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Resulta curioso, cuanto menos, que los tiempos que corren sean tan poco dados al recuerdo o a la permanencia de cualquier cosa.En ésta época de cómida rápida, amores fugaces o modas que vienen y van, las generaciones que convivímos en la globalizada sociedad occidental tenemos poco margen para que nuestras múltiples vivencias dejen algo de reminiscencia en nosotros;son demasiadas, que dirían los más sofistas. Lo mismo ocurre con el arte y, en especial, con el cine. En los últimos tiempos el espectáculo de masas por excelencia ha vivido cambios enormes y parece que el mal llamado “fin de la historia” también le ha afectado. Es como si la “comida basura” que Hollywood deja tras de sí hubiese convertido los clásicos que hemos de recordar en un síntoma del pasado, como si estuviésemos condenados a no tener clásicos de nuestro tiempo de entretenimiento puramente alimenticio.
Es por esta misma razón que una película puede servir de ejemplo perfecto: el “Titanic” de James Cameron; la película de la que el crítico Angel Fdez Santos llegó a escribir que con ella el cine daba “un paso de gigante”. Es un buen ejemplo porque pocas modas han sido tan huracanadas y tormentosas como la Titanicmanía, fenómeno que la sociedad occidental vivió allá por el año 98 del pasado siglo. Todo el mundo la vió, muchos creyeron estar ante la película de su vida, ante el acontecimiento cinematográfico del siglo, y hoy en dia no dudan en despreciarla tras todo lo que dejó; como una fast food más que hizo más ruido de la cuenta. No cabe ninguna duda que la saturación y las campañas de las multinacionales acaban ganándose el desprecio no solo de los anti cultura de masas, sino de la propia masa a la que iba dirigido el márketing.
“Titanic” fue un éxito arrollador del que se podrían escribir libros. Su lista de récords es interminable (primera película en superar el billón de dólares a nivel global, primera en aguantar 16 semanas en el número 1 de la taquilla americana, película más taquillera, con diferencia sobre la segunda, de la historia del cine, más cara de todos los tiempos, película más con más Oscars(11) que ninguna otra salvo el “Ben Hur” de William Wyler; película más vendida en video, película cuya banda sonora se convierte en la más vendida de la historia……). Son números y cifras que impresionan tanto como el impacto sociológico que supuso. Quien más y quien menos vió la cara de Leonardo DiCaprio(convertido en ídolo púber muy a su pesar, tras labrarse un respeto de buen actor por parte de la crítica)en todas las revistas de quinceañeras , de cine y de cualquier cosa y quien más y quien menos escuchó la archiconocida y melosa canción interpretada por Celine Dion. La gente se tiró literalmente a las calles para ver la película una y otra vez, y la muerte del protagonista congelado al final del film fue una especie de catársis mundial. Todo esto acaba produciendo empacho y es muy normal que la película de James Cameron ocupe hoy el primer lugar de películas insoportables y odiosas. Lo que no se sabe aún es como la afectará el tiempo tras esta fiebre de odio que sufre hoy día.
La mayoría de detractores de la película se centra siempre en su historia melosa y tópica,en sus diálogos baratos y en lo manipulador de sus emociones. Sin embargo, y aunque resulte extraño, la película y el propio fenómeno en sí tienen mucho de rareza dentro del tópico. Díganme cuántas superproducciones románticas en la historia del cine se han centrado en dos adolescentes. ¿Acaso eran Rhett Butler y Scarlett O’Hara dos crios?¿acaso lo eran el Humphrey Bogart y la Ingrid Bergman de “Casablanca”?.”Titanic” es el amor juvenil elevado a la enésima potencia de la superproducción más hiperbólica. Y es que la película es la HIPÉRBOLE con mayúsculas en todos los sentidos, empezando por el propio nombre. Si no recuerdo mal,hay algún que otro crítico que clasificó en su día la película como una suerte de resumen del cine americano y hollywoodiense. No es mala teoría, habida cuenta de la cantidad de películas que parecen ser referencia para James Cameron. Cualquiera que la analice puede ver referencias claras a “El acorazado Potemkin”( esas masas enloquecidas contra las clases opulentas que sí pueden salvar sus vidas en lo que consituye el más raro ejemplo de marxismo dentro de una superproducción de Hollywood),”Metrópolis”(el agua como elemento natural que acaba con las vidas de miles de personas y se acaba convirtiendo en el mea culpa de los creadores indirectos de la tragedia, aquellos que creían desafiar al mar y a la naturaleza, en este caso),”Ciudadano Kane”(ese desayuno entre Rose y Cal lleno de reproches),”El resplandor” de Kubrick(esos pasillos iluminados en los que se presiente la muerte), o, sobre todo,”Lo que el viento se llevó”(el primer plano picado de Jack mirando a su amada al pié de la escalera al igual que el Clark Gable de “Lo que el viento..”, el corsé que la madre de Rose aprieta como símbolo de represión o la grúa de Cameron sobre los cuerpos de miles de personas ahogándose que recuerda al paso de Escarlata por la estación llena de soldados heridos). Todas esas referencias van apoyadas en una simbología que, si bien es facilona, tiene el don de la síntesis en todos los sentidos. Cameron da una visión coherente del cine espectáculo y de la propia vida en su “titánico” resumen: los ricos ignorantes y sin más cultura que la del poder y el dinero bien podrían ser los elitistas de Hollywood que niegan a Cameron ser un buen cineasta porque no pertenece a esa élite que estudió cinematografía y que se pretende más sabia(Cameron llegó a ser camionero antes que director de cine; es fácil sentir su empatía por los pobres con sensibilidad artística como Jack). Muchos ven en la película, no sin algo de razón, algo de homenaje a los Estados Unidos (el Titanic zarpa desde Europa hacia Estados Unidos con la consabida “muerte” metafórica de los ricos aristócratas y la victoria moral, que no material, de la plebe ). Este punto tiene algo de razón y es bien cierto que en cierta forma en eso se basa el ideario americano, pero creo que el alcance de esta metáfora es universal.

