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13 assassinsEncarando la recta final de Sitges se está echando ya toda la carne en el asador. Una de las películas que más está gustando al público del festival es 13 assassins, un chambara (película de samurais) muy bien rodado que podría darle el premio al mejor director.

En el Japon del siglo XIX un noble déspota aterroriza al pueblo y 13 asesinos son contratados para acabar con él y con su séquito de más de 200 guardaespaldas. Tras un funcional prólogo en el que se nos presenta a los múltiples personajes, la segunda mitad de la película se dedica enteramente a la desigual pelea entre los protagonistas y sus adversarios. Casi 45 minutos de duelos espectaculares que dejan al espectador clavado a su asiento. Lo que falla quizá en 13 assassins es su falta de trascendencia. No es más que una peli de aventuras muy bien hecha, pero que a los fans del género de samurais les parecerá excelente.

También a competición se pudo ver la elegante The housemaid, del coreano Im Sang-soo, remake de un título de los 60 centrado en una criada que entra a trabajar en una familia de clase alta. Algo retorcida y muy sexual, destaca por sus trabajados personajes femeninos y por un tratamiento de la narración muy hitchcockiano. Por encima de la media de lo visto hasta ahora en una mediocre sección oficial.

Porque Monsters, uno de los títulos más esperados del certamen, ha resultado ser una gran decepción. Dirigida por Gareth Edwards, procedente del mundo del documental, es una fallida historia de amor entre un fotógrafo y la hija de su jefe, ambos atrapados en Mexico en medio de una invasión extraterrestre e intentando llegar a la frontera con EE UU. Como cinta de ciencia ficción, apenas se explota el tema de los aliens, a los que no vemos más que en un par de momentos. Pero como película romántica tampoco funciona por culpa de dos personajes con absoluta falta de carisma, con los que es imposible identificarse y sentir ningún tipo de interés por ellos.

Fallida es igualmente la hongkonesa Red nights, dirigida por los franceses Julien Carbon y Laurent Courtiaud. Híbrido entre la mitología oriental y el polar francés, se centra en una femme fatale que usa un veneno para matar y torturar a sus víctimas en unos rituales que aúnan dolor y placer sexual. Errática, no parece centrarse en un personaje concreto y los momentos de terror no consiguen transmitir el malestar buscado.

Ayer la organización del festival nos informaba, a dos días de la lectura del palmarés, y en una jugada que huele muy sospechosa, que dos títulos fuera de concurso pasaban de repente a la Sección Oficial. Una es Uncle Boonmee… (de la que hablaré mañana) y la otra es el notable thriller sueco Easy money. Dirigida con gran pulso por Daniél Espinosa, nos retrata los bajos fondos de Estocolmo de forma dura, pero ágil: prostitutas, traficantes, polis corruptos… No inventa nada en el género pero es un ejercicio muy entretenido proveniente de una filmografía que no nos tiene acostumbrados a tratar el policiaco.

Y para cerrar el día, pudimos ver la pretendida peli polémica del festival: A serbian film, en la que un actor porno retirado recibe, cual Fausto, una tentadora oferta para rodar una nueva película de la que apenas le dan información. Tras una primera hora bastante tediosa en la que no pasa nada, cuando las cartas se descubren la película se torna en una sucesión de imágenes desagradables y gratuítas que, en el fondo, no provocan ningún tipo de reacción en el espectador, al no estar ligadas con ningún tipo de discurso. Soliviantar por soliviantar.