Hemos enviado la contraseña a su correo electrónico.

20100423aLa competición de este Festival de Málaga llega hoy a su fin con la proyección de Circuit, de Xavier Ribera Perpiñá, la película que ha provocado más deserciones de la sala en esta edición, y Una hora más en Canarias, una comedia bastante graciosa de David Serrano pero que no termina de despegar. Mañana a las 11 se anunciará el palmarés.

Empecemos por el segundo título. A Serrano se le conoce más por sus guiones que por sus cintas como realizador: Días de cine y Días de fútbol pasaron más o menos desapercibidas, mientras que El otro lado de la cama y su secuela, realizadas por Emilio Martínez Lázaro, funcionaron como un tiro en taquilla. Seguramente por ello, en busca de un éxito comercial que aún se le resiste como director, se ha dado un guión que mezcla comedia y números musicales siguiendo la pauta de estos dos títulos.

Obsérvese que decimos comedia y números musicales y no comedia musical porque en Una hora más en Canarias las canciones ni vienen a cuento ni se las espera, así que cuando entran el espectador agradece enormemente que sean cortitas. La razón por la que no funcionan es bien sencilla: la película viola las normas más elementales del musical. Primero, las canciones tienen que hacer avanzar la trama y no detenerla. Y dos, hay que saber identificar los momentos dramáticos que requieren de un número musical para su resolución. Nada de esto ocurre, así que Serrano se ha debido encontrar en la sala de montaje con que le estorbaban. Solución: una se ha quedado fuera y el resto se ha reducido a la mínima expresión. Para esto hubiera sido mejor, sencillamente, prescindir de ellas.

Sobre todo porque la historia es simpática, los chistes funcionan y el reparto está, en términos generales, muy bien en sus papeles. A grandes rasgos, cuenta la historia de un cuarteto sentimental entre un joven (Quim Gutiérrez, que está muy payaso, en el mejor sentido del término) que sueña con montar un chiringuito en una playa canaria, su novia (Miren Ibarguren, à la Penélope Cruz de Woody Allen), su exnovia (Angie Cepeda, a la que se le da mucho mejor la comedia que el drama) y la hermana de ésta (Juana Acosta, los ojos más bonitos de Colombia). También aparecen por allí su madre (infalible Isabel Ordaz), su tía (Kiti Manver) y un músico de poca monta (segundo trabajo de Eduardo Blanco en este festival). El desarrollo de la trama es la típica comedia de enredos, que avanza a buen ritmo y que mantiene muy bien el tono. Es una pena que el final llega de forma un poco atropellada. De todas formas, ojalá sea éste el éxito comercial que busca tanto su director, porque pese a los errores, la simpatía de la película lo merece.

Previamente se ha proyectado Circuit, la tercera película de Xavier Ribera Perpiñá, que ha sido acogida por la prensa aquí acreditada con –digamos– estupor. Su inclusión en la sección oficial a concurso juega totalmente en contra de un largometraje que, como los anteriores de su director, busca una sello de autoría aplicando al cine el clásico el método científico de ensayo y error. Y en eso estamos: en el error. Tenía que haber sido programada en la paralela Zonacine, donde quizá se hubiera entendido mejor. En la oficial, en cambio, salta a la vista su desesperada búsqueda por un tono personal y, más aún, su incapacidad para encontrarlo. A fuerza de descomponer la narración, el argumento queda tan desdibujado que nunca llega a cuajar ni a despertar el interés del espectador. Es difícil explicar de qué se trata porque no se entiende bien. Algo que ver con varias historias de amor, un fotógrafo en crisis, su musa y un motorista profesional retirado por una lesión. El peso de la estética –los actores tratados como modelos, la fotografía desaturada hasta reducirla a una trama de grises, la planificación ciertamente rebuscada- la enfría hasta la congelación. Y, en general exhala un tufillo a moderneo que hace difícil la digestión.

Hora, pues, de las quinielas. Como dijimos ayer, Bon appétit y Héroes son, en opinión de este cronista, los dos títulos buenos de este festival. Entre ellas deberían repartirse los premios a la mejor película, director y guión. Se oyen también comentarios favorables sobre Rabia, una película de género en la que no suceden suficientes cosas como para mantener la tensión; y de Planes para mañana, una traslación demasiado fiel del cine de Iñárritu.

De los actores sería justo ver a Andrés Gertrudix con su poderoso y medido Fernando de El idioma imposible o el increíblemente cómico Quim Gutiérrez de Una hora más en Canarias; a la fragilísima Ana Labordeta de Planes para mañana o la complejísima Nora Tschirner de Bon appétit. Entre los secundarios sería un delito dejar de lado a Concha Velasco (Rabia) y a Alex Brendemühl, impecable tanto en Rabia como en Héroes. Mañana a las 11 de la mañana saldremos de dudas.