Con respecto a la simbología de la película podríamos decir que ésta es elemental pero no por vana. El limón en la taza de té del capitán Smith mientras reflexiona sobre continuar o no con la misma velocidad, el plano subjetivo del personaje de Rose viendo una madre que enseña a su pequeña como sentarse y colocarse la servilleta o la estatua de la libertad que la protagonista observa hacia el final del filme tras cambiarse deliberadamente el nombre con objeto de que crean que ha muerto, son símbolos cargados de efectividad y de sensibilidad en algunos casos. Por no hablar de la primitiva emoción que suscita la película , y que creo es el motivo de un éxito tan gigantesco(el fundido encadenado de la anciana Rose cabizbaja, con los restos del barco hundido que de nuevo se quedan solitarios y oscuros tras subir los navegadores consigue en apenas dos segundos una poesía que Oliveira u otro director menos comercial tarda en conseguir dos horas )


Formalmente, la película es prodigiosa. Ejemplos los hay a montones desde el principio al final, pero destacaré los innumerables puntos de vista de la cámara en las primeras tomas del barco en alta mar(imposible de olvidar el trávelling aéreo general y hacia atrás que nos muestra todo el barco) o durante el hundimiento; la forma de dar paso a los flashbacks viendo el espectador el cambio de presente a pasado o viceversa, con una transformación total en lo que me parece una sabia utilización de los efectos digitales(el plano secuencia subjetivo del final de la película , es decir, el “alma” de Rose bajando al barco oxidado y moribundo que de repente se transforma en su lugar de descanso eterno, es algo que jamás habíamos visto y que posee una grandeza emocional extraordinaria); los planos generales del hundimiento(frente a la manía del actual Hollywood con los planos cortos y montaje acelerado que hacen que uno no se entere de nada) o la sabia utilización de la cámara lenta para producir emoción junto con la elegíaca y magnífica banda sonora de James Horner(si la película fuese realmente tan mala como claman algunos, Cameron utilizaría dicha música durante todo el metraje como acostumbran a hacer las más horrendas producciones del Hollywood comercial).

