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El cineasta francés Eric Rohmer ha muerto esta mañana en París a los 89 años, según ha anunciado la productora de sus películas, Margaret Ménégoz. Rohmer es autor de decenas de filmes que retratan el comportamiento humano: El rayo verde (1986) y la tetralogía de Cuento de verano (1996), Cuento de otoño (1998), Cuento de primavera (1990) y Cuento de invierno (1992).

Nacido en la ciudad de Nancy en 1920 como Jean-Marie Schérer, su verdadero nombre, era uno de los principales representantes de la Nouvelle Vague. Rohmer fue profesor y luego se dedicó al periodismo, primero como editor en la Gazette du Cinema en los años cincuenta y después en Cahiers du Cinema, donde llegó a ser jefe de redacción durante seis años.

En esa época Rohmer rodó varios cortometrajes, y firmó trabajos de experimentación carentes de montajes. En 1957, junto a Claude Chabrol, escribió Para estudiar a Hitchcock. Su primer largometraje, Le signe du lion, data de 1959. Desde este film, Rohmer se propuso mantener una temática sobre sus historias. Dirigió un conjunto de películas a las que bautizó Six contes moraux (Historias morales). Las dos primeras eran mediometrajes: La boulangère de Monceau (1962) y La carrière de Suzanne (1963). Con Ma nuit chez Maud (1968) captó por fin la atención de la crítica internacional.

Despues se apartó de ese camino con filmes como La marquesa de O (1976) y Perceval le Gallois (1978), muy diferentes al resto de su filmografía. En los ochenta comenzó su segunda serie de filmes titulada Comédies et proverbes, que constaría de siete películas, destacando La femme de l’aviateur (1980), Pauline en la playa (1982) y El rayo verde (1986). La última de sus series temáticas es Contes de quatre saisons (Cuentos de las cuatro estaciones), entre los que destaca Cuento de otoño (1998), de gran éxito mundial.

La característica más marcada en los filmes de Rohmer es la busqueda del realismo, trabajando la conducta humana. Sus protagonistas reflexionan con el espectador, van y vienen sin cerrar sus historias. Simpleza narrativa, técnica y frescura hacen que este director estuviera en el siglo XXI aún vigente, y su calidad, intacta.