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Los nominados en esta categoría no tienen mucha experiencia en esto de los premios, pero los guiones que firman justifican a todas luces su presencia en ellos. Quizá sea uno de los Oscar cantados de la noche para La gran apuesta por su predominio casi absoluto durante toda la temporada en esta categoría, pero es uno de esos casos raros en que cualquiera de ellos lo merecería.

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Charles Randolph y Adam McKay por La gran apuesta

El gran favorito de la categoría es el guión de Adam McKay (2 nominaciones) y Charles Randolph (1 nominación) para La gran apuesta, también dirigida por el primero. Utilizando como base una obra de Michael Lewis (autor también de los libros en los que están basadas Moneyball y The blind side), McKay y Randolph sacan provecho de la experiencia del primero en guiones de Saturday Night Live y Funny or Die, sobre todo en los que utilizaban noticias políticas y económicas, para forjar uno de los puntos fuertes del libreto de esta película, que tiene como trasfondo la crisis económica y la burbuja inmobiliaria de mediados de los 2000. Su idea era traducir el lenguaje y las estrategias financieras en espectáculo de masas, y lo logran gracias a una indignación genuina que entronca con la del público y que no entorpece para nada su humor a ratos absurdo, a un espíritu periodístico y en cierto modo didáctico y a la mezcla poco ortodoxa con elementos pop procedentes de fuentes diversas como los vídeos musicales o los sketches televisivos. Visto su recorrido a lo largo de la temporada de premios, sería muy raro que el Oscar se escapase de las manos a estos dos primerizos.

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Nick Hornby por Brooklyn

Primerizo es un adjetivo que no se puede aplicar a Nick Hornby (2 nominaciones) que firma el guión de Brooklyn, que es uno de los autores británicos más importantes de la actualidad y cuya relación con el cine se remonta a 1997 con la adaptación de su novela Fuera de juego. En esta ocasión, el punto de partida es la novela del otro gran autor, el irlandés Colm Tóibín, una obra llena de sutilidad, sensibilidad y claridad. Hornby transforma esa sutilidad de la obra original en un drama robusto y de emociones contundentes con los temas fundamentales de la nostalgia y el progreso, y utiliza tres personajes (incluso cuatro: la hermana, la mujer del barco, el amor italoamericano y el pretendiente irlandés) como símbolos que les dan cuerpo, voz y poderosa presencia. Las emociones de la protagonista y sus relaciones con estos personajes son las que encauzan sus decisiones, sus deseos y sus necesidades y las que vertebran y hacen madurar su carácter y personalidad, convirtiendo el guión de Hornby en el más redondo de su carrera y más que digno contendiente de esta categoría.

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Phyllis Nagy por Carol

Para la artífice del libreto de Carol la dramaturga Phyllis Nagy (primera nominación) esta es su segunda incursión en el mundo audiovisual, tras el telefilme Mrs Harris que también dirigió. Nagis conocía de primera mano las quejas de Patricia Highsmith sobre las películas basadas en sus novelas, puesto que le unía con ella una amistad que se prolongó a lo largo de la última década de la vida de la gran escritora estadounidense, a pesar de que El precio de la sal, novela en la que se basa Carol, es la única no policiaca de su bibliografía. Y aunque no es policiaca, sí que hay en ella, y por extensión en Carol, algunos elementos en común con sus novelas negras: en este caso el crimen es el amor en tiempos en los que una relación como la que cuenta es ilegal, y como en el caso de Ripley, sus protagonistas actúan impulsadas por sus deseos. Una relación que además tampoco tenía referentes públicos en los que basarse para poder darle forma y contarla, para la que no existen palabras, por lo que donde Highsmith recurría al monólogo interior, Nagis se refugia en un conjunto de gestos y detalles que construyen ese amor, en medio de situaciones y conversaciones cotidianas. Un edificio que se consolida y se hace evidente para el resto de su mundo tras un viaje en coche, un viaje al final del cual ninguna de las dos es la que lo inició. Ambas son más fuertes y más libres y ambas sienten el impulso y la necesidad de cambiar sus vidas en un ambiente hostil. El protagonismo fluctúa de Therese a Carol, cuando aquella ya ha cambiado y se muestra más decidida y sofisticada, tanto que no encuentra su sitio en el ambiente que le rodeaba antes del viaje. El objeto de su amor pasa a ser también sujeto y a actuar según sus emociones y deseos, a tomar las riendas, renunciar y enfrentarse con su vida pasada para poder materializarlos. Y el resultado, favorecido por el resto de elementos (fotografía, vestuario, dirección artística y música, y la magistral dirección de Tood Haynes) es tan apabullante que sería una gratísima sorpresa que su carrera culminara con una victoria el día 29.

