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El Festival de San Sebastián ha arrancado hoy con un programa doble francés tan dispar como irregular. Dispar hasta lo antitético en todos sus términos: en la ambición, en la forma y en el fondo, en el sesgo y hasta en la cuestión de género.

La película inaugural, que se proyectará esta noche tras la ceremonia de apertura, es La doctora de Brest, la única cinta de la sección oficial dirigida por una mujer, la francesa Emmanuelle Bercot. Curiosamente, la anterior cinta de Bercot, La cabeza alta, inauguró el Festival de Cannes en 2015 y, encima, ella se llevó el premio a la mejor actriz por Mon roi (ex aequo, recordemos, con Rooney Mara por Carol). Conviene rescatar esta parte de su biografía para comprender por qué un largometraje como La doctora de Brest abre un festival como San Sebastián.

La cinta es, sencillamente, poco interesante. Enésimo acercamiento al retrato del hombre solitario luchando contra el sistema que tan excelsamente cultivó Frank Capra y que actualizó con tanto acierto Steven Soderbergh en Erin Brockovich, la película no aporta nada nuevo. Cierto es que tampoco lo pretende, lo que de alguna forma le redime de su pecado. La historia es la de una sencilla médico de Bretaña que detecta cómo un medicamento que se receta para calmar el apetito tiene fatales consecuencias para el corazón. Como no puede ser de otra forma, la medico lucha hasta la extenuación para derrotar a la industria farmacéutica que trata de acallarla con sus burócratas y la complicidad del orden público.

Tampoco podemos decir que Bercot maneja con soltura los recursos de, recurriendo a la comparación insoslayable, Sodergergh: ni parte de un guión tan preciso (coescrito por la propia directora), ni su montaje es tan hábil ni termina de utilizar bien la música como adjetivadora de la narración. Lo único que funciona sin tacha en la cinta es su protagonista, Sidse Babett Knudsen, la actriz danesa que hizo las delicias de los seriéfilos con Borgen y que insufla vida y credibilidad al personaje central y carga sobre sus hombros todo el interés del espectador. Quizá sea esta la razón de que La doctora de Brest pueda verse sin disgusto y, aún más, logre encontrar a su público, porque lo tiene.

20160916orpheline

Francés como su predecesor en la mañana, Orpheline es el quinto largometraje de ficción del director Arnaud des Paillères, una historia sobre las vueltas de la vida y la lucha contra el determinismo social a través del retrato de cuatro mujeres en diferentes etapas de la vida, cuatro mujeres que en realidad son la misma. La directora de un colegio, casada y en tratamiento de fertilidad, recibe la inesperada visita de una mujer que acaba de salir de la cárcel, que la llama por otro nombre y que le reclama un dinero que se entiende como producto de un robo. Esta visita cambia su vida por completo: la policía va a buscarla a su casa justo después de enterarse de que por fin está embarazada. En este punto, Des Paillères alterna los retazos de la vida actual de Karine (o Renée, como se llama en su nueva vida) con fragmentos de su pasado a diferentes edades: con veintitantos años como Sandra, cuando conoce a esa mujer que va a visitarla; en la adolescencia, como Karine, mientras vive con un padre maltratador, del cual intenta escapar arrojándose a los brazos de hombres mayores; y en la niñez, como Kiki, cuando un juego infantil se convierte en tragedia.

Vemos a las muy diferentes Sandra, Karine y Kiki luchando una y otra vez por escapar de la vida para la que parece predeterminada y cayendo una y otra vez en malas compañías que parecen sumergirla en un hoyo aún mayor, en un mundo violento y hostil en el que las emociones y el sexo se han convertido en moneda de cambio, reflejado a través de tópicos de la dominación machista (el viejo que desea a la jovencita inocente, el amor lésbico, los pechos femeninos que casi se convierten en símbolo de cada tipo de hombre que los toca o contempla). Sandra/Karine/Kiki piensa que la mejor manera de salir adelante es utilizando esos instrumentos de dominación en su beneficio sin caer en que así se hace más dependiente y está más atrapada.

Aunque la narración pueda parecer confusa, con esos saltos temporales en los que la mujer protagonista cambia de nombre e incluso de apariencia física (las diferentes actrices que la interpretan), esa aparente desorientación es reflejo de la que siente Renée, siempre en una huida hacia delante, incluso en el viaje que su marido le propone como liberación, como manera de empezar una nueva vida; a la larga, la historia queda clara y la intención aún más. A lo largo de la vida somos diferentes personas con diferentes motivaciones, y para avanzar realmente hay que dejar a cero las cuentas con el pasado.
Fernando de Luis-Orueta / María Pérez