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El jurado del Festival de Málaga se ha volcado de forma insólita con 10.000 kilómetros, opera prima del director Carlos Marques-Marcet y de la productora española afincada en Los Ángeles La Panda. Inusitada porque ha reunido las Biznagas a mejor película y director, sin que a penas se deje espacio para destacar a otras de las buenas películas que se han proyectado en la sección oficial. También ha obtenido los premios al mejor guión novel y el de mejor actriz para Natalia Tena, compartido con Elena Anaya por Todos están muertos, cinta que se ha llevado el premio especial del jurado. Y no hay sitio para mucho más.

En uno de los años con más nivel en la competición del Festival de Málaga, el jurado ha tomado la absurda decisión de ignorar a la gran favorita de la prensa, la emotiva La vida inesperada, de Jorge Torregrossa, que se va vengonzosamente de vacío del certamen. Ni el extraordinario trabajo de sus protagonistas, Javier Cámara y Raúl Arévalo; ni su hermoso guión; ni la soberbia música de Federico Jusid y Lucio Godoy. Nadada de nada. Ni las raspas. Sin información de cómo han transcurrido las deliberaciones, suena a veto por parte de algún miembro del jurado.

La otra gran película de esta edición, Carmina y amén tampoco ha salido muy bien parada. Sólo ha sido distinguida como mejor guión y mejor actriz de reparto, pero ni siquiera para María León, sino para Yolanda Ramos, por una intervención muy divertida, sí, pero exenta de la profundidad dramática de su compañera de reparto. Mal pago del Festival de Málaga a Paco León y su familia, que han demostrado su fidelidad al certamen a cambio de muy poco.

Tampoco hay premio para A escondidas, una de las películas más delicadas de esta sección oficial. Ni su sutil dirección, ni el milagro de sus jóvenes intérpretes. La malagueña 321 días en Míchigan se ha llevado el premio del público, seguramente ayudada por su clá y un premio del jurado: mejor actor de reparto, compartido entre los muy acertados Salva Reina y Héctor Medina.

A cambio, entra en el palmarés una película tan fallida como Anochece en la India, que se lleva el premio al mejor actor para Juan Diego a fuerza de veteranía, junto al de montaje. También ha encontrado su espacio la cinta de Claudia Llosa No llores, vuela con la mejor fotografía.

Bien está que la arriesgada Todos están muerto haya logrado varios galardones principales: premio especial del jurado, mejor actriz –aunque Elena Anaya bien hubiera merecido no compartir su Biznaga- y mejor música. Pero nos hubiera gustado ver premiado su guión de filigrana, tan hábil y sugerente.

El triunfo de 10.000 kilómetros es inapelable, por más que a este cromista la película le haya defraudado. La cinta de Carlos Marques-Marcet parte de una buena idea –narrar la historia de un amor que se disuelve en la distancia- y emplea recursos interesantes como basar buena parte de su metraje en conversaciones de Skype. Pero el recorrido dramático de la cinta se consume pronto y se confía a que el espectador rellene los espacios que ella no es capaz de ocupar. Es un cine moderno y necesario, pero no por ello acertado. Un triunfo de esta magnitud no hace ningún favor a una película que no da todo lo que promete.

> Lista completa del palmarés del 17º Festival de Málaga