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Cuando llegamos al punto de reunión, Nico Casal (1985) e encuentra al piano, su medio natural. Mientras es fotografiado toca una pieza compuesta para el corto nominado al Oscar Stutterer. Una pieza lenta, íntima, sentida.  Una música que le da la oportunidad de acudir a la gala de los Oscar como parte de un equipo todavía en estado de shock por la locura de las últimas semanas, una música que representa su última gran victoria, su último gran paso como compositor, por el momento.

Pregunta: ¿Cómo sienta haber participado en un trabajo reconocido por la Academia de Hollywood?
Respuesta:
Pues todavía asimilándolo. Llevo unas semanas intentando tranquilizarme y asimilarlo un poco. Es como que el mundo se ha vuelto loco. Y como no nos lo esperábamos  y nos pilló muy de sorpresa estamos todavía asimilando. Pero estoy muy, muy contento y muy satisfecho.

P: Para Benjamin Cleary este era su primer trabajo como realizador ¿cómo entro en contacto con el?
R:
Jugando al ping-pong. Vivía muy cerca y teníamos amigos en común y un día jugando al ping-pong se produjo la típica pregunta de “¿a que te dedicas?”, le expliqué que yo hacía música para cine y para cortos y que él estaba terminando el guión para su primer corto. Nos tomamos un café a la mañana siguiente, me habló del corto y me enseñó el guión, que me encantó.

Es un corto que empecé como otros muchos, con muy poco presupuesto. Era más que la historia y el guión me encanto, nos caímos muy bien y nos hicimos amigos al instante. Entonces me metí al proyecto un poco por disfrute, como estábamos todos. No esperábamos nunca nada de esto.  De hecho, cuando grabamos el corto, el miedo que tenía Ben  era que no lo pillasen en ningún festival.

P: Siendo la música un apartado que en muchas ocasiones se lleva a cabo en un proceso de postproducción, ¿ha sido así en este caso o han optado por un método de trabajo diferente?
R:
Yo tuve la suerte de entrar en el proceso con el guión. Yo empecé a componer con el guión y las primeras ideas ya aparecieron ahí.  Es muy raro, es un lujo porque siempre me llegan los proyectos hechos. En este caso, lo que hicimos fue aprovechar. Desde el principio compuse un par de ideas, algunas funcionaron, otras no. Cuando se rodó, Ben ya tenía un par de ideas sobre la música en la cabeza.  Y cuando editamos, hay algunas escenas que se editaron en función de la música. Eso es un lujo, eso nunca pasa. No teníamos un productor que nos metía prisa, era todo muy relajados pues nos pasamos meses haciendo pruebas. No había limites.  Fue una experiencia muy difícil, muy dura, muy larga porque hay mucha música y tiene un papel fundamental.

P: Por los fragmentos que hemos podido escuchar, la composición tiene al piano como elemento central, algo que puede recordar al uso que le da Thomas Newman, en Camino a la Perdición por ejemplo. ¿Cuáles son sus principales referentes a la hora de trabajar? ¿Y fuera del mundo del cine?
R:
Pues no tengo un referente claro.  Es muy complicado contestar a esta pregunta. Me encanta Thomas Newman, Hans Zimmer, John Williams… pero no tengo un compositor que diga este es. Por ejemplo, la banda sonora de Camino a la perdición que citas es de mis preferidas, me encanta.

Como  yo empecé como pianista, hice la carrera de piano clásico, me formé con  compositores clásicos. Así que yo creo que es un poco la combinación de Newman, Zimmer, Williams, Desplat; con los más minimalistas tipo Philipp Glass; y todo mezclado con Chopin, Rachmaninov, la música rusa, los románticos. Supongo que de todo lo que escucho algo se impregnará en mi trabajo.

P: La música ayuda a definir, en este caso, la personalidad de un personaje principal aislado e incomunicado ¿cómo se aportan esos matices? ¿Sobre qué material ha trabajado?
R:
Normalmente depende mucho de largas conversaciones con el director. Muchos cafés y muchas cervezas hablando de que quiere que la música cuente. Y luego como estudié piano, siempre empiezo improvisando. Dos horas buscando lo que quiero y lo que creo que puede funcionar. No es tanto una idea definida, como una sensación que Ben, el director, no me sabe explicar porque no sabe música, pero mi labor es buscar eso  que el director no me sabe decir con palabras. Por eso ha sido uno de los proyectos más bonitos que he hecho hasta ahora.

