale, el natural y gélido de Lubezki y el calculadamente intenso de Deakins compiten en un quinteto de altura difícilmente superable.

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Ed Lachman por Carol

La fotografía de Ed Lachman (2 nominaciones) para Carol es uno de los ingredientes fundamentales de la película de Todd Haynes, formando un conjunto estético coherente con la música de Burwell, el vestuario de Sandy Powell y la dirección artística de Jesse Rosenthal. La posguerra en EEUU fue una época de austeridad, por lo que Lachman optó por una estética más apagada o desgastada, más naturalista que en Lejos del cielo. Uno de los factores determinantes fue la elección del Super 16mm por la cualidad de su grano, con el que querían conseguir ese aspecto natural, orgánico y sugerente. Al igual que Powell, él y Haynes recurrieron a fotógrafas de los años cincuenta como Ruth Orkin, Esther Bubley, Helen Levitt y Vivien Maier que empezaban a experimentar con el color, con lo que éstos no tienen un espectro completo como ahora, con peculiares mezclas de colores fríos y cálidos, con magentas, verdes y amarillos. Además, revisaron la obra de Saul Leiter, fotógrafo de calle que luego también trabajó en moda, al cual ambos usaron como referencia en la miniserie Mildred Pierce y cuyo trabajo se caracteriza por los juegos de capas de realidad (cristales empañados, lluvia, nieve, sombras…) y abstracción que incorporan la subjetividad y los estados emocionales como ingredientes de la fotografía. El tratamiento de Therese (Rooney Mara) desde el punto de vista de la fotografía (por la composición y la textura de los planos en los que ella aparece) es particularmente interesante, pues evoluciona con ella a lo largo de la película: ella aparece entrevista a través de puertas, de ventanillas, de columnas, entre la gente, como si siempre hubiera algo que impidiera verla del todo, igual que con los reflejos, la lluvia o los cristales empañados, y termina encontrando su lugar y aceptando su amor por Carol, viendo las cosas más nítidamente.

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Robert Richardson por Los odiosos ocho

Las particularidades de Quentin Tarantino como director, su gusto por la textura de las películas de los años 70 le llevaron a tomar un decisión arriesgada que a la larga perjudicó la distribución y exhibición de su película. Para la fotografía de Los odiosos ocho, llamó a Robert Richardson (9 nominaciones, 3 oscars), con el que lleva trabajando desde Kill Bill (salvo para Death proof), y ambos decidieron rodar en 70 mm. Una de las razones fue por la calidad de los colores, que, según Richardson, “chillan, sobre todo el rojo”, por su ausencia total de grano y por otros motivos como que con las lentes que tuvieron que rescatar después de 40 o 50 años sin usarse para la película (que según él son como prismas), y que tuvieron que ser adaptadas a las cámaras modernas, la imagen se “cae” y es un poco más oscura por los lados, algo que a Tarantino le encanta. Otra de las cualidades de las ópticas antiguas que aprovecharon bien fue la amplitud de los encuadres, que les permitía abarcar en un solo plano dos tercios de la habitación; esto facilitaba la intención de Tarantino de conseguir planos de 360º o incluir cinco o seis personas en un solo plano, dialogando, sin problemas y con una composición perfecta, logrando el aumento necesario de la tensión con sólo ocho personajes y una habitación. Tarantino es un director exigente, con una cultura cinematográfica apabullante, y los retos que plantea a los técnicos que trabajan con él son de este calibre. Y visto el resultado, es seguro que Richardson disfruta enormemente con ellos.

