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La tercera jornada del Festival de San Sebastián nos deja una de las mayores decepciones que se recuerdan en lo que a la participación española se refiere. Autómata, de Gabe Ibáñez, protagonizada y producida por Antonio Banderas, es una cinta retrofuturista que aborda -otra vez- el fascinante tema de la revolución de las máquinas que poco después de despegar se despeña sin remedio merced a un guión lleno de buenas intenciones pero falto de todo lo demás.

Autómata transcurre en un mundo post catástrofe nuclear, en una ciudad-bastión donde los humanos sobreviven hacinados como pueden, aislados de un entorno asfixiante y contaminado. Para mejorar su pobre calidad de vida, han creado robots antropomorfos que ayudan a realizar todo tipo de tareas, desde las más sencillas hasta las más delicadas. Lo único que impide que estos seres cibernéticos desplieguen su extraordinaria inteligencia para imponerse a sus creadores son dos protocolos de su sistema operativo: preservar ala vida humana y no modificarse a sí mismos. Antonio Banderas interpreta a un inspector de la empresa que los fabrica que descubre una falla en el sistema.

El punto de partida es interesante y, durante los primeros minutos, parece funcionar sobre todo gracias a su excelente factura. Pero pronto el castillo de naipes se desmorona. La trama hace aguas por todas partes, las situaciones empiezan a resultar ridículas y el rumbo de la narración se hace errático hasta el infinito. Es doloroso ver un proyecto con ideas, ilusión, dinero y estrellas quedarse en nada tan deprisa. Y difícil de comprender por qué nadie -responsables de la película y organizadores del Festival- someten a esta cinta tan fallida al juicio de un público tan exigente como el de San Sebastián.

En esta misma jornada se presentaba La entrega (The drop), el último trabajo cinematográfico del carismático James Gandolfini antes de su fallecimiento que además cuenta con las interpretaciones de Tom Hardy y Noomi Rapace. La historia, una trama de mafia de barrio reconocible a la perfección (y que se ha utilizado para dar a conocer al público la película) con Gandolfini como elemento indispensable, pronto vira hacia la historia personal entre los personajes de Hardy y Rapace para acabar rematando como una historia de amor en una situación turbulenta.

A pesar de este desconcierto en el género, si es cierto que la propuesta de Michael R. Roskam es una sólida película construida alrededor de tres interpretaciones apabullantes con tres personajes muy carismáticos que entrelazan sus relaciones de manera más que solvente. Muy probablemente no rasque premio, pero no molesta en la sección oficial.

Completa la jornada Una segunda oportunidad, la película de Susanne Bier con Nikolaj Coster-Waldau que usa y abusa de los recursos más inverosímiles para dotara la película de un dramatismo absolutamente desmesurado que crea rechazo e incredulidad a partes iguales. Imposible permanecer indemne a las escandalosas acciones del personaje principal que pasa de desconsolado padre a justiciero de la pornografía sentimental conforme los giros de guión se van sucediendo. Dentro del caos, destaca la interpretación de su sufriente protagonista que, separado de la historia, podría ser el primer firme contendiente a Concha de Plata.

Pablo López / Fernando de Luis-Orueta

Pablo López / Fernando de Luis-Orueta