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Drew Goddard por Marte (The Martian)

Drew Goddard (primera nominación) es también primerizo en los Oscar, pero su carrera como guionista ha tenido ya grandes hitos, sobre todo en sus colaboraciones con Josh Whedon (Buffy, cazavampiros, La cabaña del bosque) y J.J.Abrams (Alias, Perdidos). En esta ocasión se le encargó escribir el libreto sobre una prolija novela de ciencia-ficción de Andy Weir, antes incluso de que esta fuese publicada como libro en papel (había aparecido por entregas en el blog del autor, en e-book y en audiolibro) y mucho antes de que Ridley Scott fuera fichado para dirigirla, por lo que las restricciones fueron mínimas. Uno de los primeros retos era condensar todo lo que sucede, con un objetivo para cada secuencia: había que meter en ella ciencia en su versión más humana, explicar al público lo que sucedía, hacerlo entretenido y preparar la secuencia siguiente. Mark Watney, el personaje de Matt Damon, decide que el hecho de estar atrapado en la base espacial no va a hacerle caer en la desesperación y que va a continuar con su vida, haciendo lo posible por conservar su optimismo, sobrevivir y por que le devuelvan a la tierra, y a la vez relatando lo que hace por si no lo logra, que los que lleguen allí sepan lo que ha sucedido. Watney usa el humor para mantener su optimismo, pero eso no esconde la desesperación, que surge en algunos momentos (los más silenciosos) de la película. Y todo ello a la vez que en el “ground control”, la NASA, una empresa que se preocupa por sus negocios y sus relaciones públicas, se plantean cómo se puede hacer para recuperar al astronauta abandonado en el espacio. La épica de la película tiene dos vertientes por tanto: que Watley se mantenga sano y salvo y que le logren rescatar, un material que en manos de Ridley Scott se convierte en oro.

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Emma Donoghue por La habitación

El guión que completa el quinteto de nominados es la adaptación que hace Emma Donoghue (primera nominación) de su propia novela, que fue finalista del premio Booker  en 2010. Una mujer joven y su hijo viven encerrados en una habitación, que constituye su universo, un universo construido desde el punto de vista del niño y de las historias que la madre le cuenta sobre el mundo exterior. El guión deja fuera los temas de exclusión social y de la vida en los márgenes de la sociedad y sacrifica la intensidad emocional existente en la novela, y también el eco de historia de terror que pudiera tener, para centrarse en la relación madre-hijo y en cómo el espíritu humano es capaz de trascender los límites físicos y hallar la libertad interior en medio del enclaustramiento exterior más atroz. En colaboración con elementos como la música, el guión se centra en crear un ambiente doméstico amable en lugar de la claustrofobia del encierro, encontrando al final un equilibrio entre lo horroroso de las circunstancias y la atmósfera confortable y protectora que crea la madre que es de lo más brillante de la película, interpretaciones de Brie Larson y Jacob Tremblay aparte.

Ganará: Charles Randolph y Adam McKay por La gran apuesta
Debería ganar: Phyllis Nagy por Carol
Molaría que ganara: Phyllis Nagy por Carol