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El cineasta español se ha cansado de las malas críticas con su película, Los abrazos rotos, y después del apoyo de la crítica francesa (que no del Jurado de Cannes) se siente crecido para cargar contra Carlos Boyero, su principal enemigo y crítico en El país, un periódico al que sus filmes siempre solían referir. En su blog personal, Pedro dedica una larga crónica a desmontar los argumentos de Boyero (al que califica de “macarra”) y de “su ilustre colega-escudero”, Borja Hermoso.

El director empieza justificando uno de los titulares de El país en la que se decía que en Francia le estimaban más que en España. “Cuando afirmaba que en Francia me tratan mejor que aquí no quería generalizar, pero Borja Hermoso se encargó de distorsionar mis palabras. Yo estaba respondiendo a la pregunta de un periodista español, testigo impresionado de la buena reacción de la prensa internacional ante mi película. No estaba haciendo una declaración de principios, respondía lo obvio (Francia es el lugar donde más dinero dan mis películas, aunque estén mayoritariamente subtituladas) pero sin acritud con nuestro país y el modo en que se me trata aquí.”

Respecto al día del estreno en el que Boyero, a través de una retransmisión en diferido por móvil, dijo que no pensaba volver a ver Los abrazos rotos porque no era masoquista, Almodóvar dice que “A mí me importa un comino si Boyero es o no masoquista, si tiene un testículo o cuatro, o la marca de crema hidratante que utiliza. Ya que le pagan para que informe de las películas que compiten en el festival.” Replica además que “el problema es que Boyero no escribió una crítica de “Los abrazos rotos”. Al texto que esbozó en su periódico se le puede calificar de cualquier cosa excepto de crítica cinematográfica. Un hombre que emplea el 75 por ciento del espacio para despotricar sobre mi persona (lo que ni siquiera es una novedad, porque lleva casi treinta años haciéndolo), y alrededor del 25 por ciento para despachar la película diciendo cosas como que la interpretación de los actores es “inane y lamentable” (dos de sus adjetivos favoritos) sin mostrar un sólo ejemplo que nos ayude a entenderle… Un texto en el que casi no habla de la película y por supuesto no aporta la más mínima razón en la que basar el tedio infinito que le provoca… Un texto así no es una crítica”.

Borja Hermoso, el escudero de Boyero en Cannes, tampoco sale bien parado a las críticas del manchego. “Es curioso que Borja Hermoso sólo haya permanecido en Cannes los cuatro días, más o menos, que han coincidido con mi estancia allí….(…) Compró los periódicos y los leyó hasta encontrar los comentarios más negativos sobre mi película, y alguno encontró. Por supuesto. Y esos son los que sacó en su blog del modo más tendencioso.” Para humillar aún más al periodista coge su crónica sobre la película de El país, y la disecciona para demostrar que Borja Hermoso sólo cogió las citas negativas de cada periódico obviando las buenas para justificar una reacción negativa unánime de la crítica. “Afortunadamente. Pero si yo represento al director ciego, Borja Hermoso representa a un mediocre aprendiz del villano de la película. Un hombre, el personaje que interpreta José Luis Gómez, que no duda en escoger las peores tomas de Chicas y maletas impulsado por los celos y la falta de escrúpulos, para reducir la película a escombros. Él no lo consigue. Y con respecto a mí, Borja Hermoso sólo se ha puesto en evidencia.”

También lleva su enfado a las más altas cotas del periódico. “Pero dada la connivencia de ambos sujetos la dirección de El País carga con toda la responsabilidad…(…) Yo había llamado esa misma tarde al director de su periódico para quejarme, no conseguí hablar con él pero me encargué de que su secretaria le dijera que iba a escribir algo sobre este maldito asunto. Hubiera preferido escribirlo entonces, en caliente, y no a vuelapluma, pero no he podido hacerlo hasta ahora”.

