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Hace un año, J.J. Abrams concedió una entrevista a Fernando de Luis-Orueta para un reportaje que se publicó en la revista Citizen K. Extractamos aquí las preguntas sobre Perdidos que surgieron a lo largo de aquella conversación, cuya transcripción completa permanecía hasta ahora inédita. TÍO OSCAR comienza así su cobertura especial con motivo de la emisión final de Lost, una serie que se ha convertido en la primera ficción global de la historia.

J.J. Abrams: Pregunta: Podría decirse que la sorpresa, los giros inesperados, el “what the fuck!” se ha convertido en el sello de la casa.
Respuesta: [Ríe] Es cierto que, hasta cierto punto, me gusta contar historias que están llenas de idas y venidas, de momentos que resulten totalmente inesperados. Pero lo cierto es que todas las historias son diferentes. A M. Night [Shyamalan] le pasó que después de hacer El sexto sentido, todo el mundo esperaba que sus siguientes películas contuvieran un inmensa sorpresa final. Pues no. Cada historia tiene sus peculiaridades, unas son mucho más sencillas, más basadas en los personajes; otras más cómicas, etcétera. La respuesta es que las películas tienen que resultar emocionantes y emotivas, con aventuras, acción, pero no tratar de ajustarse a un molde anterior, sino simplemente ser fieles a sí mismas.

P: Hitchcock creó la teoría del macguffin y usaba uno en cada una de sus películas, pero es difícil llevar la cuenta de cuántos han metido ustedes en Perdidos.
R: Sólo se trata de que una serie de televisión, por su duración prolongada en el tiempo, tiene que basarse en más de una cuestión. El caso más famoso de una serie que sólo se basaba en un asunto es Twin Peaks, que por muy maravilloso y emocionante que resultara quién mató a Laura Palmer, una vez resuelta la pregunta no le quedaba nada que contar. Eso es algo que siempre nos ha preocupado a mí, a Damon [Lindeloff], a Carlton [Cuse] en Lost.

P: Durante las tres primeras temporadas fue muy celebrada la narración en flashbacks, pero es que añadieron luego flashforwards y todo tipo de quiebros en la línea temporal.
R: Damon y Carlton están haciendo este tipo de cosas porque, claro, a partir de cierto punto necesitas encontrar nuevos territorios en los que hasta ahora no has estado. Pero no es un esfuerzo consciente de estar haciendo algo así. Es agradable escuchar eso, pero en realidad sólo prentendimos hacer algo divertido. Es más el análisis del trabajo que el proceso de trabajo. Lo hemos hecho en Star Trek, en Fringe, en Lost: intentamos cada día hacer nuestro trabajo lo mejor que podemos, contar una historia como mejor podemos. No nos paramos a observarlo diciendo: “Este giro va a suponer una nueva forma de contar la historia”.

P: Pero es que en el caso de Lost han ido aún más lejos. Se han saltado a la torera la norma sacrosanta de la televisión: no hacer nunca un jumping the shark (ese giro de la trama que los espectadores rechazan por estar fuera de toda lógica y que provoca el desplome de las audiencias). Es más, buena parte de Lost consiste en hacer un jumping the shark tras otro.
R: Damon y yo, cuando escribimos en episodio piloto de Perdidos, hicimos un jumping the shark al final del tercer acto, cuando sacamos al monstruo. O en Alias, con ese artefacto de una enorme bola flotante. Nuestra idea siempre es hacer algo que sea una idea loca, imposible, que nos haga saber desde el principio de qué estamos hablando. Me gusta empezar con algo extremo, lo más chocante posible, pero en realidad sólo responde a nuestro deseo de hacer algo divertido y ameno.

P: Otra de las constantes en la serie es dejar atrás el límite entre los genéros.
R: Me encanta el drama clásico. Una historia con corazón y emociones, al tiempo que con acción. Para mí lo mejor es mezclarlo. Me gustan los dramas puros, o las comedias puras, pero cuando combinas los géneros el resultado es una historia mucho más sabrosa. Por ejemplo, adoro la película Un hombre lobo americano en Londres (John Landis, 1981), porque es increíblemente divertida, trata sobre la amistad, tiene una gran historia de amor, una música extraordinaria, es genuinamente aterradora, tiene unos efectos especiales alucinantes y vista hoy en día aguanta fenomenal el paso del tiempo. Me encantaría volver a hacer drama, hacer una serie como Felicity o una película como A propósito de Henry, partir de personajes que son increíblemente humanos, profundos, emotivos y, muchas veces, gente dañada, y contar su historia a través del género fantástico, de terror, supernatural. Ésa es mi opción favorita.