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TÍO OSCAR arranca aquí, un año más, su análisis de los candidatos a los Oscar categoría por categoría. Para abrir boca, uno de los platos fuertes: mejor actor de reparto, con el favoritísimo Christoph Waltz a la cabeza, contra quien compiten cuatro grandes intérpretes, bien dispares entre sí: el veterano Christopher Plummer, el ex televisivo Woody Harrelson, el corredor de fondo Stanley Tucci y la gran estrella Matt Damon.

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Christoph Waltz por Malditos bastardos

SAMUEL PÉREZ
A no ser que los Oscars de este año tengan pensado darnos una de esas sorpresas por las que será recordada cada una de las ceremonias, el premio al mejor actor de reparto tiene nombre y apellido teutones. De Quentin Tarantino sabíamos que era capaz de revitalizar una carrera (John Travolta), pero desconocíamos su habilidad para descubrir nuevos valores. Y menos en Europa. El actor austriaco Christoph Waltz (Viena, 1956) hasta ahora se había limitado a trabajar en la televisión alemana, habiendo conseguido ya el estatus de estrella. Para su primera participación en una producción norteamericana, Waltz compone un personaje que ha pasado ya a la historia. Su coronel Hans Landa, el cazajudíos, es el verdadero motor de Malditos bastardos y él borda la sutileza y desazón que produce a la vez que sabe darle sus justas pinceladas de comicidad sin caer en el histrionismo. Además, actúa en cuatro idiomas: inglés, alemán, francés e italiano. Si por algún motivo no sale vencedor el 7 de marzo, será una de las mayores injusticias que se recuerdan en estos premios.

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Christopher Plummer por The Last Station

DAVID VEGA DE NAVACERRADA
A sus 80 años Christopher Plummer (Toronto, 1929) es una figura imprescindible del teatro, el cine y la televisión. Su carrera cinematográfica se inició gracias a Sidney Lumet en Sed de triunfo (1958) pero su rostro no se popularizaría hasta 1964 cuando intepretó al endiosado Commodus en La caída del imperio romano. Sin embargo, fue con Sonrisas y lágrimas, un año después, cuando su cotización se dispararía. Su retrato del rígido Capitán Von Trapp sigue siendo el recuerdo más nítido de los cinéfilos. Pero Plummer ha hecho de la versatilidad interpretativa una de sus marcas y ha interpretado con solvencia personajes tan dispares como a Rudyard Kipling en El hombre que pudo reinar (1975) o al otra vez de moda Sherlock Holmes en Asesinato por decreto (1979). Tras un retiro voluntario en el teatro, Michael Mann le rescata para el cine en El dilema por la que estuvo a punto de alcanzar la nominación al Oscar en un año muy concurrido en esta categoría. Desde entonces, Hollywood no ha parado de solicitar sus servicios y le hemos visto en películas como Alejandro Magno, Ararat, Syriana o El nuevo mundo. 2009 ha sido, sin duda, un gran año para él. A la magnífica aportación de viejo chalado en El imaginario del doctor Parnassus (por la que perfectamente también podía recoger premios) se le une su trabajo en The Last Station, en la que da vida al escritor ruso Leon Tolstói. Plummer dota al artista de un genuino y a la vez entrañable carácter en la que es, sin lugar a dudas, una de las mejores interpretaciones del año. Con su ésta, su primera nominación, Plummer podría dar la sorpresa como reconocimiento a su sólida contribución a la industria.

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Matt Damon por Invictus

FERNANDO DE LUIS-ORUETA
Éste tenía que haber sido su año pero, al final, con una película fallida y otra aplazada, Matt Damon (Boston, 1970) acude a los Oscar con tan solo una nominación en su haber. Le falta la otra, la de actor protagonista por su brillante caradura setentero en pleno siglo XXI de ¡El soplón!, pero el picnhazo global de la cinta acabó con sus posibilidades en ese apartado. En cambio, su candidatura ha llegado por un personaje mucho más discreto: el capitán de la selección sudafricana de rugby Francois Pienaar del Invictus de Clint Eastwood. Igual que le pasa a Morgan Freeman en el rol de Nelson Mandela, Damon apuesta por incorporar al personaje desde la interiorización en lugar de hacerlo por la imitación. No son físicamente iguales, tan sólo comparten rasgos, pero el resultado es mucho más preciso y complejo. Si alguien puede arruinarle la noche a Waltz, ése es Matt Damon, que subiría así a recoger un Oscar por segunda vez después de aquel que ganó junto a Ben Affleck por el guión de El indomable Will Hunting, por la que también fue candidato a mejor actor protagonista.

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Stanley Tucci por The Lovely Bones

MARÍA PÉREZ
Es una pena que Stanley Tucci (Nueva York, 1960) esté nominado por The Lovely Bones, una película que hace todo lo posible por hacer que la calidad del trabajo de los actores que trabajan en ella pase desapercibida (la corta duración de las secuencias y el montaje destructor impiden que surjan las emociones en una historia que debería ser tremendamente emocional y hasta emotiva). Aun así, el George Harvey de Tucci se eleva por encima de los demás personajes; consigue componer un vecino de barrio residencial anodino, casi invisible, al cual no se tiene en cuenta ni como sospechoso del asesinato de Susie Salmon, pero del cual tampoco sorprende que sea la encarnación del mal. La interpretación de Tucci resalta la vulgaridad de los gestos y de la forma de hablar de Harvey, una vulgaridad que se apoya en una lograda caracterización, da matices a su personaje y lo convierte en lo único que merece la pena recordarse de esta película. Stanley Tucci debutó en el cine con El honor de los Prizzi (1985), y ha dejado una galería diversa de secundarios memorables, desde el obstinado Muerte en Cuidado con la familia Blues (1993) hasta el ayudante de la implacable Miranda Priestley en El diablo viste de Prada (2006). Este año también se le ha podido ver en Julie & Julia, donde interpreta al marido de Julia Child/Meryl Streep.

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Woody Harrelson por The Messenger

PABLO LÓPEZ
No es la primera vez que Woody Harrelson (Midland, Texas, 1961) acude como nominado a la gala de los premios Oscar. Ya en 1997 fue candidato como mejor actor gracias a su espléndido trabajo en El Escándalo de Larry Flint. Ahora lo hace con un papel que dista mucho de aquel magnate del sexo, el del Capitán Tony Stone, un soldado encargado de comunicar los decesos de guerra a los familiares de las víctimas. Un personaje atormentado, decadente y contenido a partes iguales que no hace sino afianzar un poco más a este actor que ha demostrado tanto en cine como en televisión que puede hacerse cargo de cualquier tipo de papel con una versatilidad eminente.

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