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Ha nacido una generación nueva, la de Hannah Baker. "¿Quién ha matado a Laura Palmer?" será sustituida por "¿Por qué se suicidó Hannah Baker?" Y todo esto gracias a una narrativa capaz de convertir material televisivo en pura droga.

Cuando el espectador ve por primera vez a Hannah Baker grabar la cara A de la primera cinta de su diario con aspiración vengativa y estilo de obituario es muy fácil pensar en Dale Cooper grabando con su voz el extraño comportamiento de los habitantes de Twin Peaks.

En las cintas de Hannah se describen personajes muy confusos y muy equivocados. Entre ellos hay buenos y malos y también un auténtico monstruo, como en Twin Peaks. Y mientras los conocemos la serie va construyendo un espacio claustrofóbico, el instituto… Igual que en Twin Peaks. En las cintas de Dale, al mismo tiempo que presenciamos su propia excentricidad, somos testigos de la clase de personas que viven en esta ciudad ficticia, todas ellas con secretos inconfesables que en mayor o menor medida tienen relación con el asesinato de Laura Palmer. Los mismos secretos, o parecidos, que se van desvelando  en Por 13 razones: abusos, alcohol, sexo y apariencias.

Además de eso Twin Peaks también trata el tráfico de drogas, la corrupción o la infidelidad de la misma forma que Por 13 razones es una maravillosa propuesta para aprender algo sobre la paternidad, la amistad o la educación.

Por 13 razones es una droga. Y de la dura. Cuando uno comienza el primer capítulo no puede seguir con su vida hasta que acaba el último. 13 razones por las que Hannah Baker se ha quitado la vida, cada una es una persona y él, Clay Jensen, un nerd que nunca ha hecho daño a nadie, que es dulce, honesto, comprensivo, tímido e inteligente, es una de esas razones. ¿Cómo demonios no vas a engancharte a una serie con esta premisa? El 8 de abril de 1990 ocurrió lo mismo, Cooper llegaba a Twin Peaks y se ponía a trabajar en el caso de una joven de belleza angelical, un ejemplo para la comunidad, la niña mimada de sus padres que había sido asesinada en extrañas circunstancias.

La clave es el morbo, claro. El impulso que nos hace mirar a través de la cerradura. Eso sí, una cosa es verlo y otra muy distinta actuar, que es precisamente lo que no hacen todos los alumnos del instituto en el que Hannah Baker sufre acoso. Nos gusta mirar pero no que se sepan nuestros secretos que es lo que ocurre en la serie producida por David Lynch y también en la producida por Selena Gómez, todo el mundo sabe algo pero nadie dice nada.

La serie de Netflix ha sido todo un fenómeno mundial. La más tuiteada de 2017. El tema estrella de las terrazas primaverales. De lo que se habla en los institutos, en los trabajos, en las conversaciones de whatsapp… Y se habla, sobre todo, de si es o no una serie necesaria, si es bueno o malo que la vean los adolescentes. Si deben o no ponerla en los colegios, si hemos fracasado como sociedad, si nadie habla de los problemas mentales de la protagonista, si este tipo de acoso nos rodea y no nos damos cuenta… De si la violación se ha normalizado para los adolescentes en según qué tipo de circunstancias.

Twin Peaks también hablaba de la condición humana de y nuestro fracaso como sociedad pero no era tan oscura y sin embargo, era muchísimo más abierta, como indica Henar Álvarez en su fantástico artículo ‘Por trece razones’, el fenómeno adolescente pinta a las chicas peor que ‘Twin Peaks’:

“…Presenta al personaje de Laura Palmer como una adolescente modélica y a medida que avanza la investigación de su asesinato descubren que se droga, se prostituye y que tiene varias relaciones sentimentales y sexuales cuestionables para el populacho. Nada de esto resta un ápice de sensación de injusticia a la historia: a ojos del espectador Laura Palmer sigue siendo una víctima que no merecía nada de lo que pasó.”

Los que habéis visto Por 13 razones sabéis que a Hannah Baker se le acusa de cosas que no ha hecho, y por esos rumores la llaman puta… Pero el caso es que si las hubiera hecho ese acoso sería igual de injusto y en la serie no queda del todo claro.

