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Karra Elejalde, Javier Pereira, Javier Gutiérrez y Manolo Solo desmuestran una vez más que los mal llamados secundarios dejan muchas veces mejor impresión que los protagonistas y que la calidad de los actores españoles está fuera de dudas. Aunque el premio parece que tiene un  nombre claro, los cuatro dan sobradas razones con sus trabajos para recibirlo.


Karra Elejalde por 100 metros

Única nominación para 100 metros del director novel Marcel Barrena en estos Premios Goya, Una nominación para Karra Elejalde (3 nominaciones, 2 goyas) que hasta el momento ha hecho blanco en los Goya  llevándose el cabezón a casa con sus anteriores nominaciones por 8 apellidos vascos y También la lluvia, ambas en el apartado de reparto. La presencia de Karra en esta categoría es tan merecida como innecesaria. Si bien funciona perfectamente como descarga cómica en este drama de superación, y contando con su propio arco dramático, su interpretación no aporta nada a lo que ya hemos visto del actor. Ejecuta los golpes cómicos a la perfección, pero tira de oficio en una interpretación plana y reiterativa a causa de un guión escaso en cuanto a efecto emocional. En definitiva, aporta el tono de color a una película que no emociona lo que debería pero donde todos sus actores hacen un trabajo meritorio. Por tanto, se plantea un escenario en el que, casi con toda probabilidad, Karra Elejalde perderá su primer Goya en favor de alguno de los favoritos, siendo esta su tercera nominación merecida pero la menos interesante de las que ha tenido. Luis Fernández Ferreira


Javier Gutiérrez por El olivo

El Goya y el Feroz a mejor actor protagonista de 2015 por La isla mínima compite esta vez con un registro completamente diferente: el tío de Alma, la protagonista, un trabajador que ha sufrido en sus propias carnes la crisis económica. Pero el gallego es algo más que uno de sus dos apoyos en el viaje que emprende para recuperar el árbol de su abuelo, esta fábula también es la suya, y lo vemos especialmente en la escena de la escultura, climática y patética a partes iguales, porque si algo define al personaje es ese halo de perdedor que tiene algo que decir. Javier Gutiérrez (2 nominaciones, 1 goya), actualmente en cartelera con Assassin’s Creed, es uno de esos actores que aprovechan al máximo cada línea de diálogo, cada gesto, cada acción de sus personajes, para hacer más rica la historia. Este año la competencia es dura y Manolo Solo ha hecho méritos más que de sobra para ganar, pero no hay duda de que volverá a tener ocasión de luchar por el Goya muy pronto. Bernardo Pajares


Javier Pereira por Que Dios nos perdone

Cuánto necesitaba Javier Pereira (2 nominaciones, 1 goya) una oportunidad así. El otrora niño de San Ildefonso, famoso por cantar El Gordo dos años seguidos, luego actor éxito en televisión y después rostro solicitado del cine, tiene una carrera tan larga como prolífica. Pero sólo hay un elemento que se le resiste: el prestigio. Lo rozó con Heroína (2005), la película en la que Gerardo Herrero retrató a las madres coraje que luchaban contra los clanes de la droga en Galicia, pero después le ha costado que se le tomara en serio. Fue su amigo Rodrigo Sorogoyen el que en 2013 le dio su nueva vida: con Stockholm no sólo redescubrimos a Pereira, sino que la Academia le dio el Goya al mejor actor revelación cuando ya llevaba 16 años de carrera. Y ahora, de nuevo, Sorogoyen el que nos descubre la capacidad camaleónica de Pereira, que se transforma en Que Dios nos perdone en uno de los personajes más inquietantes del cine español contemporáneo. Sólo hay una explicación a que no sea el favorito para el premio: el secretismo entorno a este papel, que se ha escondido a conciencia para permitir que el espectador disfrute de la película. Ni siquiera hay una fotografía con la que ilustrar este artículo. Puede que se le escape este Goya, pero su trabajo en Que Dios nos perdone perdura inquietando la memoria de todos los que la han visto. Fernando de Luis-Orueta


Manolo Solo por Tarde para la ira

Manolo Solo (2 nominaciones) hace realidad la famosa frase de Stanislavski de “no hay papeles pequeños, sólo actores mediocres” con un trabajo que apenas dura cinco minutos pero que es de los que se recuerdan tiempo después de haber visto la ópera prima de Raúl Arévalo. Y es que Triana, ese golfo profesional y para colmo gangoso, parece sacado de El gran Lebowski o de Pulp Fiction. No sólo está magistralmente escrito e introducido en la película, sino que Solo le da carácter y vida. Sus gestos y su habla, son tan locales en acento como universales en la forma: podría ser cualquier macarra barriobajero de cualquier gran ciudad, Madrid, Sevilla, Londres o Baltimore. Y no es que nos sorprenda, cuando el actor sevillano lleva desde 2001 dejando en nuestra memoria cinematográfica personajes tan indelebles como el director del reformatorio en 7 vírgenes, Garcés en El laberinto del fauno, el director de la cárcel en Celda 211 o el juez Ruz de B. Hasta que alguien le escriba un papel mayor y a la altura de sus posibilidades, que son muchas. Además de estar en la película que se está posicionando como favorita indiscutible en los premios españoles de cine, sin duda Manolo Solo se alza como caballo ganador por encima de sus excelentes rivales. María Pérez

Ganará: Manolo Solo por Tarde para la ira
Debería ganar: Javier Gutiérrez por El olivo
Molaría que ganara: Javier Pereira por Que Dios nos perdone