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ConfessionsPrimer título con serias posibilidades de premio en el Festival de Sitges de este año: Confessions, del japonés Tetsuya Nakashima, es una dura y controvertida cinta acerca de la venganza y de los errores por parte de padres y profesores en la educación de las nuevas generaciones.

Conviene saber lo menos posible del argumento de Confessions, pero basta con apuntar que la cinta comienza con una profesora acusando en medio de la clase a dos de sus alumnos de 13 años de la muerte de su hija pequeña. A partir de ese momento se nos va desgranando un guión algo enrevesado, con muchas capas y giros, pero que al final del metraje da la sensación de estar medido a la perfección. Jugando en todo momento con una moralidad muy dudosa, la película corre el peligro constante de caer en un discurso demagógico y fascista, aunque finalmente consigue evitarlo.

El director, a través de largos monólogos, logra imprimir un buen ritmo a la película gracias a unas hermosas imágenes (que quizá abusen en ocasiones del uso de la cámara lenta) y a una excelente banda sonora que incluye temas de conocidos grupos de rock indie como Radiohead. Los actores son creíbles en todo momento, a pesar de las extremas situaciones que viven sus personajes, y hay que hacer una mención especial a todo el plantel de intérpretes adolescentes, que se mueven con soltura alrededor de temas tan conflictivos como el bullying y las enfermedades de transmisión sexual.

Por desgracia, las posibilidades de que sea nominada en la próxima ceremonia de los Oscar son bastante escasas, debido precisamente a los elementos comentados: un guión enrevesado y una temática dura y controvertida.

La otra película a concurso que se pudo ver ayer, la uruguaya La casa muda, cinta de fantasmas rodada en un sólo (falseado) plano secuencia, comienza de forma lenta pero aceptable, con los típicos fallos de una obra primeriza y barata, pero también con algunos aciertos, hasta que llega su ridículo desenlace y se derrumba el castillo de naipes.

Fuera de concurso, la película más destacada fue Carne de neón, segunda película de Paco Cabezas, basada en su corto homónimo. Se trata de un Guy Ritchie a la española, muy divertida, macarra y exagerada a la que, quizá, le sobren 15 minutos, pero que nos ofrece unas interpretaciones de reparto memorables: mucho cuidado con Vicente Romero y Dámaso Conde en los Goya. Y sobre todo con la gran Ángela Molina.

También se proyectó fuera de concurso, tras el Premio Honorífico al actor francés Vincent Cassel, su última película: Notre jour viendra. Dirigida por Romain Gavras (hijo de Costa Gavras) se trata de una curiosa cinta acerca de cómo las minorías (en este caso los pelirrojos; sí, como suena) deben romper con las barreras que les oprimen a través de la violencia. Cassel está enorme, pero la película resulta difusa.

Finalmente en Noves Visions pudimos ver lo último de Hideo Nakata (Ringu): Chatroom, thriller juvenil británico acerca de la manipulación en la era del 2.0. Contiene algunas ideas sugerentes y tiene su punto perturbador, pero no termina de despegar en ningún momento, por lo que se olvida al poco de verla.