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Las sectas religiosas siempre han sido objeto cinematográfico, y la sumisión a un líder único no deja de fascinar tanto desde el punto de vista narrativo como estético por su poder evocador. La película The Other Lamb, una coproducción entre Irlanda, Polonia y Bélgica, dirigida por la polaca Malgorzata Szumowska, se centra en una secta religiosa compuesta por mujeres, el Rebaño, alrededor de un solo líder, al que llaman Pastor. Todos ellos viven en un bosque, aislados completamente de la civilización, y siguiendo una serie de ritos de raíz evidentemente cristiana pero que pronto se revelan como vía para la explotación sexual de las mujeres por parte del Pastor. Selah, una de las más jóvenes (las Hijas), empieza a cuestionar el papel del líder y a temer su poder, hasta que un desahucio les obliga a abandonar sus casas e iniciar un peregrinaje que es el que le revela los fallos y la crueldad del Pastor, algo que acucia en ella la necesidad de rebelarse. El verdadero atractivo de la película no es la historia, que suena a un poco ya vista, sino la forma que Szumowska elige para contarla, que es un tono que lo aleja del terror, y que pasa del naturalismo poético a la fábula con mucha facilidad. Se basa para ello en la construcción de poderosas imágenes tanto de los ritos como de la vida diaria, con las mujeres vestidas igual en colores opuestos (las Hijas de rojo, las Madres de azul), con una fría luz otoñal y rostros blancos, con especial importancia de las miradas y los ojos. Sobre todo los de la protagonista Selah, la poderosa Raffey Cassidy, a través de los cuales el espectador experimenta su sufrimiento y hasta casi ve su interior. Puede que la película no tenga más trascendencia desde el punto de vista narrativo, ni profundice demasiado en los temas que plantea, pero como objeto estético es irreprochable y de una belleza sobrecogedora.

Eso es lo que quisiera conseguir la chileno-argentina Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, dirigida por José Luis Torres Leiva, que bajo el impresionante título que toma prestado de un poema de Cesare Pavese esconde la nada más absoluta. Y eso que tiene tema para explorar. Una pareja de mujeres que llevan toda la vida juntas han de enfrentarse a la enfermedad terminal de una de ellas. Las escenas de la vida cotidiana se trufan con historias que tienen que ver con su pasado y que le cuenta la una a la otra, pero a través de planos interminables, repetitivos e intrascendentes. Hubo parte del público que quiso hacer una lectura política, pero lo cierto es que hasta el momento ha sido la película de la Sección Oficial que más abandonos ha provocado en su primera proyección.

El sábado nos llegó la sorprendente noticia de que Zeroville, la última película de James Franco y uno de los platos fuertes del certamen, se sacaba de concurso porque se había estrenado en Rusia. Y casi mejor, porque lo que podría haber sido un homenaje al Séptimo Arte y a la trascendencia de las grandes películas del cine clásico se convierte en una tontería inexplicable y con indudable vocación de cine friqui. Un joven sin oficio ni beneficio que lleva en su cráneo tatuados a Montgomery Cliff y Elizabeth Taylor en Un lugar en el sol llega a Hollywood y empieza a trabajar como montador. En una fiesta conoce a Soledad, una actriz de serie Z, con la que se obsesiona hasta el punto de buscarla en fotogramas de todas las películas que ve.