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El cine español ha saltado ya la arena en la segunda jornada del Festival de San Sebastián. Manuel Martín Cuenca compite con El autor unos años después de haberlo hecho con la desasosegante Caníbal. Sin la pulcritud de esta, su nueva película plantea un interesante vericueto a través del proceso de creación (literaria). Basada en la novela de Javier Cercas, rebusca en los límites que separan la realidad y la ficción con insólitas consecuencias.

Javier Gutiérrez incorpora -¡y cómo!- a un aspirante a escritor casado con una mujer que acaba de publicar un best-seller de pacotilla. Su obsesión con llegar a ser un auténtico autor pone en jaque su matrimonio y su trabajo y se encierra en un piso vacío donde dedicarse a escribir. Pero no bastan las ganas: necesita una inspiración que no llega. Por fin, siguiendo los consejos del profesor de un taller de escritura -un desbordante Antonio de la Torre- se fija en sus nuevos vecinos: una portera oronda y amargada -extraordinaria Adelfa Calvo-, un matrimonio inmigrante en apuros económicos y un viejo militar franquista retirado. Ellos son la inspiración perfecta para su libro, sólo necesita manipularles un poquito para hacer avanzar su historia.

Con alma de comedia negra, El autor escarba en una propuesta siempre interesante, que en muchos momentos inquieta e incluso asombra. Asistimos entre divertidos y horrorizados al espectáculo de degradación de este hombre y su capacidad para eliminar toda barrera moral que se interponga entre él y su libro. Sólo el dolor por su matrimonio roto parece hacer mella en este recién estrenado canalla sin escrúpulos.

Pese a todo, la película se resiente de un ritmo irregular que tan pronto reclama toda la atención del espectador como le sumerge en pasajes descriptivos cuando no contemplativos. El desenlace custodia un brillante giro final que logra poner las cosas en su sitio, pero viene rematado a su vez por un epílogo innecesario. Con todo, El autor se vislumbra ya como un título imprescindible en el palmarés de este año.

Afectada espera

Otra escritora inspira la cinta francesa La douleur, basada en una novela autobiográfica de Marguerite Duras en la que narra la espera de la escritora durante la II Guerra Mundial en el París ocupado al regreso de su marido, detenido en una operación contra la Resistencia y enviado a un campo de concentración.

Emmanuel Finkiel, director y autor del guión, ha sido incapaz de renunciar a los textos de Duras y ha inundado su película de pasajes de la novela leídos en off por su protagonista, la delicada Mélanie Thierry. El resultado es una cinta afectada y plomiza que nunca llega a volar por derecho propio. Y eso que tiene muchos aciertos.

Rodar en 2017 una película de nazis plantea un reto imposible: resultar original, ante la imposibilidad de ser novedoso. El último en conseguilo fue László Nemes con El hijo de Saúl, de la cual La douleur se convierte en orgullosa deudora. Nemes nos heló la sangre con esa puesta en escena de los hornos crematorios y el río de cadáveres enfocando el cogote del protagonista dejando el horror desenfocado en el resto de la imagen. Algo así hace Finkiel centrándose en Marguerite y dejando en la nebulosa el París ocupado que se recrea, aún así, con fastuosa precisión.

Sus dos horas bien cumplidas de duración transmiten la desesperación de la espera, un tema siempre agradecido. El cine nos ha enseñado ambas vertientes: la del combatiente que regresa a casa (desde Salvar al soldado Ryan a Los mejores años de nuestra vida) y, con menos frecuencia, la de quien aguarda en el hogar, como en uno de los mejores pasajes de Lo que el viento se llevó o en algunos western. La douleur engrosa con honor esta lista, pero un poco menos de rimbombancia le hubiera venido bien.