Habría que hablar ahora de las interpretaciones y el resultado seguiría siendo bueno. Kate Winslet está extraordinaria como la típica heroína “Cameron” que empieza siendo débil y acaba siendo toda una superviviente(sus ojos hablan mucho más que los diálogos manidos de la película) y Leonardo DiCaprio, aunque el guión le dé menos cancha y no demuestre que es el mejor actor de su generación como sí palpamos en otras películas más pequeñas que ésta, también lo está como joven héroe que sabe vivir la vida como hay que vivirla(la secuencia de su entrada a la cena de primera clase, en la que sabemos cada cosa que pasa por su cerebro sin que diga una sola palabra, un gran ejemplo de su capacidad como actor). No me olvido, por supuesto, de una magnífica Gloria Stuart en el papel de anciana ni tampoco de la algo más forzada interpretación de Billy Zane (aunque si aplico mi teoría de película con espíritu de cine mudo, su exagerado villano no estaría del todo fuera de lugar y me recordaría a actores como John Gilbert)Tampoco de gente como Victor Garber en el papel de diseñador del barco o de Bernard Hill como capitán. Sus pequeñas interpretaciones ayudan a hacer grande la película(imposible olvidarlos en los momentos de la catástrofe, ambos resignados, moral y literalmente hundidos de distinta forma). Hasta el mismísimo Billy Wilder (“odiador” confeso de esta película) llegó a reconocer en una entrevista antes de morir que los dos protagonistas estaban muy por encima del guión. ¿Qué habría sido de esta película protagonizada por dos estrellas (en mi opinión carismáticas pero mediocres interpretativamente hablando) como Tom Cruise y Julia Roberts?

Aunque durante mi último visionado(y ya van unos cuantos) de la película, traté de olvidarme del enorme fenómeno que supuso e intenté verla con la mente bien abierta y sin prejuicios, no puedo evitar contrarrestar algunas cosas que se le han criticado. Frente a los que proclaman hiriente la simplicidad de la historia de ricos malvados y pobres buenos, tengo que decir que entra dentro de la lógica de la película. La película es muda en su alma. Esto queda claro desde las primeras imágenes sepia del barco con las que se abre la película y, al igual que el cine de Griffith, los malos son muy malos ,los buenos muy buenos y el amor es puro e inocente (¿de que otra forma lo habrían hecho ustedes si se trata de dos adolescentes enamorándose?, ¿acaso pretenden que se enamoren hablando de Platón?). Esa inocencia de otros tiempos más ingenuos y más dados al romanticismo que los de ahora está clara en el espíritu del film. El espectador es como Brock Lovett, el cazatesoros cínico de los 90 que comprende lo que fue el Titanic a través de la historia de amor juvenil de una anciana en los años 10. El mensaje está claro: el que quiera “sentir” la película que se deje el cinismo de estos tiempos en casa (ni Griffith ni el cine mudo eran cínicos tampoco). Por supuesto, he de reconocer que hay cosas en la película que me irritan al igual que a todo el mundo(el diálogo de la pareja antes del choque contra el iceberg, algunas frases que son demasiado “hollywoodienses” o Cal intentando matar a Rose y Jack, algo que creo está fuera de lugar en el guión) pero, incluso en la manía de su director por hacer que la película sea en algunos momentos puro cine de acción(Jack y Rose salvando a un niño, encerrados tras una puerta que no abre o corriendo por pasillos repletos de agua) hay coherencia con respecto a una filmografía en la que el cine de acción ha sido el protagonista.

Sí, “Titanic” puede no ser perfecta, pero los mínimos errores que, bajo mi punto de vista, pueda tener, se quedan en nada ante su espectáculo, ante su tono elegíaco. Digan lo que digan, nunca habíamos visto una película igual. ¿Cuántas imágenes de la película se quedan grabadas en la memoria como iconos imborrables?,¿ cuántos momentos son realmente grandes bordeando el ridículo en el que caen las superproducciones más efectistas y “baratas” de Hollywood?. Hace falta algo más que dinero para lograr eso. La película tiene la grandeza y la simplicidad de la pureza del cine; del no basarse en los diálogos sino en la emoción, como si Griffith la hubiese rodado en aquél fatídico 1912 con algo del cine de Eisenstein (prueben a verla en color sepia, olvidando los diálogos, como si éstos estuviesen puestos mediante cartelitos, y comprobarán que éste no es sino un épico mudo con todo lo que el cine es en esencia). El tiempo dirá cual es su lugar en la historia del cine pero me pregunto si, en realidad, no habría sido mejor que la película no hubiese tenido tanto éxito. Estoy convencido que la reconoceríamos mucho más como una de las películas más estimulantes de los últimos años, y no como una equivocada fantasía para chiquillas en edad de merecer( su mensaje es positivo, no me importaría que éstas lo tomen como ejemplo a seguir)..¿Para qué queremos que el cine parezca real y nos quejamos del artificio de “Titanic”? Pues yo digo lo que decía Blanche DuBois en “Un tranvía llamado deseo:”Yo no quiero verdad, quiero magia”(y siempre que veo “Titanic” la tengo….).

VALORACIÓN:

Trailer largo de la película