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200909252

TÍO OSCAR arranca aquí un análisis de las opciones de las tres películas seleccionadas por la Academia para ganarse la designación española para los Oscar, que se anunciará el próximo martes. Mapa de los sonidos de Tokio, de Isabel Coixet, es la apuesta más original. Protagonizada por Rinko Kikuchi y Sergi López, dibuja cual turbulento kaiten-zushi (restaurante de barra giratoria de sushi) una experiencia cinematográfica que reta a todos nuestros sentidos.

Una asesina a sueldo cae en la red del deseo de un hombre enamorado de su fallecida ex-novia. Ambos se ven envueltos en un fascinante delirio emocional exquisitamente pintado y sonorizado. La cinta abre con una reunión de negocios, un cuadro visual fascinante y una excusa para retratar la perversión masculina. Varias mujeres occidentales desnudas y tumbadas soportan en sus pechos y vientres piezas de sushi mientras los ejecutivos de un lado y otro del mundo se entregan al alcohol. La terrible noticia de la muerte de la hija de un jefazo japonés desata su furia contra la gratuidad de la estampa que presencia. Empieza a construirse el mapa de los sonidos.

Isabel Coixet, una impulsiva e incisiva arqueóloga de los sentimientos más escondidos del ser humano, ya se había prestado a la tortura emocional en Mi vida sin mí o a la angustia sentimental en La vida secreta de las palabras. Mapa de los sonidos de Tokio recoge la desazón humana y la pone a funcionar en un escenario distinto, Tokio, donde la ininteligibilidad adquiere una tonalidad fluorescente y las reglas cambian de acera según la calle que pisemos. Su retrato de Japón es muy interesante. Lejos de poner a su protagonista en el cruce de Shibuya (sí, va por ti, Sofia Coppola) las localizaciones son cuidadosamente elegidas a favor de la historia, no hay nada gratuito en su selección. Casi no vemos ningún tourist spot salvo el famoso mercado de pescado de Tsukiji. Tokio se convierte en un pequeño teatro, adornado por rojos, azules y oscuros, en los que Coixet desgrana la sordidez con absoluto dominio.

Un gran acto de valentía es abandonar a su protagonista a merced de una actriz japonesa, con lo que eso conlleva. No es una interpretación fácilmente descriptible. Rinko Kikuchi supura sus sentimientos frágilmente haciendo uso de todos los recursos faciales y sonoros de su propia sociedad. Una soberbia actuación que no todo el mundo entenderá en Occidente por la cantidad de claves locales. Verla comer el mochi de fresa mirando a la ventana es un deleite. Si la película fuera objeto de una campaña en EE UU tendría suficiente enjundia para darle a Rinko otra candidatura al Oscar.

'Mapa de los sonidos de Tokio'Pero sin duda lo mejor de esta película es el viaje sensorial a través de todos esos kissa, ryokan, love hotels y paseos entre los neones de la ciudad. Tokio se lo pone fácil a Jean Claude Larrieu, el director de fotografía. Su infinistismo luminiscente es para quedarse prendado con una cámara, y el efectivo diseño de producción también bebe del kitsch más extravagante de los sótanos de Akihabara y el eclecticismo de Asakusa. Y en los sonidos, como dice la cinta, entre esos pequeños espacios entre edificio y edificio, se nos cuela una banda sonora fantástica con versiones en japonés de clásicos como La vie en rose que nos teletransportan a una realidad alienígena pero cercana. Por último, lo mejor, el propio sonido. Premio especial en Cannes, y no es nada de extrañar, su propuesta de recoger determinados sonidos para retratar emociones es preciso y sublime. El sonido de las chicharras en el cementerio en verano (qué japo eres Coixet) o esas vocales largas en las conversaciones de las limpiadoras de pescado, todo está medido, y es perfecto. Un trabajo de sonido que sencillamente merecería un Oscar y que es obra de Aitor Berenguer.

Pero no todo es mochi de fresa. Sergi López, designado para hacer de ese macho cabrío español (perdón, Isabel, catalán) herido, no logra convencer y ensucia el conjunto con su retrato facilón de baka extranjero. Sergi no tiene morbo por mucho que a Coixet le parezca que sí. En cuanto a las palabras, el guión es ligero y su ritmo correcto aunque he de decir que claramente sobran escenas. Los dos reprises del love hotel son reiterativos (salvo esa fantástica conversación sobre el speech). También he de reprocharle como nihongofan cierto gafapastismo en determinadas secuencias. Es verdad que uno pasea por Japón y se encuentra frikadas, es parte de su encanto. Pero subrayarlas sólo para que llamar la atención del espectador occidental y sin que esto contribuya a la historia me parece fácil. Planos como el paraguas del perro, los zapatos fashion, el sonido de los ramen (qué tópicazo), las terapias grupales en Odaiba o la misma mujer maceta son innecesarias. Y no sólo le sobran bizarradas, también escenas como la temática de la autoescuela o la reunión de negocios (menudo gatillazo).

Tampoco se entiende el inglés de Ryu (Kikuchi). No es creíble que una limpiadora de pescado, por muy asesina a sueldo que sea, hable inglés tan bien sin al menos haber vivido cinco años en California. Porque en Japón no habla inglés ni el Kiko. Así que también sobra el ayudante de la tienda, quien le roba todo el morbo masculino en cada plano a Sergi López. Reproches aparte, entendo que estas cosillas son el peaje para hacer más digerible y exótica a una producción de cara a su comercialización.

Con todo, es un encomiable trabajo. Coixet hace un retrato bello, preciso y original de la urbe nipona. Un ejercicio de emoción femenina en los límites de la infelicidad. [Y desde aquí mis mil perdones por mis palabras del podcast (que muchos interpretaron iban dirigidas a Isabel, cuando en realidad pensaba más en aquella hija de un gran director echado a perder]. Mapa de los sonidos de Tokio es un film muy vendible, con suficiente encanto para cautivar a los académicos. También tiene potencial interpretativo (Kikuchi) y una puesta en escena fascinante (su fotografía, dirección artística y sonido son magistrales). Lo que no acaba de cuadrar es cómo una película que está hablada en buena parte en inglés va a esquivar la descalificación.