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Hay que ver cómo les gusta a estos franceses manifestarse en contra de una película. Esta vez la “culpa” la tiene el director Rachid Bouchareb y su Hors de loi, que trata la guerra de la independencia de Argelia, y en concreto, seis de los 137 minutos que dura, que relatan la “masacre de Setif”. Meses de manifestaciones de todo signo han culminado en medidas de seguridad dignas de una conferencia de la ONU. La otra película a concurso fue la tailandesa y muy esperada El tío Boonmee, que puede recordar sus vidas anteriores, del director Apichatpong Weerasethakul, ya de culto tras su paso por varios festivales europeos. La cinta ha provocado las reacciones más diversas entre los críticos, desde el bostezo a la fascinación, no sé si demasiado sincera.

El País, Carlos Boyero
Vigoroso y complejo relato del FLN argelino

Fuera de la ley
“(…) tal vez no posea la profundidad analítica ni el escalofriante tono documental de La batalla de Argel, pero es una muy buena película de acción. También una visión realista, poderosa y compleja de las razones de los sublevados para jugarse la vida por la libertad de su país. (…) Están muy bien descritos los contrastes de personalidades en esa fraternidad trágica, la fe ciega del militante que siempre está dispuesto al sacrificio propio y ajeno, el sentido de culpa del ejecutor de órdenes sanguinarias, el pragmatismo cínico del que solo cree en la supervivencia propia a cualquier precio. Es una película áspera y magnética, minuciosa en la recreación de la violencia activa y ambiental, en posesión de una atmósfera veraz. Demasiado entretenida para que el jurado la respete y la premie”.

El tío Boonmee, que puede recordar sus vidas anteriores

“(…) otra colitis mental con el venerado y plúmbeo estilo de la casa, algo naíf con pretensiones líricas, complicada de ver (es voluntariamente oscura o estaba desenfocada la proyección) y de oír, pero absolutamente imposible de contar o de entender. La ovación con la que ha sido despedida por el público, éxtasis habitual en los festivales ante todo lo que lleve la firma de este hombre, todavía sigue proporcionándome perplejidad”.

El Mundo, Luis Martínez
La memoria arrasada

Fuera de la ley
“(…) En el silencio de la sala, el resultado, sin embargo, no invita a tanto ruido. La propuesta del director de ‘Días de gloria’, en realidad, no añade una coma a películas con empaque de obras maestras como ‘La batalla de Argel’, de Gillo Pontecorvo. Eso, si se quiere una lectura, digamos, político-social de lo que ocurrió tiempo atrás. Si la idea es centrarse en el rigor de una propuesta con alma de ‘thriller’, cualquier amago de entusiasmo se antoja improcendente. (…) Lo que quizá debería avanzar como una saga familiar de modales operísticos (piénsese en ‘El padrino’), apenas deja que la historia respire entre unos personajes en exceso esquemáticos. Todo es correcto, pero no basta. No molestar a nadie (que no haya polémica, que nadie parezca demasiado malo) es un feo empeño que puede acabar en no interesar a nadie. Ser demasiado igual a uno mismo, en definitiva, no siempre es bueno.

El tío Boonmee, que puede recordar sus vidas anteriores
“El director tailandés ofrece (…) el relato transparente y herido de un hombre que muere. Lo hace en Vietnam, antes Indochina, que como Argelia también fue colonia francófona. Cosas de las casualidades y de los programadores. De repente, el cine se exhibe como un ejercicio radical en el que, literalmente, se inventa una forma de comprender el mundo, cualquiera de ellos. No es cine, es un animal que sangra. La mirada se fractura y ya nada es igual a sí mismo. Es decir, cumplido el registro de los guardas de seguridad, el cine de Apichatpong es cine que se queda fuera del cine. ¿Nos estamos enterando?”

El Periódico, Nando Salvà
Un filme sobre el pasado colonial francés crea polémica en Cannes

Fuera de la ley
“Empeñada en no ofender a nadie, Hors la loi convierte uno de los periodos más fascinantes e insuficientemente documentados de la historia francesa en un mero relato de gángsters. Ni se atreve a llevar a cabo una reconstrucción meticulosa y provocadora en la línea de La batalla de Argel ni muestra la destreza narrativa suficiente para postularse como el tipo de saga familiar épica y shakespeariana que haría a Vito Corleone sentirse como en casa.”

El tío Boonmee, que puede recordar sus vidas pasadas
“Más difícil aún que pronunciar este título sin trabarse es describir la película. Después de todo, que las obras maestras escapan a catalogaciones es algo que el director tailandés Apichatpong Weerasethakul, una de las voces más singulares y geniales del cine moderno, ya había demostrado en Tropical Malady (2004) y Syndromes and a Century (2006). (…) Aquí, penetra en el terreno de la mitología, el folclore y la fantasía –por la cinta transitan fantasmas, peces que practican el cunnilingus a princesas desfiguradas e hijos perdidos transformados en gorilas– para ofrecer nada menos que una elegante y enigmática poesía que abruma por su belleza visual y la exuberancia de sus impenetrables subtextos. Sería bonito que el jurado se atreviera a darle el Gordo.”


ABC
, Oti Rodríguez Marchante
La diálisis fílmica del tailandés Weerasethakul

Fuera de la ley
“Con el pecho inflamado, Bouchareb narra todo el proceso de liberación a través de la peripecia de tres hermanos y echa el resto en una puesta en escena lujosa y en un argumento trepidante, en el que, en efecto, los franceses quedan como chupa de dómine, pero los «libertadores» de la patria no quedan mucho mejor, pues los dibuja tan liberados de compasión como cuajados de fanatismo.”

El tío Boonmee, que puede recordar sus vidas pasadas
“Mediante un ritmo sudoroso, la diálisis fílmica y algunas imágenes de belleza hipnótica, Weerasethakul nos cuenta la diálisis renal de su personaje, Oncle Boonmee, y su progresiva comunión con el entorno al que pertenece, y sitúa su viaje hacia su transformación en un terreno en el que la vida y la muerte hablan tranquilamente, y la realidad y sus espejos, pero lo hace y resuelve de un modo naif, sin la precisión o la profundidad de Bergman, aunque sí con parecida ínfula. (…) Hay momentos deslumbrantes, como el cuentecillo de la cascada y la princesa, o la misma escena de dos personajes cogiendo a mano limpia la tabla de un panal ante el mosqueo de las abejas, o ese viaje hacia el interior de la gruta. Otros sinceros pero intelectualmente cándidos, como el de la esponjosidad de las imágenes televisivas”.