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CRÍTICA: The Karate Kid

En un verano que confirma una vez más vez que los ochenta vuelven a estar de moda, nos llega el enésimo remake de una obra de culto ochentera. En esta ocasión le ha tocado el turno a ‘Karate Kid’, la película con la que varias generaciones pasaron la tarde intentando dar patadas voladora y cazar moscas con palillos chinos.

Hubiera sido mucho más simple y beneficioso para la propia película con simplemente actualizar el producto y tirar para adelante, pero la familia Smith (Will y Jada Pinkett como productores y Jaden como actor) no estaba por la labor y ha preferido darle un buen lavado de cara, reinterpretar un poco, e incluso ser infiel al original. La única verdadera buena decisión que tomaron fue contratar a Jackie Chan para interpretar al señor Han, alter ego lejano del irrepetible señor Miyagi.

Y nos referimos con esta ligereza hacia los Smith porque viendo la película, podemos comprobar como prácticamente puede ser considerada como el demo-reel más caro de la historia. La omnipresencia del pequeño vástago del Principe de Bel-Air a lo largo y ancho de la película, la absurda diversidad temática de escenas, y la constante demostración de una pretenciosa e inexistente presencia en pantalla, hace que parezca más un catálogo de la versatilidad interpretativa del pequeño Jaden que un ejercicio de reinterpretación (o interpretación, no vamos a excedernos en nuestras peticiones) fílmica.

Más allá de la estampa familiar, nos encontramos con un correcto y contenido Jackie Chan que, sorprendentemente interpreta uno de sus papeles más serios y sobrios con una efectividad impoluta, y una Taraji P. Henson que, correctísima como no cabe esperar otra cosa, comienza siendo uno de los pilares importantes del personaje principal para acabar siendo la estrella episódica invitada al espectáculo.

Pero el verdadero error de esta película es el enfoque que se le ha pretendido dar, que difiere totalmente del original hasta el punto de mancillar el arte marcial que refleja el título y sustituirlo por kung fú (cosa que se ha obviado finalmente al titular el filme cuando durante su producción se especuló que pudiera titularse ‘Kung Fu Kid’), por no hablar de la extrema violencia que destila la película con fuertes y explíctos efectos de sonido en las peleas entre niños, o, una vez más, del ejercicio interpretativo de Jaden Smith que hace gala de una altanería impropia de su edad, además de mostrarnos todas y cada una de las facetas que es capaz de abarcar; dos características que ya desde su planteamiento difieren del original Ralph Macchio, tímido, reservado, humilde y atemorizado.

La actualización de la historia se resume en occidentalizar el país asiático, escuchar música rap y hacer de la cultura china un retroceso social. Sin duda unos valores bastante diferentes a los originales, pero más allá de la interpretación de los símbolos, lo que al final nos queda es una carísima estampa para el lucimiento de Jaden Smith que hastía al más pintado y que no se descarta que pueda entretener a algún niño con los pies llenos de arena. Pero poco más.

The Karate Kid se estrena este viernes en cines de toda España