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El gremio de compositores ha decidido a última hora considerar inelegible la partitura de Randy Newman para Tiana y el sapo, pese a haber pasado el primer corte oficial, según informa Steve Pond. Al parecer han esgrimido una de las normas que alude a que las partituras que contengan referencias a canciones u otra música preexistente. Justo la misma norma que olvidaron con Babel, hace tres años, y con Slumdog Millionaire el año pasado.

La decisión no podía ser más polémica. Hace unos días se filtraban las partituras elegibles con grandes omisiones como las de Donde viven los monstruos, The lovely bones o todas las del músico Bryan Tyler. El año pasado hicieron un amago de expulsar a El caballero oscuro de la carrera con la mera excusa de que era una colaboración entre dos compositores y no uno, decisión que tuvo que ser rectificada, aunque finalmente se salieron con la suya y no fue finalista al Oscar. Mucho no pudieron descalificar, porque la partitura que querían que ganara desobedecía claramente la mitad de las normas, entiéndase, la recopilación de canciones de A.R. Rahman para Slumdog Millionaire.

Este año el gremio de músicos ha vuelto a la carga y han decidido descalificar a Harry Potter y el misterio del príncipe, de Nicholas Hooper, por basarse en material prexistente cuando es mentira. Toda la partitura es original y no hay resquicio para el plagio o el autoplagio. Una lógica que contrasta, por ejemplo, con el Avatar de James Horner, que sí contiene referencias explícitas a otras partituras del músico y que está pasando todos los cortes sin ningún problema. Ahora le ha tocado el turno a uno de los (hasta ahora) favoritos del gremio, Randy Newman. ¿La razón? La partitura contiene referencias a las mismas canciones de la película, algo que es mentira, ya que como dijimos aquí, Randy Newman se ha cuidado mucho de hacer un score diferente. Tan sólo incluye dos pequeñitas referencias a dos temas, imperceptibles en una composición de tres cuartos de hora. Una norma que no aplicaron el año pasado con las evidentes faltas al reglamento del soundtrack de Slumdog Millionaire, que ni siquiera era una partitura. Con el reglamento en mano, Randy Newman pasaría junto a Karen O a competir por el Oscar a la mejor partitura de canciones, que, por falta evidente de candidaturas, nunca se entrega.

El gremio de músicos, y su presidente Christopher Gordon como principal responsable, deberían responder sobre su voluble e inexplicable actitud. La evidente hipocresía en la aplicación de las normas que se obedecen cuando viene en gana, sin duda, está dañando seriamente el prestigio de la Academia. Sus decisiones no sólo están confundiendo a la industria, sino que le están haciendo un flaco favor a este oficio. La cuota inexpugnable de descalificaciones se asemeja cada vez más a una estrategia antidemocrática de unos pocos para poder imponer su criterio sobre qué y quiénes son los elegidos en este sector. Un bochornoso legado sobre el que los compositores tendrán que reflexionar si quieren salvarse del oscuro futuro que parece cernirse sobre ellos.

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