La segunda jornada de la Muestra Syfy de cine fantástico daba comienzo tras la proyección, un día antes, de la secuela de 300 como película inaugural. Como maestra de ceremonias repite, un año más, la incombustible Leticia Dolera, musa de la muestra y sin la que estos tres días de cine en Callao parecerían no tener sentido.

La tarde comenzaba a primera hora con la proyección de Maniac, largometraje firmado por Franck Khalfoun y protagonizado por Elijah Wood, actor que también protagoniza este año la próxima película de Nacho Vigalondo, Open Windows. Maniac es una película de 2012, pero su falta de distribución en España ha provocado que no se haya podido ver en una sala de cine en nuestro país hasta que la Muestra Syfy lo ha hecho posible. La cinta es un remake de un título original estrenado en 1983, y cuenta la brutal historia de un perturbado asesino en serie que acaba con la vida de varias mujeres y les arranca la cabellera para colocársela a sus maniquíes. El remake de Khalfoun aporta poco al género slasher, y aunque maneja ideas interesantes como una narración casi al completo en primera persona, se apoya durante todo el metraje en tópicos tremendamente manidos como el asesino bipolar con traumas infantiles o las mutilaciones a las que son sometidas sus víctimas. Si bien es cierto que en 1980, durante el auge del slasher norteamericano, pudo haber resultado un largometraje brutal y contundente, más de treinta años más tarde se queda en una buena idea que resulta redundante más allá de su primera media hora.

La segunda película de la jornada ha sido Frankenstein’s Army, una divertidísima locura dirigida por Richard Raapshorst que nos sitúa durante el final de la Segunda Guerra Mundial, justo en el momento en que una tropa de soldados rusos en misión de reconocimiento por la Alemania del sur reciben una señal por radio a través de la cual deciden ir a rescatar a varios camaradas que piden ayuda. Al llegar al pueblo donde se indicaba en el mensaje los soldados se darán de bruces con el laboratorio del doctor Victor Frankenstein, un científico que se ha dedicado a construir lo que estaba llamado a ser el arma nazi definitiva: monstruos medio hombre, medio máquina, construidos a partir de los cuerpos de los soldados caídos en la batalla. Frankenstein’s Army es una delirante cinta que aguanta el ritmo durante sus poco más de 80 minutos de rodaje, desarrollando una historia que, a priori, parece difícil de defender, pero que engancha al espectador y no lo suelta hasta que aparece el rollo de créditos. Sin duda, Frankenstein’s Army es una fuerte contendiente a colocarse el galardón de la película más locamente divertida de la 11º Muestra Syfy.

Tras Frankestein’s Army llegó el turno de We are what we are, un drama familiar que narra la historia de la familia Parker,  una familia con una longeva tradición que tras el fallecimiento de la matriarca de la familia verá como la mayor de sus hijas deberá ocuparse de llevar la comida a la mesa. Un drama con un inicio prometedor que a se va desinflando a medida que avanza y cuyo resultado final es demasiado insulso respecto a las expectativas que se tenía de ella. Y por fin, tras una larga espera, llegaba una de las joyas (quizás la película más esperada por el público) de la muestra: Snowpiercer. La última película de Bong Joon-ho (Mother, 2009) nos sitúa en un mundo post-apocalíptico fruto de un fallido experimento para solucionar el calentamiento global acabó matando a la mayoría de la vida existente en el planeta, los únicos supervivientes fueron los pasajeros del Snowpiercer, un tren que atraviesa el mundo movido por un motor de movimiento eterno. Bong Joon-ho dirige una entretenidísima cinta de acción con gran carga política y social, cuyo único defecto es su extendido metraje que, sin lastrar demasiado la película, hace que no sea de las cintas más redondas del coreano.

Snowpiercer había dejado el listón muy alto y prueba de ello fueron los resoplidos y las caras cansadas durante la proyección de la última película del día: Fresh Meat. Leyendo el argumento de la película (Una pandilla disfuncional de criminales tiene a una familia de clase media maorí como rehenes y descubre demasiado tarde que ellos son caníbales) eran muchos los que esperaban que se convirtiese en una cinta digna del sitio que ocupaba en la programación: la hora donde se sitúan las películas más divertidas. Sin embargo, esta comedia se queda a medio camino entre la autoparodia y el ridículo y, por ahora, se ha ganado el dudoso honor de ser la cinta que más bostezos y caras largas ha puesto en esta edición de la Muestra Syfy.