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Cuatro estilos muy distintos de películas son los representantes en esta categoría artística

El imaginativo trabajo de Cristina Rodríguez en No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas resalta frente al resto de sus competidoras, aunque tanto el de Paola Torres como el de Alberto Valcárcel y la misma Cristina Rodríguez para Tarde para la ira serían igualmente dignos de subir a recoger el preciado cabezón.

Paola Torres por 1898: Los últimos de Filipinas

Tras su nominación por el divertido vestuario fiestero de Mi gran noche, Paola Torres (2 nominaciones, 0 goyas) afrontó este año la construcción del vestuario de una película de época como es 1898: Los últimos de Filipinas, además de acometer el de Que Dios nos perdone. Y es en esa versatilidad que le lleva a lograr credibilidad en trabajos tan distintos su gran fuerte.  Sus diseños tienen quizá más de documentación que de creatividad, aunque eso no le resta ni un gramo de mérito: todo el guardarropa tiene el valor de ser exacto en su ubicación temporal además de no parecer para nada ajeno a los personajes, cada uno de ellos con detalles relacionados con su carácter . Es en el vestuario de los nativos tagalos donde puede dar más rienda suelta a sus ideas, pero en este tipo de películas es obligado ceñirse a los requisitos de rodaje e historia, y en este punto Paola Torres cumple a la perfección. No es descartable que se lleve el cabezón a casa el sábado.

Lala Huete por La reina de España

La diseñadora de cabecera de Fernando Trueba, Lala Huete (8 nominaciones, 3 goyas), hace en La reina de España su octava película con él, por lo que se supone que el entendimiento entre ellos es perfecto, y no se debe de achacar más que a los deseos del director el hecho de que el guardarropa de esta película sea completamente deudor del que en su momento ella mismo hizo para La niña de tus ojos. Está claro que así debe ser, puesto que tanto los personajes como la época reflejada en ella son los mismos, salvo el detalle del ascenso social de algunos de ellos, pero cae en estereotipos y algunos personajes dan la impresión de ir disfrazados. El vestuario de las escenas de rodaje está inspirado en las grandes obras pictóricas de temática histórica del siglo XIX y en los primeros clásicos en blanco y negro como Locura de amor, un buen detalle de época, pero quizá se habría agradecido un poco de despliegue de imaginación y creatividad para una película que intenta apoyarse sobre todo en lo visual.

Cristina Rodríguez por No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas

Supongo que crear el guardarropa de una película cuyo personaje principal se dedica al diseño debe de ser un sueño para una diseñadora de vestuario. Y ante todo, lo que parece en el caso del trabajo de Cristina Rodríguez (5 nominaciones, 0 goyas) es que se lo ha pasado bomba haciéndolo. Y no sólo por la fantasía que despliegan los diseños de plumas de Sara (Verónica Echegui) en su tienda y los modelos que crea para su primer desfile de modas. El vestuario de todos los personajes empezando por la graciosa, soñadora y despistada Sara, el novio arquitecto, su hermana modelo, y su novio el cantante buenorro un poco hippie, incluso de los figurantes, es todo un estudio de la fauna madrileña en barrios como Malasaña, de los padres de esos hipsters, de gente menos marcada por su vestimenta como el estudiante extranjero, y con un alarde de imaginación y creatividad que está en perfecta consonancia con el tono juvenil y divertido de la película de María Ripoll.


Alberto Valcárcel y Cristina Rodríguez por Tarde para la ira

Si en No le culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas Cristina Rodríguez plasma el estilo de los jóvenes malasañeros (o modernillos de cualquier gran ciudad), en esta su segunda nominación este año junto a Alberto Valcárcel (1 nominación, 0 goyas), que normalmente es su ayudante, pero que aquí firma de igual a igual, se centra en el vestuario de los barrios más proletas y quinquis. Y no es tan fácil. Lo que es fácil es caer en el tópico, y da la impresión de que ambos se han dado unos buenos paseos por Vallecas o Carabanchel para pillar el punto a esa mezcla entre ropa de mercadillo y la que se ha heredado de padres a hermanos porque lo que menos importa es cómo vistes. Hay que ir a un gimnasio de barrio para ver cómo visten los entrenadores y boxeadores, los yonquis viejos, o a un bar para ver el estilismo de parados y jubilados. Y lo mejor que se puede decir es que de puro realismo sucio no llama la atención, no hay notas discordantes, nada que saque de ese ambiente. Sería un goya igualmente merecido para la película que probablemente arrase con todo en esta edición.

Ganará:  Paola Torres por 1898: Los últimos de Filipinas
Debería ganar: Cristina Rodríguez por No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas
Molaría que ganase: Cristina Rodríguez y Alberto Valcárcel por Tarde para la ira