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Almería, desierto de Tabernas, año 2002. Texas Hollywood es un polvoriento poblado del Oeste donde hace ya décadas que no se ruedan películas. Allí malvive Julián, un veterano especialista de cine que está de vuelta de todo. A su lado trabajan otros marginados y nostálgicos sin remedio: Cheyen, el pistolero cobarde; Manuel, el doble temerario; Arrastrao, el jinete sin suerte; Ahorcado, el colgado triste; Enterrador, el italiano gafado; Don Mariano, el dueño del poblado… y media docena de gitanos disfrazados de indios. Todos ellos se ganan el sustento recreando patéticas escenas de acción para los escasos turistas guiris que visitan la zona. De la noche a la mañana, las existencias de estos pobres diablos dan un vuelco de ciento ochenta grados con la aparición de Carlos, un niño que asegura ser nieto de Julián. Mientras la abuela del crío, Rocío, se desespera en su nuevo chalet de dos plantas, su madre, Laura, una ejecutiva agresiva, decide enfrentarse de una vez por todas a los fantasmas del pasado. Para ello cuenta con el apoyo incondicional -e interesado- de su socio Scott, un tiburón de las finanzas. A partir de este punto sin retorno, las heridas mal cicatrizadas se combinan con la especulación inmobiliaria en una tormenta tragicómica de imprevisibles consecuencias. ¿Serán suficientes 800 balas para defender una forma de vida basada en la más pura de las fantasías cinematográficas?