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20101022gahoole

Desde que le confiaran el ambicioso y delicado proyecto de adaptar a la pantalla grande la novela gráfica de culto 300, Zack Snyder ha tenido una estrecha y fructífera relación con Warner Bros. Ellos ponen la pasta y el realizador hace lo que mejor sabe: dirigir éxitos de taquilla. No en vano, además de sus proyectos más personales, ha sido designado para dirigir el relanzamiento de la saga Superman y también dirigirá la secuela de 300, Jerjes.

En este Ga’Hoole, lo primero que salta a la vista es que pocos proyectos pueden estar más alejados de la imaginería y la temática del director, ya no por la historia en sí, sino por la cantidad de convenciones, clichés y tópicos mal combinados de la propuesta, que saca a relucir la filosofía y la espiritualidad más simplona y repipi para mostrarnos la archiconocida historia del hermano bueno y el hermano malo. Caín y Abel, dos mil años después y con lechuzas.

Ésta es la historia de Soren y Kludd, dos hermanos tópicamente contrarios en su forma de ser: mientras Soren vive soñando con las leyendas de los guardianes, a los que aspira conocer algún día, Kludd intenta por todos los medios volar, cazar y arrebatarle a su hermano menor el favor de su padre. Pero esta envidia acarreará graves consecuencias para los dos. Como era de esperar, por otro lado.

Más allá de lo ramplón de la propuesta, sí hay que destacar que técnicamente la película es impecable, con una finísima y detallada animación en un 3D más aprovechado de lo que cabría esperar para un estudio como Warner (Furia de Titanes quedó grabada a fuego en nuestras retinas), así como una banda sonora bastante resultona y un cásting de voces que quita el hipo; no hay que restarle mérito.

El mayor problema es el enfoque absurdamente infantil de la propuesta, que puede llevar a mucho público infantil a las salas, pero que desde luego tiene un serio problema con el espectador un poco más crecido (que no adulto). En cualquier caso, esta sarta de frases de autoayuda y consejos de psiquiatra barato en forma de película viene precedido por un templado (por no llamar gélido) éxito en otros mercados, lo cual tampoco ayuda a que la promoción llame demasiado la atención en nuestro país y lleve a mucha gente al cine.