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Jumanji se estrenó justo 10 años después que Los Goonies, en 1995. Eran los noventa y todavía no se ha empezado a mitificar esa década. Llevamos unos años muy liados con los ochenta y seguimos. Los Goonies se convirtió de repente en la mejor película preadolescente de la historia. Irrepetible excepto para J. J. Abrams (ahí está Super 8). Y sin embargo, si hablamos con testigos de aquel estreno, realmente no significó demasiado ni para el público, ni para la crítica. Lo que pasa es que ahora crecemos más tarde, estamos encallados en la nostalgia y las consecuencias son sobrevalorar todo lo que pertenezca a nuestra infancia o incluso antes.

Este efecto no ha llegado a contagiarse, al menos todavía, a los jóvenes espectadores de los noventa aunque Jumanji ya sobrevuela en el imaginario del millenial nacido a partir de 1985 como un peliculón de aventuras irrepetible. Cuando claramente no es así. Ni supuso un taquillazo desmesurado, ni el público la considero obra magnánima de su género. Pero por lo que sea la nostalgia ennoblece su recuerdo ¿Qué ocurre entonces cuando Sony Pictures lanza el primer tráiler del reboot de esta cinta, Jumanji: Bienvenidos a la Jungla? Pues que el público original monta en cólera. Pero es que esta vez el caso es muy grave. Porque no es que Hollywood haya cogido un clásico para adaptarlo al nuevo público, véase Star Wars Episodio VII El despertar de la fuerza o Jurassic World, que le pese a quién le pese ésta es una revisión tan maravillosa que perfectamente puede estar a la altura de la original. No. Es que han cogido Jumanji, se han aprovechado de su logo, de su imagen y un poquito de su planteamiento inicial para hacer una cosa totalmente ridícula, innecesaria y boba, muy boba.

Cuando salió el tráiler en muchos puntos del planeta se pudo oír el llanto de toda una generación.

Hay una sensación de estafa porque para esta revisión se han violado todas las reglas del filme original con la finalidad de hacer algo peor. Y eso pasa porque en Hollywood no tienen miedo a las ideas originales, les tienen pavor.

SE BUSCAN DIRECTORES SIN MIEDO

Antes de estrenar Star Wars con el gran público George Lucas se la puso a sus amigos. Brian De Palma le dijo: “Esta es la peor película de la historia”. Y lo cierto es que Lucas tampoco estaba para nada convencido, él pensaba que iba a ser un auténtico fracaso. El director era un outsider de Hollywood y su película era muy personal con mil referencias de varios géneros que a saber cómo le iba a entrar al público. Tanto miedo tenía que el día de su estreno se fue de vacaciones con Steven Spielberg a Hawaii. Se enteró del éxito cuando vio por la tele las inmensas colas que se formaron alrededor de los cines.

Su Star Wars marcó un punto de inflexión en la industria junto con Tiburón o E.T.  Hollywood se sostenía gracias al valor de una panda de directores con ideas ni buenas, ni malas, solo nuevas y a una industria que decidió invertir en ellos. Hollywood jugaba al acierto y error, buscaba el dinero pero también alimentaba la creatividad. Hoy, sin embargo, la industria del cine estadounidense huye de las ideas originales.

A Hollywood le da más tranquilidad seguir apostando por las secuelas, los reboots o los remakes de marcas ya establecidas y con un mínimo de garantía -aunque en varios meses hayan acumulado fracasos taquilleros de la talla de Alien, La momia o Transformers– que ofrecer su dinero a directores con universos propios.

Es como si en el estreno de Star Wars, Hollywood fuera Lucas y en vez de volver a Los Ángeles se hubiera quedado para siempre en Hawaii.

Hollywood es Paramount, Sony, Warner Bros, 20th Century Fox, Universal o Disney, pero para hacerlo más fácil pensemos en Hollywood como un pobre viejo a punto de morir.

CONTEMPLAR LA MARAVILLA

Volver a contemplar la maravilla o recuperar el mojo, pero hay que hacer algo porque Hollywood se muere. Este viejo ya está cansado para arriesgar. Sabe que Marvel garantiza buena cantidad de dinero sin demasiados quebraderos de cabeza y el camino ya está marcado desde hace tiempo… Hay proyectos para una década. A este viejo le interesan valores como Star Wars, El planeta de los simios o La bella y la bestia, películas que si han gustado antes… ¿por qué no han de gustar ahora? Incluso se atreve con títulos como Blade Runner, odiados en su momento y convertidos en culto después.

¿Y cómo lo consigue este viejo? ¿Cómo consigue mantener esa imposición de la nostálgica, ese régimen totalitario del entretenimiento basado en adaptaciones o revisiones? Utiliza a los directores más brillantes para su propio beneficio. Ponen a J. J. Abrams, claro heredero de Spielberg, a comandar Star Wars, a Jon Favreau para dirigir El libro de la selva, a Zack Snyder para darle vida a Superman y ahora incluso a un tipo tan brillante, tan buen director, tan Alfred Hitchcock como Denis Villeneuve le ponen a hacer Blade Runner. Él encantado, claro, a un reto tan grande es difícil negarse, y los fans también, por supuesto, en mejores manos no puede estar su obra predilecta pero… ¿dónde está el truco?

En adormecer a la audiencia. Amamantarla con productos que ya conoce. Darle su chute de nostalgia. Por eso es tan importante volver a contemplar la maravilla. La industria del cine es muy joven pero ya se puede adivinar que los ciclos son de unos cuarenta años. El nuevo Hollywood llegó en los 70 para romper con un clasicismo encorsetado y hoy los protagonistas de esa rebelión cultural son los culpables del embudo artístico. Estamos a punto de vivir otra eclosión de talentos que decidirán el devenir de la industria. Talentos como Jeff Nichols, Steve McQueen, Jordan Peele, Damien Chazelle o Edgar Wright, que ahora estrena Baby Driver, la película que probablemente se convierta en el fenómeno de las vacaciones.

Al viejo le quedan dos telediarios.