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La tarde comenzaba con un plato curioso: Demon, del tristemente desaparecido director Marcin Wrona, es una propuesta polaca en la que el trasfondo del holocausto y el peso de la historia familiar juegan un papel crucial. Un chico y una chica a punto ...

La tarde comenzaba con un plato curioso: Demon, del tristemente desaparecido director Marcin Wrona, es una propuesta polaca en la que el trasfondo del holocausto y el peso de la historia familiar juegan un papel crucial. Un chico y una chica a punto de contraer matrimonio reciben en herencia unas vastas tierras donde edificar la que será la casa de sus vidas… hasta que él encuentra restos humanos bajo la tierra. A partir de ahí, un espíritu demoníaco hará acto de presencia en la boda para cambiar la vida de todos los invitados. Nada es lo que parece en esta historia pausada, intimista, de corte netamente europeo en la que, como un Ángel Exterminador, sus personajes, ebrios de las propias circunstancias, comienzan a perder los papeles. Quizá algo áspera para una sesión tan temprana, pero desde luego con interesantes propuestas.

La segunda película de la tarde era uno de esos títulos que se esperan como agua de mayo: Jeruzalem, de los hermanos Paz, prometía grandes risas entre el respetable con una propuesta, a priori bastante interesante que podría dar una cinta cuanto menos curiosa. Pues bien, no ha sido así. Las risas sí, obvio, ya que el públuco de la Muestra es agradecido, pero la película es un desbarre absoluto de forma y fondo, con personajes desquiciados, situaciones absurdas y resoluciones delirantes en la ciudad antigua de Jersusalén. Dos chicas viajan a Israel en busca de la famosa noche de Tel-Aviv, pero terminan visitando Jerusalén para acabar siendo víctimas de una pesadilla bíblica. Un nuevo ejercicio de found footage que, como muchos, se ciñe lo justo al formato, copia recursos, planos y tramas sin pudor y termina en una absurda mascletà de revelaciones a cada cual más ridícula. Un despropósito de proporciones bíblicas.

La penúltima película de la tarde era la vuelta a la gran pantalla del ex Monty Python Terry Jones con Absolutamente todo, una comedia romántica con tintes fantásticos bien resuelta, ocurrente y divertida cuya mayor baza es su reparto de voces: desde el elenco completo de los Monty Python (incluido Eric Idle) hasta el tristemente desaparecido Robin Williams, que pone voz al perro de la película. Con una trama sospechosamente similar a otras películas, Simon Pegg se desenvuelve entre el gag físico, visual y de guión desplegando todo su potencial y brillando por encima de un reparto que no tienen ninguna función más que de comparsa. Correcta, divertida y formulaica.

El plato fuerte del día es High-Rise, la última película de Ben Wheatley, que ya pudimos ver en San Sebastián y en Sitges. Adaptación de la novela Rascacielos, de J. G. Ballard, y con un reparto que incluye a Tom Hiddleston a la cabeza y a Sienna Miller, Luke Evans, Elisabeth Moss y Jeremy Irons en el reparto, la cinta es una profunda reflexión sobre la sociedad actual y el futuro ambientada en un rascacielos en un futuro indefinido. Brillante en su ejecución y en su dirección, no solo tiene un reparto en estado de gracia, si no que todo el apartado técnico brilla especialmente para hacer de este mundo ideal edificado hacia el cielo un sueño que se convierte en pesadilla. Una elección perfecta para clausurar una edición de la Muestra que nos ha traído cintas con un nivel más alto de media y que ha apostado acertadamente por diversificar la programación para atraer a más público. Una decisión más que acertada para hacer de la Muestra una cita aún más relevante para mucha más gente. Veremos qué nos depara el 2017.