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Pasado el ecuador del festival, parece que el ritmo está aflojando un poco. De la Sección Oficial pudimos ver la solvente peli de aventuras Black death y un chiste finlandés que retuerce el mito de Papá Noel (Rare exports: A Christmas tale). Pero ...

SuperPasado el ecuador del festival, parece que el ritmo está aflojando un poco. De la Sección Oficial pudimos ver la solvente peli de aventuras Black death y un chiste finlandés que retuerce el mito de Papá Noel (Rare exports: A Christmas tale). Pero lo más divertido vino con el pase fuera de concurso de Super, lo último de James Gunn (Slither), gamberrada a lo Kick-ass con una espectacular Ellen Page.

El inglés Christopher Smith es un conocido ya del festival, dónde presentó hace 6 años su ópera prima, Creep. Tras sorprender el año pasado a los amantes del género con la notable Triangle, en esta ocasión opta por un título más convencional, ambientado en una Edad Media asolada por la peste negra y protagonizada por un grupo de salvajes mercenarios que son enviados por la iglesia a un pueblo perdido para cumplir una misión.

Se nota que Smith ha contado con un presupuesto holgado. La sucia ambientación y recreación histórica no tienen pega, pero no es nada que no hayamos visto recientemente en títulos como el Robin Hood de Scott o El rey Arturo. Su descarnado tratamiento de la violencia, aunque es de agradecer, no aporta nada nuevo tras cintas recientes como Centurion. En suma, aparte del buen hacer de actores como Sean Bean y John Lynch, la película entretiene pero no ofrece ninguna aportación diferente al género.

Más original desde luego es el punto de partida de Rare exports: A Christmas tale, cuento infantil finlandés muy bien rodado, con dinero, una fotografía destacable y una excelente banda sonora. La película nos plantea la posibilidad de que Papá Noel existió realmente, pero en realidad se trataba de un demonio que se encargaba de castigar a los niños malos y que los lapones consiguieron enterrar en la base de una montaña. Ahora un rico norteamericano quiere desenterrarlo, sin ser consciente de las consecuencias que puede acarrear.

Por desgracia el desarrollo de la película es bastante mediocre y, aunque se trate de una cinta infantil en el fondo, la pátina oscura que el director Jalmari Helander le ha querido imprimir hace que sea demasiado fuerte para los niños y demasiado pueril para los adultos. Eso sí, el chiste final es antológico, pero no justifica los 75 minutos anteriores, sin excesiva tensión ni gracia. El público de Sitges, de todas formas, parecía bastante entregado en la proyección por lo que quizá logre sacar algún premio.

Finalmente fuera de concurso se pudo ver Super, la nueva película de James Gunn. Al igual que Slither (La plaga), ésta adolece de una falta de foco. Parece que Gunn quiera tocar muchos palos: comedia indie gamberra, crítica religiosa, humor escatológico, parodia de gangsters… en un mix que no termina de cuajar en su primera mitad. Pero en cuanto aparece el personaje de Ellen Page y la película se desmelena, sube muchos enteros. De hecho, si la Academia no tuviese tanta alergia al género fantástico, la joven actriz merecería aspirar a una nominación al Oscar como mejor actriz secundaria. Pero está claro que eso es pedir un imposible.