Es mucha música, tengo mucho espacio. Queríamos hacer algo muy simple porque es un chico solo, muy tímido. No veíamos una orquesta enorme, no veíamos algo rápido. Con poquitas notas jugamos para intentar sacar y ayudar a que se encendiese la historia.

P: Su experiencia como compositor en cortometrajes ya es bastante amplia, aunque sus inicios no fueran dentro de este campo, ¿qué le llamo a adentrarse en el mundo del audiovisual?
R:
Por obligación. Yo tocaba en un grupo de música, con 16 años. Y uno de los del grupo hizo su primer corto. Como yo tocaba el teclado, el piano,  me dijo que le hiciera la música.  Y como me insistió, probé. No estaba planeado. No me llamaban mucho la atención las bandas sonoras en ese momento, ni la parte de imagen.  Pero cuando probé dije ¡uy!. A fin de cuentas me encanta la fotografía, el cine, la imagen… y sin darme cuenta estaba juntando  mis dos pasiones. Y poco a poco, la vida me fue guiando. Acabé piano clásico, y tuve que tomar la decisión y me lancé al cine. En 2011 me fui a Londres, a apostar por esto.

P: También ha trabajado en el mundo del largometraje. ¿qué experiencia le ha resultado más gratificante?
R:
Depende mucho de cada proyecto. Por mi experiencia en los largometrajes no tengo tanta libertad y, sobre todo, no tengo tanto tiempo. Sobre todo en este caso que es corto de colegas y de barrio, sin un productor, aún se nota más la diferencia y se le puede dar más vueltas. Este corto ha sido de lo más gratificante porque me lo ha dado todo, la verdad.

P: Esta es una producción británica y la mayor parte de sus trabajos han sido realizados en el extranjero, ¿decisión personal o falta de oportunidades en el panorama cinematográfico español?
R:
Podemos decir que fue un 50-50.  Yo tenía 25 o 26 años, llevaba años además con la idea de irme. A nivel personal quería tener la experiencia. Estaba muy bien en Galicia, quizá demasiado bien, demasiado cómodo. Quería irme y ese era el momento.

A nivel personal quería verme solo: lengua nueva, cultura nueva. A nivel profesional llevaba componiendo muchos años pero de manera muy intuitiva, no tenía formación y no sabía como funcionaba eso en la vida real, en la industria más allá de Galicia. Londres tenía todo, la aventura y la vida nueva, y másters específicos de música para cine que en otros países no los hay. No fue tanto por falta de oportunidades aquí, como por la necesidad de formarme. Después de muchos años haciendo trabajos para amigos, sabía que quería dedicarme a eso en serio. O me voy y me formo, o no llego a ningún lado.

P: Se podría decir que Londres, donde reside, es la gran capital de la música a nivel mundial y a nivel cultural de lo más diversa, ¿está influyendo esto en la variedad de proyectos que asume (largometrajes, cortos, anuncios…)?
R:
Al cien por cien. Londres me pone cerca de todo el mundo. Hace nada, no lo conseguí, pero estuve a punto de poner música a un anuncio para la televisión pública sueca, pero la producción se hacía en Londres. Londres es muy difícil, es muy competitivo pero si entro me pone cerca de todo.

P: Poniéndonos especulativos, ¿qué espera de los próximos años? ¿Hacia dónde le gustaría dirigir su carrera?
R:
Futuro. Pues espero que esto sea el comienzo de una etapa nueva. Mi idea es seguir disfrutando de lo que hago, seguir trabajando mucho y seguir contando con proyectos interesantes, aprendiendo de cada uno. En la radio me preguntaban si quería componer con una orquesta sinfónica para una peli, pues claro que quiero, pero ahora mismo no, necesito tiempo. Yo espero que esto sea lo que me ayude a abrirme más puertas y a mejorar.

P: Por último y volviendo a la gran noche, ¿cómo va a vivir la gala?
R:
La noche de los Oscar pues no lo se. En nuestra categoría me temblarán las piernas irremediablemente. He dormido fatal toda la semana así que…