Pero Hannah Baker no es Laura Palmer por compartir asuntos de ética social o moralidad. Hanna Baker es Laura Palmer porque ambas son protagonistas de dos series que han puesto patas arriba la narrativa de la ficción televisiva mediante trucos de guión y gracias a esa galería de personajes pintorescos con nombres fáciles de memorizar entre los que hay tantos paralelismos.

En Twin Peaks Cooper recogía pruebas para el caso…

En Por 13 Razones Clay ya las tenía todas en el primer capítulo…

David Lynch y Mark Frost decidieron romper con las series que se hacían hasta ese momento. Se trataba de ser hostiles con la televisión popular, reinventar el género y darle clase. Para ello lo único que tenían que hacer era coger a Cooper y rodearle de un montón de personajes con oscuros secretos. De esta forma abordaron el tema fundamental de la obra de Lynch, la naturaleza oculta que se esconde bajo el manto de la normalidad. Cooper iba recogiendo pruebas y asimilando el suceso mientras hablaba con cada habitante de Twin Peaks. Mientras, el espectador iba conociendo más a todos los personajes de esta ciudad, sus miedos, sus frustraciones, sus pasiones, sus deseos ocultos… El thriller se convertía en culebrón y el culebrón se convertía en comedia negra y la comedia negra en surrealismo… Y al final daba exactamente igual quién había asesinado a Laura Palmer porque el espectador ya estaba enganchado a las tramas del resto de personajes.

Una de las escenas más sublimes y que mejor resumen el tono innovador de esta serie es, precisamente, el entierro de Laura Palmer.

Y así fue como cambiaron las series de televisión. Sin Twin Peaks no habría The Sopranos, Perdidos o Juego de Tronos. Así de sencillo. En Twin Peaks está todo, incluido Por 13 razones.

Sin embargo, y aunque es pronto para decirlo, Por 13 razones ha conseguido  algo realmente fascinante con la narrativa de las series de televisión. El gancho está claro: ¿Cuál será la cinta de Clay? Y sobre todo ¿Por qué está él en las cintas si es un tipo tan adorable? Todos somos Clay (aunque nadie tardaría tanto en escuchar las cintas como él). Por 13 razones mezcla sin avisar el pasado y el presente, el tiempo con Hannah y el tiempo sin ella. Esto hace que nosotros tengamos que tejer la historia mientras, al igual que ocurría en Twin Peaks, olvidar porqué estamos ahí y comenzamos a deleitarnos con las tramas de unos personajes con terribles problemas y contradicciones.

En Por 13 razones también hay una mujer del leño

¿Quién no se acuerda de la memorable mujer del leño? Ella tenía la clave de lo ocurrido en Twin Peaks. En Por 13 razones también hay alguien con un leño, un personaje que dice saberlo todo, estar en todas partes, guardar los secretos de los demás… Es Tyler Down, el fotógrafo. El acosador profesional. Él podría presentar cada capítulo como lo hacía la mujer del leño.

Evidentemente estas comparaciones hay que encajarlas con cierto relativismo porque el tono de ambas series es radicalmente distinto. Pero sirve para demostrar que la fascinación que despliegan tanto Hannah Baker como Laura Palmer tiene más que ver con lo que las rodea que con ellas mismas. Twin Peaks y Por 13 razones están construidas alrededor de un personaje femenino del que apenas conocemos sus ambiciones o sus talentos .

¿Qué diferencia a Justin Foley de Bobby Briggs? ¿O a Donna Hayward de Jessica Davis? Los roles de instituto de Por 13 razones son el reverso dramático y oscuro de los personajes febriles, exagerados y románticos de Twin Peaks?

Otra de las grandes tramas del serial de Netflix es todo lo que se cuenta alrededor de esos padres (sobre todo esa madre) que intenta vivir con el dolor de no saber por qué su hija se ha quitado la vida. Twin Peaks ya lo hizo antes, de manera más exagerada y enfermiza, con los padres de Laura Palmer. En ese caso no era  suicidio pero tampoco tienen idea de qué clase de persona era su hija cuando la mataron.

Y mientras Clay y Cooper van quitando las capas que esconden estas dos colmenas repletas de gente que no son otra cosa que reflejos nuestros. Solo cambia el género cinematográfico.

Desde Laura Palmer no existía un nombre femenino que supusiera un fenómeno tan grave en la ficción televisiva. En 2017 ha nacido una generación nueva, la de Hannah Baker.