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20110409LUMETINT1El gran director estadounidense Sidney Lumet acaba de fallecer a los 86 años en su casa de Manhattan a causa de un linfoma. Entre sus más de 50 películas, se encuentran verdaderos clásicos como Doce hombres sin piedad (1957), Serpico (1973), Tarde de perros (1975) o Veredicto final (1982). Su última obra fue Antes de que el diablo sepa que has muerto (2007).

Lumet fue uno de los cineastas más prolíficos de su época, ya que desde su debut en 1957 con Doce hombres sin piedad hizo casi una película al año. Y fue esa misma cinta la que le consolidó en el mundo del cine por su magistral dirección de actores y su vigorosa narrativa. Empezó como director de teatro y fue uno de los primeros directores de televisión que hizo su transición al cine con gran éxito.

Hijo de actores de teatro yiddish, nació en Filadelfia en 1924 y estudió arte dramático desde la infancia hasta la universidad, en Columbia. De hecho, debutó como actor infantil en la radio y en el teatro a los cuatro años, incluso actuó varias veces en Broadway. Su carrera como actor se vio interrumpida por la Segunda Guerra Mundial, durante la cual estuvo alistado en el ejército, en campañas de Birmania e India. A su vuelta de la guerra se implicó en el Actor’s Studio y formó su propia compañía de Off-Broadway.

Después de una época de colaboración como asistente de Yul Brynner, que entonces se dedicaba a la dirección, comenzó su carrera en televisión en 1950, medio en el que dirigió cientos de episodios de series como Danger (1950–1955), Mama (1949–1957), y You Are There (1953–1957), protagonizada por Walter Cronkite, y unas 200 obras de teatro para los programas  Playhouse 90, Kraft Television Theatre y Studio One,

Su primera película fue Doce hombres sin piedad, un sólido drama judicial protagonizado por Henry Fonda y Lee J. Cobb, que se convirtió en un éxito inmediato de crítica y dio pie a unas cuantas adaptaciones de grandes obras contemporáneas al cine,  como Piel de serpiente de Tennessee Williams (en 1959, con Marlon Brando y Joanne Woodward), Panorama desde el puente (en la foto, el director con Jean Sorel) de Arthur Miller (en 1962, con Raf Vallone, Jean Sorel y Maureen Stapleton) y Larga jornada hacia la noche de Eugene O’Neill (en 1962, con Katherine Hepburn ―que fue nominada al Oscar por su interpretación―, Ralph Richardson, Dean Stockwell y Jason Robards; los cuatro actores se llevaron los premios de interpretación en el Festival de Cannes).

Aunque su siguiente película, Punto límite (1964, con Henry Fonda y Walter Matthau), un tenso drama sobre la Guerra Fría, quedó ligeramente eclipsada por ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú  de Stanley Kubrick, que se estrenó un poco antes, El prestamista (1964), sobre un judío superviviente del Holocausto que vive en Nueva York, cosechó gran éxito de crítica y la poderosa interpretación de Rod Steiger en el papel protagonista le valió una nominación al Oscar. A continuación dirigió el drama bélico La colina (1965, con Sean Connery), sobre el trato inhumano a los internos de una prisión militar, Llamada para el muerto (1966, con James Mason, Maximillian Schell y Simone Signoret), a la que siguieron una serie de películas sin excesiva repercusión.

Pero el fabuloso thriller policial Serpico (1973), su primera película sobre la corrupción policial en Nueva York, fue el principio de la etapa más exitosa de su carrera, tanto desde el punto de vista de la crítica como del comercial. Al Pacino, en el papel del título, ganó un Globo de Oro por su interpretación y la película obtuvo dos nominaciones en los Oscar. El éxito se repitió con Asesinato en el Orient Express (1974, con Albert Finney, Lauren Bacall, Sean Connery e Ingrid Bergman), que se llevó seis nominaciones en los Oscar ―sólo Ingrid Bergman se llevo la estatuilla, la tercera de su carrera-. A continuación, llegó una obra maestra como Tarde de perros (1975, con Al Pacino, John Cazale, Charles Durning y Chris Sarandon), que fue nominada a seis Oscar ―se lo llevó el guión de Frank Pierson―; Network, un mundo implacable (1976), sobre el mundo de la televisión, que le valió diez nominaciones en los Oscar (entre las que estaban la de mejor película y mejor director), de las que se materializaron en premio cuatro, a Peter Finch como mejor actor, Faye Dunaway como mejor actriz, Beatrice Straight como mejor actriz secundaria y mejor guión (Paddy Chayefsky); y Equus (1977), adaptación de la obra de Peter Shaffer, con nominaciones en los Oscar para Richard Burton, Peter Firth y el guión de Shaffer.

20110409LUMETINT2En 1981 volvió a la corrupción policial con El príncipe de la ciudad (1973, protagonizada por Treat Williams), que fue nominada al Oscar al mejor guión; y en 1982, a los dramas judiciales con Veredicto final, con Paul Newman, James Mason, Jack Warden y Charlotte Rampling, que recibió cinco nominaciones: mejor película, mejor director, mejor actor principal (un genial Paul Newman), mejor actor secundario (James Mason) y mejor guión (David Mamet).
 
El estreno de Daniel (1983, protagonizada por Timothy Hutton), que Lumet consideraba su mejor película, marcó el comienzo del declive en su reputación hasta el final de su carrera, a pesar de buenas películas como Un lugar en ninguna parte (1988, con Christine Lahti, Judd Hirsch, River Phoenix ―que fue nominado al Oscar―, y Martha Plimpton) o Distrito 34: Corrupción policial (1990, protagonizada por Nick Nolte).
 
Su obra de despedida, Antes de que el diablo sepa que has muerto (2007, con Philip Seymour-Hoffman, Ethan Hawke y Albert Finney), un extraño y potentísimo drama familiar es, no obstante, una de las mejores de su carrera y una de las grandes películas de la última década (en la segunda foto, el director con los dos actores principales). En 2005 recibió el Oscar honorífico por toda su carrera; a pesar de que estuvo nominado en cuatro ocasiones (Doce hombres sin piedad, Network, Tarde de perros y Veredicto final), nunca recibió la estatuilla como mejor director.