Almodóvar nos retrotrae al 2004 para hacernos ver que esta situación no es nueva. “En el año 2004 los hechos ocurrieron casi del mismo modo que ahora, en el mismo marco incomparable, sobre las mismas alfombras rojas y en las mismas circunstancias. La gran diferencia era que Boyero y su colega trabajaban para El Mundo, y el crítico de El País, era el siempre recordado y añorado Ángel Fernández Santos. Y claro, no hay color…(…) Aquel año La mala educación había sido elegida para abrir el festival. Era la primera vez que una película española disfrutaba de semejante distinción….(…) Yo no pensaba en mí. Pensaba en Borau, en Jaime Chávarri, en Gutiérrez Aragón, en Luis Buñuel, en Jaime de Armiñán, en Alex de la Iglesia, en Agustí Villaronga, en Gonzalo Suárez, en Carlos Saura, en Díaz Yanes, en Enrique Urbizu, en Vicente Aranda, etc., en todos los directores que habían trabajado con alguna de las cinco actrices españolas que tan bien nos representaban a todos”.

Almodóvar recupera la crítica de Boyero para El mundo, de ese año, y la contrasta con la de Ángel Fernández Santos. “A diferencia del actual crítico, que por no buscar otras opiniones no fue ni siquiera a la proyección de la película, Ángel Fernández Santos, además de cumplir con la crónica del estreno del día, Shrek, le sobró tiempo para darse una vuelta por los kioskos y comprar los periódicos, leerlos y enterarse de lo que entrañaba aquel perplejo silencio del día anterior”, el de la prensa ante la proyección de La mala educación.

Con respecto a la carrera de Los abrazos rotos por la Palma de Oro, “mi película del 2009 era la segunda en la consideración de los críticos, después de Un prophète de Jacques Audiard, favorita absoluta de este año, y ganadora del Gran Premio Especial del Jurado. La ganadora de la Palma de Oro estaba sensiblemente menos considerada que las nuestras.” Hasta se permite comentar la reciente ganadora de Haneke. “Casualmente, El Lazo blanco de Michael Haneke es una de las pocas películas que pude ver y reconozco que yo también le habría dado la Palma. Creo que es una obra maestra, que impulsa a una larga e inédita reflexión sobre uno de los grandes males del siglo pasado, el nazismo.”

Almodóvar concluye su larguísimo enfado con una reflexión dirigida a la dirección del periódico. “¿es posible que el diario El País no encuentre a nadie mejor para enviar al festival de Cannes, el festival de cine más importante del mundo? Alguien que ame de verdad el cine, que no se queje de los horarios ni de los camareros franceses, que se excite ante la mera posibilidad de poder ver la última película de Coppola, de Tarantino, Jane Campion, Resnais, Park Chan-Wook, Ang Lee, Haneke, Lars Von Trier, etc., aunque alguna le decepcione, por supuesto. Alguien que disfrute viendo antes que ningún otro cinéfilo las películas de la próxima temporada, que en algunos casos ni siquiera llegarán a nuestras pantallas. Alguien que no reconozca que es subjetivo y prejuicioso (Boyero, dixit). Alguien que si bien no debe estar obligado a hablar bien de las películas de su país, al menos no debería esforzarse denodadamente por hundirlas.

Alguien capaz de ver hasta el final la última película de Abbas Kiarostami (en el último Festival de Cine de Venecia, Boyero tuvo el cinismo de reconocer que no llegó a ver entera la película del director iraní, que se salió antes, sin que ello le impidiera escribir la crítica. Que nadie me venga diciendo que esto es libertad de expresión. Con razón, aquella hazaña mereció la sanción de varios intelectuales, encabezados por el nada sospechoso Víctor Erice, para el cual el gesto del crítico fue un verdadero insulto). Alguien que diga la verdad de lo que ve, de lo que oye, de lo que lee. Es muy sencillo, alguien que disfrute viendo cine y no machacando todo aquello que no es sino la proyección de sus propios fantasmas. Y si sabe adjetivar y no hace gala de un estilo literario macarra y amarillista, pues mucho mejor.

Por último, reconoce que “esta ha sido la crónica más desagradable que he escrito en mi vida” y razona sus motivos y expectativas de tal escrito: “No pretendo que nadie me apoye, ni me conteste. El mío es un gesto aislado, personal y privado, aunque desgraciadamente lo que antes he descrito afecta a todas las personas que han trabajado conmigo.  Con esto no inicio un diálogo, mucho menos pretendo crear polémica. He permanecido mucho tiempo callado y estoy harto. Vivimos en un país libre. Los críticos y los periodistas no son intocables. Ningún ciudadano debe serlo.” A modo de post-data en forma de listado de datos, apunta que Los abrazos rotos “ha sido la segunda película más vista en París, compitiendo con algunos blockbusters americanos y un estreno local muy esperado.”