El diseño de producción agrupa labores relacionadas con la dirección artística, la búsqueda de localizaciones, la construcción de escenografías y la creación de un universo visual propio y coherente con la narración. Por ello, las favoritas de esta categoría suelen ser las producciones históricas, un género que este año se encuentra representado por 12 años de esclavitud y, sobre todo, por el despliegue visual de El Gran Gatsby, una de las favoritas.

Las otras tres películas nominadas ofrecen una curiosa mezcla de nostalgia y contemporaneidad: el realismo espacial de Gravity, la arqueología del maximalismo reciente que propone La gran estafa americana y, sobre todo, el futurismo retro, casi inminente, de Her. ¿Lo mejor de todo? Que gane quien gane, se llevará su primera estatuilla.

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Judy Becker y Heather Loeffler  por La gran estafa americana

Judy Becker y Heather Loeffler reciben con La gran estafa americana su primera nominación al Oscar. No es, sin embargo, la primera vez que han trabajado juntas: colaboraron en Shame o en Brokeback Mountain y, en la nueva película de David O. Russell, han vuelto a unir fuerzas para dar forma a las altas esferas neoyorquinas de los años setenta. Por eso, porque hablamos de altas esferas, su trabajo se aleja del Nueva York sucio y caótico de Taxi Driver para sumergirse de lleno en la ciudad glamourosa de la era disco, de Studio 54 y la explosión del lujo. Excéntricos papeles pintados, obras de arte contemporáneo que evidencian el boom del galerismo, muebles cromados, ejercicios de interiorismo maximalista, nuevorriquismo… Becker ha declarado que se documentó a través de revistas de decoración de la época, y lo cierto es que, gracias a esta investigación, el resultado se distancia de los tópicos de los setenta y crea un mundo visual personal y excesivo, real y lleno de contrastes, que interactúa con los personajes y refleja sus conflictos dramáticos.

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Andy Nicholson, Rosie Goodwin y Joanne Woollard por Gravity

Que Alfonso Cuarón es un magnífico narrador de historias es alguien que nadie pone en duda. Lo que no suele resaltarse tanto es su habilidad a la hora de crear universos visuales autónomos y memorables. Sin embargo, esa habilidad existe, y en esta ocasión comparte el mérito con dos debutantes en los Oscar y una escenógrafa (Woollard) que se enfrenta a su segunda nominación. Juntos han logrado lo que parecía imposible: recrear el mundo de las misiones espaciales de forma realista, sobria y poética, sin atisbo de futurismo ni de ciencia ficción. De hecho, una de las influencias más claras es la de la carrera espacial de la Guerra Fría: hay ecos espaciales que remitirían a Tarkovsky o a Kubrick si no fuera porque sabemos que las aeronaves, los uniformes y las instalaciones espaciales tienen exactamente el aspecto que nos muestra Gravity. Si a esto añadimos elementos como la dificultad de rodar en 3D, la gran cantidad de efectos digitales y la enorme complejidad del rodaje, nos encontramos posiblemente ante el trabajo más abiertamente meritorio de los que compiten este año. A diferencia del resto de competidoras, Gravity sí definirá en el futuro el modo de aproximarse al espacio exterior en el cine contemporáneo. Muchas cosas van a cambiar en el imaginario colectivo después de la película de Cuarón, y ése es un mérito que pueden atribuirse muy pocas películas recientes.

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Catherine Martin y Beverley Dunn por El gran Gatsby

Las películas de Baz Luhrmann llevan el sello visual de Catherine Martin, autora de los fantásticos universos estéticos de Moulin Rouge o Australia. Para El gran Gatsby, Martin sacó la artillería pesada para recrear el esplendor barroco y ostentoso del Nueva York art déco de los años previos al crack del 29. Desde luego, no se ha quedado corta. Su trabajo es excesivo en todos los sentidos, desde la megalómana mansión de Gatsby hasta espacios dignos de un cuento de hadas, como la casita donde reside el escritor protagonista. La huella del estilo forjado en Moulin Rouge es omnipresente, aunque quizás sea uno de sus puntos débiles. Sus únicas incursiones en el realismo –los barrios periféricos, la cueva de jazz– nos recuerdan inesperadamente que el Nueva York de Scott Fitzgerald no es el París de Toulouse Lautrec y nos devuelven a la narración. Desde luego, Martin no lo tenía nada fácil para no repetirse, porque el estilo personal que forjó admirablemente en Moulin Rouge ha gozado de una extraordinaria influencia en el cine, la publicidad y la fotografía. No hay nada más difícil que sobrevivir a uno mismo, y Catherine Martin ha hecho un esfuerzo claro por lograrlo. En ocasiones le sobra estilización, pero no cabe duda de que ha llevado a cabo un tour de force que tiene muchas papeletas para llevarse el premio a casa.

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K.K. Barrett y Gene Serdena por Her

Dar un aspecto visual al futuro siempre ha sido un desafío enormemente estimulante para un director artístico. Caer en los clichés futuristas es un riesgo real y, por ello, en los últimos años hemos visto varias producciones cuyas propuestas iban desde el caos distópico hasta el steampunk. En ese sentido, la mayor virtud de Barrett y Serdena es haber sabido dar forma a un futurismo creíble en la última película de Spike Jonze. El futuro cercano imaginado por ellos tiene mucho que ver con las tendencias actuales y con una combinación muy 2013 de alta tecnología y nostalgia retro. Sin grandes aspavientos (y con más de un guiño a la estética Instagram), Her es una de las películas más abiertamente hipsters que hemos visto en los últimos meses. En ella se mezclan los muebles de madera lacada, la arquitectura racionalista, la próxima interfaz de los productos Apple y la jardinería orgánica. ¿Les parece futurista? Dense una vuelta por Dezeen y después hablamos. Precisamente por eso, Her es un fiel reflejo del modo en que concebimos el futuro a día de hoy. Lejos de utopías galácticas y apocalipsis postindustriales, el diseño de producción de Her es minucioso y detallista. Su único pecado, quizás, sea un exceso de preciosismo y de estilización que resta algo de realismo a la propuesta.

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Adam Stockhausen y Alice Baker por 12 años de esclavitud

La producción más ortodoxa de las que compiten este año viene firmada por Adam Stockhausen y Alice Baker. Para ambos supone su primera nominación, aunque cuentan con una dilatada experiencia. En el caso de Stockhausen, es colaborador habitual de Wes Anderson, y en esta ocasión ha tenido que enfrentarse a un reto muy diferente: la recreación realista de distintos espacios de Estados Unidos durante las décadas centrales del siglo XIX. Tal y como ha declarado en más de una ocasión, la dirección de producción ha estado estrechamente ligada a las distintas localizaciones: una localidad residencial cercana a Nueva York, un barco y varias plantaciones. El aspecto general de la película es rigurosamente realista, inspirado en mapas, pinturas e ilustraciones de la época, con el objetivo de recrear la vida americana anterior a la Guerra Civil. Por ello, presentaba dos desafíos: el primero se refiere a la enorme complejidad de rodar en localizaciones diferentes y de crear grandes espacios con coherencia estética. El segundo afecta al proceso de documentación, imprescindible para lograr una recreación histórica. No hay grandes alardes ni ejercicios de fantasía, sino una sólida labor inscrita en la mejor tradición del cine histórico.

Ganará: Catherine Martin y Beverley Dunn por El gran Gatsby
Debería ganar: Andy Nicholson, Rosie Goodwin y Joanne Woollard por Gravity