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Robert Altman, uno de los grandes nombres propios del cine estadounidense de los últimos 40 años, ha fallecido en Los Ángeles a los 81 años. Siete veces candidato a los Oscar (por M.A.S.H., Nashville, El juego de Hollywood, Vidas cruzadas y Gosford Park), en la ceremonia del año pasado recogió el premio honorífico de la Academia por toda su brillante carrera.

“He sido muy afortunado en mi carrera. Nunca he dirigido una película que no escogiera. Mi amor por la cinematografía me ha introducido en el mundo y en la condición humana”, dijo al recibir el reconocimiento de Hollywood, una industria ante la que él siempre se resistió.

Su prolífica carrera comenzó en 1957 con una película de bajo presupuesto llamada The Delinquents en su Kansas natal. No tuvo gran éxito pero le sirvió de pasaporte a Los Ángeles donde consiguió trabajo como director de algunos capítulos de series televisivas como Alfred Hitchcock presenta o Bonanza. El golpe de suerte definitivo le llegó cuando le propusieron dirigir una película sobre un equipo médico de EE UU en la Guerra de Corea. Desde luego no había sido la primera opción: 15 directores declinaron la oferta antes que él. Pero finalmente M.A.S.H. se convirtió en un gran éxito de taquilla y supuso la primera candidatura a los Oscar de Altman.

Sin embargo, lejos de plegarse al siguiente encargo, Altman empezó a escoger libremente sus proyectos, abordando sus propios temas y sin poner mayor atención en los resultados económicos de sus proyectos. Esta personal carrera ha dejado títulos tan notables como Un largo adiós, Nashville, El juego de Hollywood, Vidas cruzadas, Prêt-à-Porter, Kansas City o Gosford Park.