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Tras la gran decepción de Regresión en el Festival de 2015, Mientras dure la guerra, la última película de Alejandro Amenábar supone en muchos sentidos un reencuentro con el director, con su pulso narrativo, su capacidad para crear secuencias memorables y de hondo calado. No es que la película sea la mejor de su carrera, pero sí es un paso hacia adelante y sobre todo un indicativo de que no todo está perdido.
Tomando como punto de partida los albores del levantamiento militar contra la Segunda República y la llegada de las tropas afines a la ciudad universitaria de Salamanca, Amenábar se centra en la insigne figura de Miguel de Unamuno, por entonces rector de la Universidad, y su controvertido posicionamiento a favor del alzamiento. Unamuno, ya viejo, se deja halagar primero para ir pasando, a medida que se precipitan los acontecimientos y se hace patente la persecución y asesinato de intelectuales republicanos, a una oposición dolorosa y cansada que culmina con un famoso discurso el llamado Día de la Raza frente a un público volcado con Franco que le hace salir temiendo por su vida.

Amenábar se esfuerza, a menudo demasiado en resultar didáctico y en dejar claros los paralelismos con la situación actual en España, y a eso le ayuda la magistral interpretación de Karra Elejalde como Unamuno, como un viejo profesor gruñón, de costumbres inquebrantables que se siente visiblemente superado por la situación, inexplicable desde el punto de vista que él domina, que es el intelectual, y de un plantel de secundarios a la altura. Resulta llamativa e inquietante la composición que hace Eduard Fernández del General Millán Astray, que va derivando en paródico a medida que el discurso de odio y venganza se radicaliza y quedan claras las posiciones de los sublevados. Franco es un ser insignificante con vocecilla atiplada bien interpretado por el desconocido Santi Prego, que parece tomar como referencia para su trabajo una frase que dice un general alemán al principio de la cinta: “A veces me da la impresión de que Franco no se entera de nada”. Dignas de mención son las apariciones de Tito Valverde como General Cavanelles y Patricia López e Inma Cuevas como hijas del escritor, que dan profundidad emocional a las escenas familiares.

Mientras dure la guerra es una gran producción con un punto de vista sobre el alzamiento original y atrevida y una pretensión de trascender como análisis del tiempo en que vivimos, aunque no termine de lograrlo del todo. La música del propio Amenábar, demasiado enfática en algunos momentos, lastra algunas escenas en las que la emoción ha de llegar vía intelecto, pero la fotografía de Álex Catalán se engrandece en los claroscuros y en los primeros planos, en las secuencias que requieren mayor intimidad.

En esta segunda jornada también se ha presentado Proxima, de la directora francesa Alice Winocour, un drama íntimo de una mujer que se ha preparado toda la vida para ser astronauta, una oportunidad que por fin le llega cuando su hija, de unos seis años, más la necesita. La película, con factura algo convencional, se centra en la peripecia emocional de Sarah (interpretada con rigor y sensibilidad por Eva Green), que ha de pasar del apego hacia su hija al desapego al que ha de aferrarse para poder soportar los seis meses que va a durar su misión en la estación espacial. El enfrentamiento entre la vida familiar y los sueños y los duros entrenamientos que se requieren para conseguirlos es el valor principal de esta cinta que está a punto de caer en el precipicio de lo sensiblero, pero que se salva gracias a una puesta en escena sobria con magistral música de Ryuichi Sakamoto.

También se ha podido ver la película china La Mu Yu Ga Bei (Lhamo and Skalbe), la historia de dos jóvenes tibetanos que quieren casarse, él para poder hacer algo de lo que se sienta orgulloso su anciando padre antes de morir, ella para dar una familia y estabilidad para su hijo. La película, que se alarga en misteriosos planos y en crípticas referencias a antiguas tradiciones del país del Himalaya, es una reflexión sobre la imposibilidad de avanzar cuando se arrastran mochilas que ni siquiera tú mismo sabías que llevabas.