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John Seale por Mad Max: Furia en la carretera

Una de las películas visualmente más impresionantes de la carrera de este año es sin duda Mad Max: Furia en la carretera. Y ya tuvo que ser atractivo el larguísimo proyecto para su director de fotografía John Seale (5 nominaciones, 1 oscar) para decidir salir de su retiro profesional y embarcarse en él, 23 años después de trabajar con George Miller por última vez en El aceite de la vida. Para ello, y con muy poco tiempo para prepararlo todo sin guión, Seale tuvo que estudiar los storyboards, que se habían estado cocinando en los diez años de preparación de la película. Una de las restricciones fundamentales que tuvo para desarrollar su trabajo fue que su trabajo empezó después de que todas las escenas se hubieran coreografiado y ensayado al milímetro en el desierto australiano mucho antes de partir a Namibia a rodar, por lo que su contribución en este aspecto se limitó a ponerse al día según avanzaba el rodaje. Sí insistió en el uso de más de una cámara (que es lo que inicialmente había previsto Miller), lo que facilitó las tareas de montaje. Un factor importante es el hecho de que Seale también trabaja de operador de cámara, por lo que está acostumbrado a iluminar las zonas que va necesitando en el rodaje. Miller insistió mucho en que quería que se notase el grano y en que los colores debían de ser saturados, al contrario de muchas películas postapocalípticas en las que se optan por tonos más suaves. Y todo ello se reforzó en postproducción con un colorista que remató el aspecto general de esta gesta.

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Emmanuel Lubezki por El renacido

La fructífera relación de Iñárritu con su compatriota mexicano el Chivo Lubezki (8 nominaciones, 2 oscar) es más que probable que le reporte al director de fotografía su tercer oscar consecutivo a base de retos. Si en Birdman se trató de que toda la película fuese un larguísimo plano secuencia, en El renacido consistió en rodar con luz natural en un ambiente hostil y a temperaturas bajo cero, con la intención de comunicar la experiencia de la manera más fidedigna posible, de que el público llegase a sentir esas condiciones extremas que narra la película. La ausencia de fuentes de luz artificial en casi toda la película (tuvieron que rodear una fogata con bombillas para evitar el efecto distractor que estaba causando el viento) le disuadió de la idea de rodar en película química, y tuvo que usar una cámara digital para captar mejor los matices de la luz natural y evitar que hubiera ningún tipo de distorsión entre lo que sucedía ante la cámara y lo que finalmente vería el espectador en la sala de cine. Además, la luz natural, pese a que añade complejidad por sus cambios constantes (sumando además problemas de continuidad para el montaje), tiene una ventaja sobre la artificial: es infinitamente más hermosa.

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Roger Deakins por Sicario

El veterano Roger Deakins (13 nominaciones) es el que más veces ha estado nominado de los cinco que componen esta categoría. En su segunda colaboración con el canadiense Denis Villeneuve tras la maravillosa fotografía de Prisoners (y la frustración de muchos de que perdiese el oscar frente a Lubezki por Gravity) es este thriller sobre la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado en la frontera de EEUU y México. Con Villeneuve coincide en que siempre intenta buscar en la imagen mucho más de lo que se plasma en cada página de guión, crear una atmósfera con una carga de verdad importante centrada sobre todo en los personajes y su punto de vista. Para ello utilizaron como lejana referencia la obra del director Jean Pierre Melville y, sobre todo, la del fotógrafo Alex Webb, que ha trabajado algunos años en esos puntos concretos de la frontera. Las secuencias más llamativas desde el punto de vista de la fotografía son las nocturnas. Desde la belleza de la silueta de los agentes armados avanzando contra el cielo azul profundo, los bombardeos nocturnos de Ciudad Juárez, o las imágenes del interior del túnel, que se ven a través de las gafas de infrarrojos de los SWAT, todo utilizado al servicio de la historia y de la atmósfera, sin intención de alardear, la película es un disfrute visual, y hace palpable la comunión perfecta y fluida entre realizador y director de fotografía, aunque no sea el trabajo más brillante de Deakins hasta la fecha.

Ganará: Emanuel Lubezki por El renacido
Debería ganar: Robert Richardson por Los odiosos ocho
Molaría que ganara: Ed Lachman por Carol