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La Berlinale ha concluido entregando el Oso de Oro a la película turca Bal (Miel), de Semith Kaplanoglu, y premios de plata al nuevo cine de Rumanía y Rusia; además, se ha rendido al ausente Roman Polanski con el premio al mejor director por The Ghost Writer.

La triunfadora, Bal, es una película hecha de silencios y sobre la figura de un niño que sólo habla con fluidez, a susurros, con su padre, el resto es tartamudeo o mutismo. Un buen día, el padre queda suspendido al quebrarse la rama de un árbol de la que se colgó para recoger la miel de sus colmenas, a merced del zumbido de las abejas.

Polanski, que permanece en arresto domiciliario en Suiza por su deuda pendiente con la justicia de EE UU ha sido aclamado por la solidez de su filme, en el que el escritor de las memorias del ex -primer ministro británico pasa a descubrir una trama sobre los secuestros de la CIA en Irak. “De haber podido, tampoco habría venido a Berlín a recoger el premio. La última vez que fui a un festival a buscar un premio acabé en la cárcel”, ha dicho Polanski en un mensaje leído por Alain Sarde y Robert Benmussa en la gala.

El jurado, presidido por Werner Herzog y con la actriz René Zellweger y el productor español José María Morales, recompensó asimismo la película del joven realizador rumano Florian Serban Eu cand vreau sa fluier (Si quieres silbar, silbo). El filme de Serban, rodado en una sórdida cárcel de menores rumana e interpretada, a excepción de los protagonistas, por muchachos del penal, se llevó el Gran Premio Especial del Jurado y además el Alfred Bauer en memoria del fundador del festival.

La Plata a la mejor actriz ha sido para la japonesa Shinobu Terajima, por su desgarrador papel en el durísimo film Caterpillar, de Koji Wakamatsu, como abnegada esposa de un soldado japonés que regresa de la guerra sin brazos ni piernas, decidido a que siga siendo su esclava sexual puesto que sí le quedaron los genitales.

La Plata al mejor actor la han compartido el dúo de actores formado por Grigoru Dobrygin y Sergei Puskepalis en Kak ya Provel etim letom (Cómo terminé este verano), la película de Alexei Popogrebsky que discurre en el círculo polar ártico. La confrontación entre el joven inexperto que todo lo rompe y el iracundo trabajador de la estación ártica que aspira a volver a casa, tras años entre hielos, es la base de una película que se sustenta en ellos y el maravilloso espectáculo del paisaje polar. Esta cinta, primera rusa en la Berlinale en muchos años, ha ganado otra Plata a la mejor contribución artística por el trabajo de su cámara, Pavel Kostomarov.

La Plata al mejor guión ha sido para Wang Quan’an por Tuan Yuan. De vacío se han ido el amplio contingente de cine escandinavo y restantes cinematografías del corazón de Europa.

La Berlinale se ha clausurado con una ceremonia sobria, tras una edición de cumpleaños empañada por la parca presencia de grandes astros. En diez días de festival, el máximo representante de Hollywood sobre su alfombra roja fue Leonardo DiCaprio, con una la película fuera de concurso, Shutter Island, de Martin Scorsese. Lo más mediático no fueron ni las estrellas ni el cine actual, sino la proyección del mítico Metrópolis de Fritz Lang de 1927 ante la Puerta de Brandeburgo, a varios grados bajo cero y bajo la nieve, en versión restaurada sobre una copia casi íntegra hallada dos años atrás en el Museo del Cine de Buenos Aires.