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La película estrella, por doble motivo, de la tercera jornada es Handia, la segunda película de Jon Garaño (Loreak), que esta vez codirige junto a Aitor Arregi. Y es doble el motivo porque se estrena en su país, en su tierra, y utiliza mil referencias a la cultura vasca entre las que se encuentra el gran motor de la película: el gigante de 2,50 m que, según cuentan, vivió en los montes guipuzcoanos a mediados del siglo XIX.
En Handia, un casero viudo y con problemas económicos tiene que elegir a uno de sus hijos mayores (Martín y Joaquín) para que se vaya a luchar en la Primera Guerra Carlista, mientras que el otro ha de quedarse con él para ayudarle en las labores de labranza. Martín tiene que abandonar su vida para irse al frente y descubrir la dureza de la batalla, para volver completamente distanciado de la vida que previamente había llevado y, además, con un brazo inútil que le impide incorporarse a la vida de caserío con normalidad; Joaquín, entre tanto, no ha dejado de crecer físicamente desde entonces, convirtiéndose en un gigante de más de dos metros, que además no deja de crecer.
Martín se ve atrapado en un mundo que quería abandonar, y ve posibilidades en la explotación circense de la estatura de su hermano. Así, ambos hermanos, acompañados de un feriante, inician un periplo primero por los pueblos, después por el resto del país y más tarde por el mundo, que les reporta grandes beneficios económicos y sobre todo una unión que se demuestra fuerte cuando las cosas se tuercen.

El resultado es una fábula con una impecable factura, con imágenes realmente bellas y poéticas, y con varias capas de lectura, sobre la imposición de la realidad que desbarata los sueños, la capacidad de adaptación frente a la necesidad de buscar nuevos horizontes, la esencia del héroe que es capaz de sacrificarse por los demás, y también sobre el inexorable paso del tiempo y los avances hacia una modernidad que deja atrás costumbres, mitos y supersticiones. Es verdad que no cala tan hondo como Loreak, y que algunas referencias pueden resultar algo crípticas, pero es una más que digna competidora de una sección oficial que a estas alturas ya se puede definir como flojita.

En sección oficial, pero como proyección especial, ha pasado Au revoir là-haut, de Albert Dupontel a partir de una novela ganadora del premio Goncourt. Con tono y estética de fábula, ‘Hasta vernos allí arriba’, que sería su traducción literal, cuenta la serie de catastróficas desdichas en las que se ve envuelto un contable madurito enviado a filas en la Primera Guerra Mundial que traba amistad con un joven que pierde la mandíbula en la última batalla.

Con un elenco de campanillas encabezado por el propio director, la película nos arrastra a una aventura con ribetes de folletín en un mundo estilizado al estilo de Jean-Pierre Jeunet. Una película redonda y hasta con lacito. Muy disfrutable.