Ken Loach da más de lo mismo en 'Route Irish'

La jornada competitiva de ayer en Cannes quedó un poco ensombrecida por la visita de Mick Jagger para presentar el documental sobre los Rolling Stones y por la proyección fuera de concurso de Carlos, miniserie de cinco horas sobre el terrorista venezolano. Tampoco ayudaron las cintas del día: una obra menor de Ken Loach, un drama intimista del japonés Lee Chang-dong y una rareza del ucraniano Serguéi Loznista.

El País, Carlos Boyero
Claroscuros de un profesional del gatillo

Carlos
Resulta diáfano que Assayas siente mucho respeto por la energía, la imaginación, el determinismo, la capacidad organizativa y la frialdad para la acción de un hombre que se consideraba un soldado de la revolución, que se convirtió para muchos Estados en el principal enemigo público, en el cerebro y ejecutor de un terrorismo tan audaz como efectivo. Esta película no posee la complejidad ni el arte que volcó Steven Spielberg en Múnich abordando una temática similar, pero logra algo tan meritorio como que te atrape sin que te agobie su duración.

Route Irish
Se desarrolla en Liverpool, pero su tema es la infame guerra de Irak. Cuenta la investigación que hace un antiguo miembro de los servicios secretos ingleses sobre la muerte en Bagdad de un íntimo amigo que trabajaba como agente de seguridad en una de las muchas empresas privadas que están haciendo siniestros negocios en un país devastado. La trama es creíble y las conclusiones dan mucho miedo.

El Mundo, Luis Martínez
Poco Loach para tanta vileza

La película de Ken Loach es, en sentido estricto, lo que se espera de una película de Ken Loach. Cine comprometido, frontal y lanzado a la cara del espectador (…). Toda la propuesta, con espíritu y maneras de ‘thriller’, circula a rastras, con torpeza, por un cuento moral demasiado obvio para ser moral; y demasiado moral para ser cuento. La trama, el armazón al que cosen las tribulaciones de los personajes, apenas deja sitio a la sorpresa, la emoción. Los papeles están distribuidos desde el principio y así, sin culpa ni redención, todos cargan con su penitencia hasta el final (…). Definitivamente, se antoja una obra menor.

Abc, Oti R. Marchante
Ken Loach se lleva Irak a Liverpool

Route Irish
No pierde ni un segundo Loach en establecer el campo: los malos son los que son, aunque el tono dramático se va imponiendo al bélico e incluso al ideológico, y los remordimientos del ex soldado y su propia suciedad se vierten por cada sinuosa curva de la trama. Hay un cierto uso obsceno del material de archivo, con imágenes de niños destrozados por la guerra, y una reflexión global demasiado obvia sobre causas y efectos, pero en general la intriga mantiene el nervio hasta un desenlace envuelto y con lacito.

Poetry
La coreana Poetry tenía un mucho mejor armazón, y además con una actriz que le va a complicar algo las cosas a Juliette Binoche y su casi ganado premio de interpretación con la película de Kiarostami. Se llama Yun Junghee y es una legendaria actriz coreana ya retirada (…). Lee Chang-dong, el director, mezcla con sabiduría esos dos humores, el de la búsqueda de lo bello para construir poesía y del encuentro con lo más rastrero y miserable del ser humano mediante el drama de una chiquilla que se suicida porque era sistemáticamente violada en el colegio de su nieto. Poesía de pie quebrado.

My Joy
(La película) era tan difícil de seguir como la mano de un trilero: tras un arranque de camión y camionero, va hilando historias por la dispar geografía de Ucrania con la intención, al parecer, de ofrecernos un fresco de la realidad actual de su país, y lo mismo ensarta un cuento de la segunda guerra mundial, que una escena policíaca como de los Coen o una fantasía con marciano. Y sí, aunque uno no se entere de casi nada, lo que queda claro es que la realidad social de allí no da como para ir corriendo de vacaciones.