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El 21º Festival de Málaga. Cine en español se inaugura pasado por agua con el cuarto largo de Mateo Gil como director, tras la interesante Proyecto Lázaro, un drama futurista en el que abordaba la criogenización, el miedo a la muerte y el alcance del amor, que por desgracia tuvo poca repercusión en la cinematografía del año pasado, y el western crepuscular Blackthorn, aparte de su intachable trayectoria como guionista de las mejores películas de Alejandro Amenábar. Las leyes de la termodinámica es un artificio resultón y elevado que se embrolla y pierde hacia la mitad de la cinta y cuya conclusión lamentablemente tira hacia lo convencional.

Vito Sanz es Manel un joven doctorando de física que con su tesis de que las leyes de la termodinámica también se pueden aplicar a las relaciones humanas y sobre todo a las amorosas vertebra la película. Manel, en una relación aparentemente equilibrada con Raquel (Irene Escolar), tiene un choque a cuatro bandas con otras tres personas en una plaza de Barcelona. De ese encontronazo él saldrá perdidamente enamorado de Elena (Berta Vázquez), una modelo con vocación de actriz y por la que rompe con Raquel, y su amigo Pablo (Chino Darín), un ligón empedernido, liga con Eva (Vicky Luengo), pasional, insegura y celosa. Las dos parejas, la de Manel y Elena en primer plano y la de Pablo y Eva en segundo, sirven a Manel como exposición y argumentación de su tesis científica hasta que la realidad se la desmonta por completo por reduccionista y manipulable.

Con estos mimbres Gil construye una comedia romántica en la que precisamente lo mejor es toda la exposición de las leyes de la termodinámica aplicadas a las relaciones, pero da la sensación de que no la ha llevado hasta las últimas consecuencias o que para resolver el lío en el que se había metido así lo resuelve por el lado más facilón (¿la física no lo explica todo?). Además los cuatro personajes principales no despiertan ninguna empatía (tampoco ayuda la elección de los actores): Manel es un obsesivo compulsivo con tendencias autodestructivas y un ego como un camión; Elena es de una superficialidad pasmosa; Pablo es un canalla muy poco querible; y Eva, encarnada por la mejor actriz de los cuatro, es un personaje irritante y quisquilloso. Para rematar, la película tiene un tufillo de resentimiento vengativo que se traduce en una misoginia difícil de soslayar.

Aun así, Las leyes de la termodinámica se ve con interés y curiosidad. Mateo Gil es un guionista que siempre apunta alto, ambicioso y con muchos valores como la originalidad y el riesgo a la hora de escoger temas y tratamientos. En esta, la exposición de las leyes, a modo de un documental científico narrado con la voz de José María del Río, el habitual de los documentales de la 2, se sigue con interés y curiosidad, aunque a la larga se hace un poco cansino y hay momentos a lo largo del metraje que parece que Gil se olvida de él. Queda la sensación de que podría haberle sacado mucho más partido a la idea. Tiene además momentos muy divertidos, como el montaje en paralelo de las rupturas o cuando juega al multiperspectivismo. Y se agradecen los momentos de autocrítica de los personajes de Manel y Pablo, que hacen que se salgan un poco del estereotipo que los describe.

Es un comienzo algo decepcionante para esta edición del festival, que sobre el papel parece que va a depararnos alguna sorpresa.