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Ayer comenzó la 43ª edición del Festival de Cine de Sitges con la presentación en la gala inaugural de la segunda película de Guillem Morales: Los ojos de Julia. Producida por Guillermo del Toro, se trata de un absorbente ejercicio de género que be...

Los ojos de JuliaAyer comenzó la 43ª edición del Festival de Cine de Sitges con la presentación en la gala inaugural de la segunda película de Guillem Morales: Los ojos de Julia. Producida por Guillermo del Toro, se trata de un absorbente ejercicio de género que bebe de muchas fuentes, de Hitchcock al Giallo, y con auténtico tour de force de Belén Rueda que merece, al menos nominación al Goya este año.

Con una impresionante fotografía de Óscar Faura y un excelente sonido (se trata de la primera película española preparada para proyectarse en Dolby 7.1) la película consta de dos partes bien diferenciadas: la primera se centra en la investigación de la protagonista acerca de la muerte de su hermana gemela en extrañas circunstancias. La segunda parte, cuando la película muestra todas sus cartas, apuesta por la tensión pura y dura y nos regala varias imágenes para el recuerdo.

Hay que mencionar también el impecable trabajo de Pablo Derqui, más que posible candidato a mejor secundario en los Goya. Pero lo mejor de la película es el ritmo que sabe imprimirle Guillem Morales, un director que, tras la balbuceante El habitante incierto, demuestra que se conoce a la perfección las reglas del género. Su dirección de actores es magnífica y sabe en todo momento cuáles son los movimientos de cámara óptimos para cada secuencia.

Dentro de la Sección Oficial del Festival, pudimos ver Kaboom, la última película de Gregg Araki (Mysterious Skin), una intrascendente cinta centrada en la bi-curiosidad universitaria de comienzos de este siglo, en el que nos comunicamos constantemente por chat y por móvil, aunque aún guardemos tiempo para experimentar entre las sábanas. Protagonizada por el televisivo Thomas Dekker (Las crónicas de Sarah Connor), los primeros dos tercios son disfrutables, sexys, con secuencias que consiguen hacernos gracia y calentarnos como Araki sabe hacer. Pero en la recta final al director se le cruzan los cables y decide apostar únicamente por una trama de sectas y ocultismos varios que hacen que la película desbarre y pierda el norte sin remedio. Una lástima.

También pudimos ver la francesa Captifs, en la sección Panorama, nuevo intento del cine de terror francés que en esta ocasión no ofrece nada nuevo. El tráfico de órganos en Yugoslavia sirve como excusa para una sucesión de momentos tensos que, salvo en 2 ocasiones, no llegan a sorprender. La primera mitad es aburrida y los efectos de maquillaje mediocres. En Noves Visions vimos la coreana Possessed, con algún susto efectivo, pero una segunda mitad lenta y sin interés. Su mezcla de catolicismo con folclore coreano resulta difícil de asimilar. Y finalmente, la más destacable, en Dark Ficcions, vimos The life and death of a Porno-Gang, atrevida y durísima cinta serbia sobre un grupo de artistas porno que se ven involucrados en el negocio de las snuff movies. Tiene una interesante premisa, imágenes impactantes y una visión muy deprimente de Belgrado y alrededores. La segunda mitad pierde ritmo y se alarga demasiado, pero es una experiencia bastante interesante.