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Un año muy irregular en cuanto a telefilmes y miniseries que ha llevado a dos productos bien distintos a encabezar la carrera en casi todas las categorías: Game Change lidera y Sherlock le sigue los pasos (aunque no muy cerca). Casi todo el resto, productos mediocres que no habrían pasado el corte en otras ocasiones, pero que han llegado hasta aquí quién sabe por qué. En fin, al final la realidad política se impondrá a la maestría y al disfrute, qué se le va a hacer.

20120919 EmmyMiniserie

American Horror Story

El tándem formado por Ryan Murphy y Brad Falchuk pareció proponerse dar una vuelta de tuerca a la ficción de terror con esta serie de casas terroríficas y sus particulares habitantes. Lo que sucede con las vueltas de tuerca es que la rosca se termina pasando, hasta el punto en que la tuerca ya no sirve de nada. Si es que alguna vez sirvió, porque  los tornillos y las tuercas sirven para sujetar cosas y que no se separen, pero esta miniserie parece ser un mero cajón de sastre de todas las referencias al cine de terror que se les pasan por la cabeza a sus creadores (empezando por la sintonía y los títulos de crédito); tanto es así que se puede jugar al Trivial con los colegas a ver quién acierta de dónde han sacado tal o cual cosa. Más allá de la sorpresa inicial y del entretenimiento descerebrado, sólo quedan para el recuerdo un par de personajes y un par de situaciones. Nada más. ¿Y para qué premiar a la nada, entonces?

20120816 EmmyDirGame

Game Change

La favorita de la categoría no podía ser otra que una película centrada en las elecciones presidenciales estadounidenses en un año de primarias. Y en la historia reciente hay pocos casos más interesantes desde el punto de vista político y del dramático que el de la resistible ascensión de Sarah Palin. Supongo que los expertos, sobre todo los republicanos, aún se están dando de cabezazos contra la pared, pero eso a nosotros no nos interesa. Y aunque al espectador de fuera de esas fronteras le quede un poco lejos, se pueden extrapolar tantas conclusiones y establecer tantas semejanzas que el hecho de que exista un telefilme como Game Change ya es de agradecer: un relato de las equivocaciones políticas de una campaña que no se dedica a buscar culpables (aunque los señala con el dedo) sino a indagar en los mecanismos, en los aciertos y los errores que permitieron que sucediese lo que sucedió. No es la favorita de la que firma esto, desde luego, pero es una más que digna ganadora de este Emmy.

20120728 Emmy Paxton

Hatfields & McCoys

Tiene a priori todos los ingredientes para gustar y para ser una buena serie, eso es indudable. Escenarios tan importantes como los personajes, caras muy conocidas y valoradas, interpretaciones notables, el odio inveterado e injustificado entre dos familias, una historia de amor a lo Romeo y Julieta y un ambiente de western muy atractivo y recreado hasta el punto que casi se huelen las hojas humedecidas por la lluvia y se siente el calor de ese rayo de sol que atraviesa los nubarrones. A pesar de ello, no funciona. Y no lo hace porque precisamente convierte todas esas virtudes en sus máximos fallos. La historia pega tantos devaneos que no permite al espectador posicionarse de uno u otro bando; y no es que esto sea necesario por sí mismo, sino que lo es para aguantar los 290 minutos repartidos en tres capítulos, 290 minutos que se alcanzan estirando esa prolijidad de detalles hasta reventar la cuerda de la paciencia del espectador. Y la verdad es que da cierta pena, porque tengo la sensación de que si hubiera ido más al grano, la ministerie de History arrasaría con todos los premios.

20120728 Emmy Owen

Hemingway & Gellhorn

Pocos tótems de la literatura de este siglo son comparables con Hemingway, con una vida tan interesante (o casi más) que su producción literaria, por lo que una biopic sobre él en principio parece apetecible y deseable: algunos la verán buscando cotilleos cuanto más escabrosos mejor, otros atraídos por ese personaje épico que se construyó, como defensor de causas justas y en constante búsqueda de aventuras; otros querrán indagar en la psicología del personaje, descubrir los mecanismos de la creación artística o que les desvelen el misterio de la aparente contradicción entre persona y producción literaria. Pues que nadie se moleste en verla porque no van a encontrar nada, salvo una insulsa historia de amor entre un borracho y una neurótica a lo largo de varios años y por varios países, y una colección de tópicos sobre Hemingway, el mundo literario y los acontecimientos históricos, de la que no se salvan ni las interpretaciones.

20120728 Emmy Elba

Luther

El hombre que mira largo y tendido al abismo corre el peligro de que el abismo le devuelva la mirada. Luther es ese hombre. Moviéndose permanentemente en el filo, después de caer al vacío en la demoledora primera temporada, poco le queda a lo que aferrarse, apenas su trabajo y una asesina amiga-enemiga y algún compañero fiel. Pierde con ello también, pero casi sin remedio, esa historia tremebunda que sostenía la tanda inicial de episodios, quedándose en una serie policiaca al uso con un personaje central que, eso sí, resulta de lo más fascinante. Aun así, Luther se eleva por encima de la media de las series de su tipo, gracias a la eficacia de los guiones, a un actor principal que desprende el magnetismo perfecto, a una ambientación que se adentra en lo más sórdido de la capital del imperio y al juego que se establece entre detective y asesino.

20120728 Emmy Cumberbatch

Sherlock

No sólo es la miniserie que debería alzarse con el premio este año, sino que es uno de los mejores  productos televisivos que ha dado el nuevo siglo. Basándose en las aventuras del legendario detective creado por Arthur Conan Doyle, Steven Moffat, desde un profundo respeto y el más absoluto rigor, propone una actualización del personaje en todos los sentidos: métodos de trabajo, crímenes, víctimas, personajes secundarios, vestimentas, viviendas, etc son los propios de la época de las redes sociales, hasta el punto de que Watson lleva un blog sobre los casos de Holmes. Y lo hace también desde un punto de vista lúdico, un magistral juego de engaños y trampas en el que cae el espectador y hasta el mismísimo Holmes, ser humano, por fin, con debilidades que indudablemente lo hacen más fuerte. Una joya.

Ganará: Game Change
Debería ganar: Sherlock