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Fimucité homenajea a John Williams y Alex North

El concierto de clausura de Fimucité, el Festival Internacional de Cine de Tenerife, celebrado anoche fue un monumental homenaje a dos de los grandes músicos de la historia del cine -y, además, grandes amigos-: Alex North y John Williams. Pero fue, sobre todo, la demostración del sorprendente potencial de la Orquesta Sinfónica de Tenerife, una de las mejores formaciones clásicas del país.

La primera parte del programa, debemos reconocerlo, fue algo irregular. La música de Alex North, a quien se entregó un premio honorífico a título póstumo, es compleja, a veces abstrusa, de acócopes endemoniadas y profundamente líricas. Su gran querencia por el jazz añade, además, complicaciones cuando la interpreta una orquesta sinfónica de corte clásico. La de Tenerife bajo la batuta de Diego Navarro no pudo evitar caer en alguna de las trampas de Viva Zapata, la pieza a apertura del concierto, cuyo complejo sistema de ritmos sincopados nunca llegó a sonar perfectamente pulido. En cambio, los temas de Un tranvía llamado deseo sonaron deliciosos, en particular ‘Affirmation’, su espléndido final. Y la ejecución de Espartaco se quedó a medio camino: espléndido nivel técnico pero algo más corta en lo emocional.

La escueta selección de temas de North -nos quedamos claramente con ganas de más- se cerró con una versión del tema de amor de Espartaco adaptado a la forma de un tango por el propio Diego Navarro. Es un bonito homenaje al compositor cuyo centenario celebramos este año y que forma parte de un disco de variaciones sobre esta misma melodía que Varese Sarabande está a punto de publicar.

La segunda parte fue harina de otro costal: la música de John Williams entra fácilmente por el oído pero interpretarla son palabras mayores. Williams conoce la orquesta como la palma de su mano y exprime al máximo a cada uno de sus instrumentos. Si alguna pieza falla, todo el conjunto se viene abajo. No importa lo popular que resulte la marcha de Indiana Jones que, como te fallen -un poner- los oboes, aquello sonará a rayos. Pues bien, nada de eso ocurrió anoche: la orquesta estuvo brillante y Navarro la llevó con pulso firme y tempo perfecto. Cabe destacar especialmente a la sección de los vientos, que tuvo entradas verdaderamente impresionantes.

El programa fue un recorrido por la colaboración de Williams con Steven Spielberg, centrándose especialmente en su primera época. De la última década sólo se escuchó Múnich, así que se evitó en gran medida la parte más oscura del compositor. Además, se le añadieron los temas de Superman y Harry Potter y tres bises de Star Wars -jaleados por la presencia de Darth Vader y sus guardias imperiales-. Todos sonaron rotundos, majestuosos, llenos. Como reflexión final, más que como crítica, cabe comentar que dos horas de fanfarrias puede resultar algo cansado. En la selección de temas había tantos highlights que no quedaban casi huecos para recomponerse y ofrecer algún respiro con pasajes más sosegados y recogidos. No todo en John Williams son trompetas, aunque las suyas suenan como las de la Corte Celestial.