
Diego Luna era ya una estrella de dimensión planetaria cuando dio su primer paso en la dirección con la prometedora ‘Abel’ (2010), que se estrenó en Sundance y pasó por Un Certain Regard en Cannes. Desde entonces había firmado otras dos películas como realizador, que lograron una acogida bastante más tibia: ‘César Chávez’ (2014) y ‘Mr Pig’ (2016).
Regresa tras la cámara con ‘Ceniza en la boca’, que tuvo su estreno como proyección especial en Cannes y ahora compite en Horizontes Latinos. Más allá de la afinidad de Luna con el festival, esta coproducción hispano-mexicana tiene todo el sentido aquí, pues pertenece al escaso catálogo de títulos que cuentan la España actual desde el punto de vista de los que acaban de llegar. Si México tiene una larga tradición ya de relatar Estados Unidos visto por el migrante, pocas veces hemos visto aún retratar a Madrid y Barcelona con ojos latinos.
Solo con acentos diversos pueden contarse barrios como el de Tetuán en la capital española, pues si hoy están repletos, es gracias a gente que un día llegó, mayoritariamente, desde el otro lado del charco, para ganarse el pan. Y, con o sin acento, sus hijos son ahora los verdaderos nativos. Resulta muy clarificador vernos a través de miradas como la de la protagonista y constatar las distintas maneras de ejercer el privilegio que tenemos los europeos. La cara y la cruz en la película son el personaje de Irene Escolar (una madre estresada que exige 24 horas de dedicación a la canguro de su bebé) y el de Teresa Lozano (una anciana cada vez más dependiente que respira humanidad).
Anna Diaz es la protagonista absoluta de este relato de desarraigo y duelo procedente de la novela de Brenda Navarro y sostiene el film tanto en los escasos momentos de diversión como en la penosa tarea diaria de una repartidora de Glovo. El tercio final, de vuelta a México, nos revela que la condena del migrante es no acabar por pertenecer a ninguno de los dos lados.
Luna firma una sólida propuesta, sin subrayados, ni condescendencia, que destaca por el amplio abanico de personajes femeninos que coloca en un primerísimo término. ‘Ceniza en la boca’ conecta mucho más con su debut como director y supone una invitación a seguir ese camino.


