La segunda jornada de la duodécima Muestra Syfy -tras el preestreno de Chappie el jueves por la noche- daba el pistoletazo de salida a uno de los fines de semana más locos de la capital. Tres días de sesión casi continua de cine fantástico y de ciencia-ficción que daban comienzo con la proyección de Housebound, dirigida por el neozelandés Gerard Johnstone.

La cinta, un thriller de terror cargado de tintes cómicos, cuenta la historia de Kylie, una joven rebelde que termina por pagar sus malas costumbres con un arresto domiciliario. Condena que le impedirá escapar de la casa en la que tiene que convivir con su madre, aunque esta esté encantada. Si bien es cierto que Housebound no es la película más terrorífica del año, su alta dosis de comedia macarra hacen las delicias de cualquier fan del género y suponían un más que prometedor comienzo de jornada.

El segundo plato del día era la exagerada -a todos los niveles- Tokyo Tribe. Dirigida por Sion Sono y basada en el manga original de Santa Inoue, cuenta la batalla entre varias de las tribus dominantes de la ciudad de Tokio. La película no solamente es una oda al exceso y un  festival de batallas campales rodadas como si uno estuviera bajo el efecto de estupefacientes, si no que, además, está íntegramente rapeada. Todo un festival para los amantes del absurdo.

Uno de los platos fuertes de la jornada era Burying the ex, cinta del mítico Joe Dante, director de los clásicos del género Piraña o Gremlins y Gremlins 2: La nueva generación. Dante regresaba a la gran pantalla tras firmar la irregular Miedos 3D en 2009, esta vez de la mano de caras conocidas como las de Anton Yelchin (Star Trek, Como locos), Ashley Greene (Crepúsculo) o Alexandra Daddario (True Detective). Este trío protagoniza una comedia sobre lo difícil que es superar a una ex novia y volverse a enamorar, sobre todo cuando tu ex vuelve de la muerte para llevarte con ella y poder estar juntos eternamente. Te guste o no. Dante firma una divertida y autoconsciente cinta que bien merece los aplausos que recibió durante su proyección.

La sesión grande de la Muestra, reservada para las diez de la noche nos traía un título que ha triunfado en los principales festivales de género del país: premio del público en el Festival de Sitges y en la Semana de Terror de San Sebastián, Lo que hacemos en las sombras es una comedia de terror rodada en formato mockumentary que narra la historia de cuatro vampiros de cuatro épocas diferentes que comparten piso en Wellington, Nueva Zelanda.

La cinta, que básicamente presenta un repaso jocoso a todos los clichés sobre los vampiros y el terror aplicados a la rutina diaria con una levísima (y a ratos difusa) línea narrativa, cumple con creces su cometido de hacer las delicias del fan más exigente del género haciendo acopio de sus marcas definitorias y haciendo broma de ello. En definitiva, y como ya se veía venir desde sus premios, una cinta hecha para regocijo del público que ha desatado, como no cabría esperar de otra forma, las risas y los aplausos de todos los asistentes.

Como ya nos tienen acostumbrados desde hace un par de ediciones de la Muestra a esta parte, la sesión golfa del viernes estaba reservada a Hunger Z, un slasher de factura distraída que cuenta la historia de un futuro lejano en el que los zombis plagan la Tierra hasta el punto de haber erradicado a la raza humana casi en su totalidad y crean granjas para cultivarlos reproduciéndolos y criándolos para servir como alimento a los zombis. Una excusa tan válida como cualquier otra para un torrente sin fin de sangre en pantalla.