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'Waltz with Bashir'

Waltz with Bashir va a ser uno de los títulos más comentados de
esta edición de los Oscar. Es la película propuesta por Israel para
competir por el premio a la mejor extranjera; es también aspirante en
la categoría de largometraje de animación -y la única rival posible
para Wall·E-; y se ha quedado fuera del apartado de mejor
documental por una cuestión de procedimiento. Pero es, sobre todo, una
cinta sobre el papel de Israel en la matanza de palestinos en Sabra y
Chatila en 1982.

Una noche en un bar, un viejo amigo cuenta al director Ari que tiene una pesadilla recurrente en la que le persiguen 26 perros. Cada noche, el mismo número de animales. Los dos hombres llegan a la conclusión de que tiene que ver con una misión que realizaron para el ejército israelí durante la primera guerra con el Líbano a principios de los años ochenta. Ari se sorprende ante el hecho de que no recuerde nada de ese periodo de su vida. Intrigado, decide ver y hablar con viejos amigos y antiguos compañeros dispersados por el mundo entero. Necesita saber la verdad acerca de ese periodo y de sí mismo. Ari escarba cada vez más y sus recuerdos empiezan a reaparecer mediante imágenes surrealistas…

Proyectada con enorme éxito en Cannes y Toronto, Waltz with Bashir es uno de los grandes títulos en la sección principal del Festival de Cine de Nueva York, que se acaba de inaugurar. Precisamente, ha sido su participación en este certamen lo que le ha dejado fuera de la carrera por el Oscar al mejor documental: la Academia acepta en esta categoría cintas de animación, pero desde este año exige que todos los largos que aspiren a este premio se hayan exhibido comercialmente durante una semana en Nueva York y Los Ángeles, antes del 31 de agosto. El productor de Bashir tuvo que elegir entre el Festival y el Oscar y se quedó con el primero.

En cambio, sí competirá por los Oscar a mejor película de animación y mejor película extranjera. Es la misma apuesta que el año pasado resultó tan frustrante para Persépolis: dibujos animados sobre otro foco del conflicto de Oriente Próximo. La principal diferencia entre una y otra -dejando de lado los méritos artísticos- es quién la presenta a concurso: Persépolis, sobre el Irán de los ayatolás, era la candidata de Francia; Waltz with Bashir, sobre una matanza perpetrada por Israel, es la candidata de Israel. Esta circunstancia, en una industria cinematográfica en la que el lobby y el dinero israelíes tienen una influencia definitiva, va a marcar a buen seguro la suerte de la película. Si para bien o para mal, es algo, por el momento, impredecible.

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